Ruy López Dávalos, un gran noble castellano a inicios del siglo XV (III): un caballero de la frontera

Por David Nogales Rincón, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid

 

En 1369, Enrique, conde de Trastámara, asesinaba a cuchilladas en Montiel (Ciudad Real) a quien había sido, hasta ese instante, su hermanastro y también su rey. De la sangre derramada nacía la dinastía Trastámara, llamada a regir los destinos de la Corona hasta la muerte de Isabel la Católica, en 1504. Aunque durante las dos décadas iniciales de la nueva dinastía los familiares de su fundador, Enrique II (1369-1379), pasaron a integrar la alta nobleza castellana, sin embargo, el reinado de su hijo, Juan I (1379-1390), y especialmente el de su nieto, Enrique III (1390-1406), abrían el camino a una nueva aristocracia, la denominada como nueva nobleza trastamarista, originada en pequeños y medianos linajes, ahora engrandecidos por el rey buscando un apoyo firme y leal a sus proyectos.

La nueva nobleza tendría a uno de sus mejores representantes en Ruy López Dávalos. Su ascenso y caída son un signo de los sinsabores del poder a los que tuvieron que hacer frente estos nuevos aristócratas, cuya estabilidad dependía de la voluntad del rey y de los equilibrios de poder en la corte. Perteneciente a una familia hidalga navarra desplazada a Jaén –por entonces un espacio fronterizo con el emirato nazarí de Granada–, López Dávalos nacía en Úbeda hacia 1360. Desde la frontera, donde actuaría como capitán de las milicias urbanas de Úbeda, Ruy ascendió poco a poco, gracias especialmente a sus gestas militares, hasta alcanzar una posición destacada en la corte de Enrique III a lo largo de la década de 1390, momento en el que consiguió reunir bajo su poder inmensos señoríos, que se extendían por Ávila y Jaén. De forma paralela, amasaba grandes riquezas, que atesoraba en su castillo de Jódar (Jaén), y se convertía en condestable de Castilla, una especie de comandante en jefe del ejército castellano. Hasta tal punto López Dávalos ganaría peso en la corte de Enrique III que el noble Fernán Pérez de Guzmán nos diría, años después, en su obra Generaciones y semblanzas, que «en un tiempo todos los fechos del reino eran en su mano».

Apartado del monarca en el año 1400 porque algunos «mal lo querían», como nos cuenta Pérez de Guzmán, a su vuelta a la corte algunos meses después, López Dávalos se vería poco a poco eclipsado por la vitalidad de las nuevas generaciones y absorbido por el partido que emergía en torno al hermano del rey, Fernando de Antequera, quien se convertiría, a la muerte de Enrique III en 1406, en regente de su sobrino, el rey niño Juan II (1406-1454), y no mucho después, en 1412, en rey de Aragón.

A pesar de su edad, López Dávalos lucharía por volver a la primera línea política, primero, en el entorno de Fernando de Antequera y, después, en el de su hijo, el infante don Enrique de Aragón. Su gran oportunidad llegó finalmente en 1419, cuando casi a los sesenta años de edad se convertía en uno de los ejecutores del golpe de Estado conocido como el Atraco de Tordesillas (Valladolid), que culminaría con el secuestro del joven rey Juan II mientras dormía plácidamente en su palacio. A pesar del éxito inicial de la operación, este ascenso era, sin embargo, el preludio crepuscular de su caída. Tres años después, era acusado falsamente de haber negociado en secreto con el emir de Granada la invasión de Castilla, lo que le obligaría a abandonar el reino, mientras se abría un juicio contra él por los hechos que se habían sucedido desde 1419 en adelante, que concluiría con una sentencia condenatoria en 1423.

Solo y aquejado de gota y otras enfermedades, pasó los últimos años de su vida en Valencia, buscando un alivio a sus penas en la traducción que encargaría de La consolación de la Filosofía del filósofo, político y poeta latino Boecio, quien, como él, había gozado, allá por el siglo VI, de la gloria política y que, como él, había acabado en el pozo del olvido, acusado de traición. En Valencia, arropado por el Mediterráneo, murió un 6 de enero de 1428.

Así se apagaba la vida de quien había dirigido los destinos de la Corona a inicios del siglo XV, cuya caída se había producido –como nos diría Pérez de Guzmán– «más por codicia de sus bienes que por celo de justicia», porque «hoy no tiene enemigos el que es malo, sino el que es muy rico». Sus bienes, dignidades y patrimonio fueron repartidos entre sus enemigos, una parte de ellos antes incluso de iniciarse el proceso judicial. Álvaro de Luna, alzado por la fortuna, heredaría el título de condestable, reinando, junto a Juan II, durante las tres décadas siguientes.

