Tras los pasos del Cid Campeador (I): por tierras del Ebro y Castellón

Por David Nogales Rincón, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid

           

La ruta discurre por aquellos lugares ligados a la historia y a la memoria literaria del castellano Rodrigo Díaz de Vivar el «Cid Campeador», un caballero a ratos pragmático y oportunista, a ratos movido por su amor y lealtad a su señor, el rey Alfonso VI de León y Castilla, llamado a forjar en vida, a raíz de sus victorias frente a cristianos y musulmanes, el mito de un fiel vasallo y caballero cristiano que nunca había conocido la derrota.

Envuelto en una leyenda que cristaliza hacia el año 1200 en el Cantar de Mío Cid, Rodrigo Díaz de Vivar hubo de nacer en Vivar, a nueve kilómetros de la ciudad de Burgos, hacia 1048-1050, apenas quince años después de la caída del Califato de Córdoba, la cual había dado lugar a un mosaico de pequeñas entidades políticas musulmanas, conocidas como los reinos de taifas, cuya debilidad había situado a al-Ándalus, por primera vez en su historia, a merced de los reinos cristianos del norte.  

Rodrigo, descendiente de los Laínez, de origen leonés, y de los Álvarez, miembros de la alta nobleza castellana, sería lo que se conoce como un infanzón, es decir, un miembro de la baja nobleza castellana. Su crianza junto al infante Sancho, futuro Sancho II de Castilla (1065-1072) y de León (1072), le permitió formar parte, desde temprano, de la corte real. Cuando su señor, el rey Sancho, encontró la muerte en 1072 durante el cerco a la ciudad de Zamora, Rodrigo no dudó en pasar a servir al hermano y antiguo enemigo del difunto monarca: el derrocado rey leonés Alfonso VI, quien tras su deposición en 1072 y tras haberse refugiado en corte del rey taifa de Toledo volvía no solo al trono de León, sino también al de Castilla. Para entonces, el joven Rodrigo ya debía gozar de gran prestigio militar, pues era conocido como el Campeador, es decir, el que sobresale en el campo de batalla. Este prestigio le permitió a Rodrigo no solo casarse con una pariente de Alfonso VI, Jimena Díaz, sino también desempeñar funciones judiciales y diplomáticas en representación del monarca.

La gloria, sin embargo, pronto se marchitaría. En el año 1081, Rodrigo, en un acto de temeridad, atacaba, tras una larga persecución hasta los límites del reino taifa de Toledo, a las tropas musulmanas que habían arremetido contra la fortaleza castellana de Gormaz (Soria). Esta acción, lejos de aumentar el prestigio de Rodrigo a los ojos del rey, comprometía los intereses políticos del monarca, aliado del rey de Toledo. La confianza depositada por Alfonso en el Cid se desvanecía y Rodrigo Díaz de Vivar marchaba por primera vez al exilio, donde se pondría al servicio del rey musulmán de Zaragoza. Allí, durante cinco largos años, Rodrigo pudo consolidar su fama como gran caballero, lo que favoreció que el Campeador finalmente se congraciara con Alfonso VI en 1086. Rodrigo volvía al reino que lo había visto nacer, en un momento de dificultades militares para Castilla tras la derrota del rey en la batalla de Sagrajas, cerca de Badajoz, a manos de los almorávides, pueblo bereber procedente de la actual Marruecos, que había sido llamado a la Península por los reyes de taifas para poder resistir el avance imparable de los cristianos.

Recuperada por el Cid la confianza perdida del monarca, la fortuna quería, sin embargo, que en 1088, fruto probablemente de un malentendido, se produjera una nueva ruptura con el monarca y el consiguiente destierro, al que siguió, tras una breve reconciliación, el tercer y definitivo exilio dos años después. Rodrigo quedaba aislado, abandonado a su suerte y a los embates de la fortuna. Fue allí, sumido probablemente en la soledad y en sus contradicciones, donde el Campeador aceptó su destino: ser cabeza de un principado autónomo e independiente, convertido en un señor de la frontera no muy diferente de aquellos reyezuelos que se habían repartido al-Ándalus tras la descomposición del Califato. Rodrigo, tras establecer inicialmente un protectorado sobre tierras valencianas, culminaba su proyecto político en junio de 1094, con la conquista a los musulmanes de Valencia. A partir de ese momento, se presentaría con el título de Príncipe Rodrigo el Campeador y recibiría probablemente el tratamiento de sídi (mi señor), que pasado el tiempo daría lugar al apelativo de Cid.

Los años que siguieron a la conquista de Valencia no debieron de ser fáciles para el Campeador, sometido a la constante presión militar de los almorávides. Esta presión, lejos de ser un freno a sus ambiciones, le dio la oportunidad al Cid de demostrar su valía, con victorias como las de Cuarte (1094), cerca de la ciudad Valencia, y Bairén (1097), en las proximidades de Gandía (Valencia). Pocos meses después de la última de sus grandes gestas, la conquista de Murviedro, la actual Sagunto (Valencia), moría el 10 de julio de 1099 en Valencia un Cid que rozaba la cincuentena. Ese día comenzaba a tomar cuerpo la leyenda, que ya había acompañado al Cid en vida. Moría el hombre, nacía el mito.

 

RUTA I

La ruta discurre por distintos lugares ligados a la historia y a la memoria literaria del Cid Campeador. La ruta se inicia en Tortosa (Tarragona), la Turtusha islámica, ciudad que en las décadas finales del siglo XI se encontraría bajo control de Mundhir al-Hachib Imad al-Dawla, señor de Lérida, Tortosa y Denia, quien, en alianza con el conde de Barcelona, Berenguer Ramón II, y el rey aragonés, Sancho Ramírez, se convertiría en uno de los principales antagonistas del Cid, continuando por Alcañiz (Teruel), cuyas tierras, hoy dominadas por el castillo-convento de la Orden de Calatrava, serían saqueadas, durante el primer destierro del Campeador, como nos informa el Cantar de Mío Cid, a lo largo de tres días, pasados los cuales Rodrigo Díaz de Vivar regresó hacia Tévar (identificada con La Pobla d’Alcolea, en Castellón), atravesando para ello la comarca turolense del Matarraña, donde podemos visitar el tardío castillo-palacio gótico de Valderrobres (Teruel). La ruta continua hacia Morella (Castellón), propiedad a fines el siglo XI del citado al-Hachib, cuyos alrededores fueron recorridos por el Cid, al menos, en cuatro ocasiones entre los años 1083 y 1091, primero al servicio del rey taifa de Zaragoza y después como caudillo independiente, habiendo llegado a ocupar el Cid, en una de estas ocasiones, la ciudad, aunque sin haber podido tomar el castillo (1086), finalizando la ruta en Peñíscola (Castellón), presidida por el imponente castillo del Papa Luna, representación de la Valencia conquistada por Rodrigo Díaz de Vivar en la superproducción cinematrográfica El Cid (1961), dirigida por el americano Anthony Mann.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Castillo de la Zuda. Parador de Tortosa
  • Castillo de Valderrobres
  • Castillo de los Calatravos. Parador de Alcañiz.
  • Castillo de Morella
  • Castillo de Peñíscola

Esta ruta enlaza con

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Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

Más de dos mil años de historia conforman el patrimonio de Tortosa, ciudad declarada Conjunto Histórico-Artístico. Asentada al paso del río Ebro, ya próximo a la desembocadura y al principio del delta, Tortosa goza del clima y el encanto mediterráneo. El Parador, situado en el impresionante castillo de la Zuda, mira a la ciudad desde lo alto, en un entorno que aúna la belleza monumental con los atractivos de los diferentes enclaves naturales que lo rodean. En el confortable hotel podrás disfrutar de piscina de temporada, un acogedor comedor con ventanales góticos, cómodas habitaciones y magníficas vistas a la ribera del Ebro en su tramo final.

En Tortosa descubrirás una ciudad con encanto especial, la bella Catedral de Santa María, el Barrio Judío, los Jardines del Príncipe con escultura al aire libre del escultor Santiago de Santiago, o los Colegios Reales, forman parte de los preciosos rincones que ofrece. Una ruta a pie o en bici por las murallas y fortificaciones, empezando en el Parador y pasando por las Avanzadas de San Juan , el Paseo de Ronda, la Plaza de la Cinta o el antiguo puente del tren que da inicio a la Vía Verde, supone una magnífica opción para descubrir Tortosa.