Ruta

La ruta discurre por algunos de los lugares vinculados a la figura del Condestable en la Frontera, es decir, el espacio limítrofe de la Corona de Castilla con el emirato nazarí de Granada. La ruta parte de Úbeda (Jaén), ciudad de cuyo castillo su padre, Diego López Dávalos, era alcaide y donde además nacería nuestro personaje, convirtiéndose en uno de sus ciudadanos más ilustres. López Dávalos sería corregidor de la ciudad, capitán de sus mesnadas y dueño de un señorío que se extendía por los territorios de Úbeda y Arjona. La ruta continuaría hacia Granada, ciudad en la que Ruy López Dávalos hubo de permanecer preso tras haber caído en manos de los nazaríes, durante una desastrosa operación militar dirigida en 1379 por su tío, Pedro López Dávalos, alcaide de Quesada (Jaén). Sería en Granada donde, según una tradición de fines de la Edad Media, un musulmán le auguraría, tras matar a una perdiz que se había colado en la manga de su traje morisco, su triste final: «Tú llegarás a ser gran señor, mas al cabo perderás poder y estado». La ruta finalizaría en Alcalá la Real (Jaén), donde López Dávalos instaló a los miembros exiliados del linaje ubetense de los Aranda, enemigos tradicionales del linaje de los Trapera, al que pertenecía el Condestable, a los cuales había utilizado en las luchas por el control de su ciudad natal.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Ubeda
  • Granada
  • Castillo de la Mota, Alcala la Real, Jaén

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

Con la erección de esta capilla, comenzó en 1536 la transformación urbanística de la ciudad de Úbeda que, en un lapso muy corto de tiempo, apenas cincuenta años, produjo uno de los conjuntos renacentistas más singulares y prodigiosos de España, creado bajo el mecenazgo del todopoderoso secretario universal y principal consejero en asuntos de la hacienda imperial del Emperador Carlos V, Francisco de los Cobos, y de sus parientes, con el propósito de crear un marco urbano donde escenificar la vertiginosa ascensión social de su linaje.

Este espacio monumental, la hoy llamada Plaza Vázquez de Molina, está presidido por una Iglesia exenta, la Sacra Capilla del Salvador, pieza central de la declaración de Úbeda, junto con el vecino conjunto monumental de Baeza, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y obra maestra de Diego de Siloé, en cuya planta sublima todo el simbolismo funerario que encierra el concepto de rotonda como evocación del Santo Sepulcro, capilla proyectada como templo funerario del mencionado Francisco de los Cobos y de su linaje. El proyecto de Siloé lo ejecutó Andrés de Vandelvira a quien posiblemente se deba enteramente la Sacristía.

El resultado es una Iglesia que está a la altura de la mejor arquitectura italiana del Renacimiento que participa de la ambición humanista de fundir la herencia clásica con la del mundo cristiano, ambición que también está presente en su rico programa iconográfico.

La Fortaleza de la Mota, en la provincia de Jaén sorprende por ser una atalaya natural en un mar de olivos que alberga el emplazamiento de la ciudad de Alcalá la Real hasta el s.XVI. En la actualidad el conjunto urbano medieval mejor conservado de Andalucía.

Su estratégico emplazamiento entre la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba alberga el Centro de interpretación Vida en la Frontera, que nos descubre la importancia en la historia de Al-Andalus. 

Qal’at Banu Said o de Benzayde fue su nombre desde el año 713 hasta el 1341, momento en el que Alfonso XI la tomara definitivamente y le concediera el título de Real, convirtiéndose en llave, guarda e defendimiento de los Reinos de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada, durante 150 años. 

Testimonio de esta conquista definitiva se conserva la Ciudad Oculta, una red de galerías subterráneas, que tuvieron una importancia capital en la toma de la ciudad fortificada en el siglo XIV.

El Conjunto Monumental de la Fortaleza de la Mota conserva su trama urbana original y numerosos vestigios del sistema de vida de la época medieval. Cruzando sus puertas descubrirás los elementos de una ciudad medieval fortificada, como las murallas, torres y adarves, que junto a la Alcazaba y Barrio Militar de la ciudad formaban parte del sistema defensivo. O sus bodegas, nevero, barrios como el de El Bahondillo y palacios que han quedado aquí testimonios de otro tiempo para que tú puedas contemplarlos y te transporten a una época de fusión de culturas y credos. Un innovador audiovisual en la Iglesia Mayor Abacial te emocionará y narrará su apasionante historia.

×