Sus calles, el patrimonio histórico y artístico, los paisajes que regala la vega del Ebro, y también su gente, la gastronomía y las fiestas, hacen que la ciudad sea única. Si te acercas a Tortosa durante la segunda quincena de julio vivirás la fiesta del Renacimiento, en la que participan miles de ciudadanos vestidos de época y se suceden espectáculos diarios por las calles, transportándote a la Tortosa de hace más de quinientos años.

 

Conoce el entorno

Tortosa es la capital de la comarca del Bajo Ebro, situada en la provincia de Tarragona, Cataluña (España). Es sede episcopal y constituye un importante centro agrícola, comercial e industrial.

Conserva significativas muestras de arquitectura medieval, renacentista, barroca y modernista. Ha sido declarada conjunto histórico-artístico y algunos de sus edificios, como el castillo de la Suda, son Monumento Nacional.

La segunda quincena de julio Tortosa celebra la Festa del Renaixement, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.

El delta del Ebro, situado a un paso de la ciudad, es la zona húmeda más grande de Cataluña y una de las más importantes de Europa occidental. Declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera.

 

 

 

El castillo-palacio de Valderrobres es una obra gótica construida entre los siglos XIV y XV por iniciativa del arzobispo de Zaragoza, señor feudal del territorio, que lo utilizaba como residencia temporal. Forma pareja con la iglesia parroquial, edificada al mismo tiempo y durante las mismas fases y unida a él a través de un pasadizo que permitía acceder a la tribuna construida sobre la capilla lateral del templo y de ésta, con el interior de la iglesia.

El conjunto castillo-iglesia preside la localidad. Al recinto del castillo se accede a través de dos puertas, una situada frente a los pies de la iglesia y otra ubicada bajo el pasadizo de unión con el templo. Atravesando estas puertas se llega al patio de armas, que estaba amurallado en todo su perímetro.

El castillo es un edificio de planta poligonal irregular y tiene la particularidad de que está edificado en el lugar que ocupaba la cúspide de una colina rocosa, de modo que sus constructores utilizaron la montaña como cantera y, a la vez que vaciaban lo que sería el espacio interior, pudieron construir los muros perimetrales, ganando superficie en cada una de sus tres plantas, hasta la última en cuyo centro emerge la colina rocosa.

En su planta baja destacan la sala de caballerizas y de mozos de cuadra, la sala capitular, la bodega, la mazmorra y el pasadizo que le unía a la iglesia. En la planta noble están la cocina, las despensas, una necesaria, el gran salón de las chimeneas, la biblioteca y las salas privadas del arzobispo. En las plantas superiores se encuentran los almacenes del aceite, las galerías y graneros y por último el paso de ronda flanqueado por almenas, merlones y torreones.

¿Sueñas con parar el tiempo y alojarte en un Castillo que corona un hermoso pueblo lleno de historia y tradición? Convierte tu sueño en realidad viniendo al Parador de Alcañiz. Paisajes únicos, patrimonio arquitectónico, tradición, deporte de aventura, caza, gastronomía… todo empieza aquí.

Este castillo-convento de los siglos XII-XIII conserva la torre del homenaje, el campanario, la sacristía y la parte reconvertida en palacio aragonés. Será un placer para tus sentidos ver sus murales góticos, el sepulcro plateresco, la fachada barroca, y pasear por su plácido jardín.

El turolense pueblo de Alcañiz guarda secretos que no imaginas. Te sorprenderá la belleza de sus subterráneos medievales, la Fuente de los 72 caños o la Lonja Gótica. Este también es lugar para la diversión, el circuito MotorLand Aragón te ofrece una zona deportiva donde practicar autocross, karting o motocross, y disfrutar de competiciones como el Gran Premio de Aragón de Moto GP.

¿Otro plan atractivo? Coge tu bici y desplázate a menos de una hora de distancia del pueblo a la Vía Verde del Val de Zafán. Llegarás a un camino solitario que cruza el Matarraña, río de espectaculares gargantas, y cascadas de ensueño, allí te perderás por las antiguas vías del tren, hoy acondicionadas para la marcha cicloturista o a caballo. Si lo que te interesa es la historia, la provincia de Teruel tiene más de 70 yacimientos de Arte Rupestre levantino, y en Alcañiz también podrás ver muestras de estas expresiones artísticas.

No te vayas de aquí sin que tu paladar conozca el exquisito jamón de la zona, la trufa negra, el aceite de oliva del Bajo Aragón, el azafrán de Jiloca, los dulcestradicionales… Cierra los ojos, respira, relájate, disfruta, porque ésta es una experiencia única.

Alcañiz es la ciudad más mediterránea de Aragón, situada en el centro de la Comarca del Bajo Aragón. 

El río Guadalope riega su ancho término y el Castillo Calatravo, hoy Parador de Turismo situado en la cima del monte Pui-Pinos, se alza  junto con la Iglesia de Santa María La Mayor como un perfil distintivo de la ciudad. 

El Renacimiento fue la edad dorada de Alcañiz, segundo nucleo de importancia de la provincia, siendo el Ayuntamiento de esta época, 

En Alcañiz se celebraron Cortes en la Edad Media, siendo la sesión más importante la que acabó en la firma de la "Concordia de Alcañiz" en 1412, en la que se acordó el prodecimiento a seguir para la elección del Rey de Aragón en el posterior "Compromiso de Caspe" 

Alcañiz es uno de los nueve  pueblos de la Ruta del Tambor y del Bombo 

El castillo es una montaña en medio de un valle.

Controla la comarca de Els Ports, un amplio territorio de más de 1000 km2 que se fijó en la época islámica y que, aproximadamente, es el paisaje que se ve desde la plaza de armas. Es en la época islámica (7-14-1231) cuando el castillo toma el relevo a Lesera, la ciudad iberromana en el actual término del Forcall, como centro de la Comarca. En esta época (1084) es cuando llega a estas tierras El Cid que estaba al servicio del rey  musulmán de Zaragoza.

La importancia del castillo durante la época cristiana viene dada por su situación en el centro geográfico de la Corona de Aragón. Además era el único castillo en manos de la Corona de Aragón en muchos kilómetros a la redonda, ya que en todo el territorio próximo estaba en manos de las órdenes militares. Jaime I el Conquistador ya manifestó que valía tanto como un condado y que sólo podía estar en manos del rey.

Ha pasado por mil vicisitudes e infinidad de guerras. La guerras de la Unión, (s.XV), Las Germanías (XVI), la larguísima y cruel guerra de Sucesión  a la Corona de España(XVIII), la guerra del Francés (XIX) y las tres guerras carlistas siendo la primera (1833-1840) la más significativa. Aquí nos encontramos con la figura del general Cabrera que tuvo al castillo y Morella como un pequeño estado al final de dicha guerra. Después de las tres guerras carlistas el castillo y el Convento de San Francisco están en manos del regimiento de infantería Otumba con 300 soldados hasta 1911 en que abandonan la plaza.

Su historia, por tanto, abarca desde la época neolítica, donde ya había asentamientos, hasta bien entrado el siglo XX. Toda una historia ligada a la historia de España.

Es monumento histórico nacional des del 4 de junio de 1931.

 

 

Los espacios visitables gestionados por la Diputación de Castellón están constituidos por el propio Castillo y el Parque de Artillería, que rodea la fortaleza por su parte marítima. El Castillo fue levantado por los templarios entre 1294 y 1307, cuando la Orden ya estaba a punto de extinguirse.

Estos muros también dieron cobijo a Benedicto XIII “el Papa Luna” que pasó en esta fortaleza sus últimos años, entre 1411 y 1423, transformando el castillo en palacio pontificio y defendiendo su legitimidad como Papa hasta su muerte. Tanto los templarios como el Papa Luna sobrevivieron a su propia tragedia y tienen hoy su lugar en la Historia.

El Parque de Artillería es un área militar, con baterías, túneles y rampas que conectan con la zona marítima.  Los jardines que las rodean fueron realizados en el siglo XX.

En la zona inferior podrán visitar las fortificaciones construidas en tiempos de Felipe II, con el fin de modernizar las defensas del castillo medieval y poder combatir los ataques de la piratería y de la armada turca.  
La zona superior de fortificaciones y jardines, conecta con el castillo medieval y con la zona el faro.

El edificio del faro fue construido a finales del siglo XIX y  en 2017 fue adaptado  como centro de recepción de visitantes. Desde la plaza del faro podrán contemplar  la torre del Papa Luna, siglo XIII, y junto a ella el bastión que protege la entrada construido en tiempos de Carlos I  y las escaleras del Papa Luna. Éstas se hallan en las fortificaciones del este a 45 metros sobre el nivel del mar. 

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