Pedro I el Cruel (III). Por tierras de Andalucía.

Autor,  David Nogales, Profesor de Historia Antigua y Medieval. Universidad Autónoma de Madrid.

 

La ruta discurre por algunos de los castillos vinculados a la figura del rey Pedro I de Castilla (1350-1369), conocido como El Cruel o El Justiciero, cuyo reinado discurrió entre la crisis abierta con la propagación de la Peste Negra en Castilla y su enfrentamiento con la nobleza del reino, que culminaría con el asesinato del rey Pedro en Montiel (Ciudad Real) en marzo de 1369 a manos de su hermanastro, Enrique, el conde de Trastámara.

            Pedro I de Castilla (1334-1369, rey entre 1350-1369) vivió tiempos turbulentos, marcados por la propagación en Castilla de la Peste Negra y una crisis económica sin precedentes. Asumiendo el proyecto de fortalecimiento del poder real impulsado por su padre, Alfonso XI de Castilla, inició un enfrentamiento con la nobleza, que le valió el apelativo de «el Cruel», entre sus opositores, y de «el Justiciero», entre sus fieles, debido a las ejecuciones realizadas por el monarca. Entre sus víctimas, se encontrarían figuras como su hermanastro Fadrique, maestre de la orden militar de Santiago, el noble Pedro Núñez de Guzmán, a quien el rey “fizo matar en Sevilla muy cruelmente”, o el emir de Granada, conocido entre los castellanos como el «Rey Bermejo». Esta actitud, unida a la prisión y posterior asesinato de su primera esposa, Blanca de Borbón, sobrina del rey de Francia, enrareció la vida política de la Corona y dio alas a la oposición nobiliaria frente al rey.

            Esta nobleza rebelde quedaría encabezada por Enrique, conde de Trastámara, hijo bastardo de Alfonso XI y de su amante, Leonor de Guzmán, nacida en el seno de uno de los linajes más influyentes de Castilla. Enrique abanderó, desde temprano, distintas rebeliones y pudo establecer una alianza con el antiguo «privado» o favorito del rey, ahora caído en desgracia, el noble de origen portugués Juan Alfonso de Alburquerque. Posteriormente, ya desde su exilio en Aragón y Francia, Enrique pudo encabezar nuevamente la resistencia frente a Pedro. Primero en el marco de la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón, conocida como la Guerra de los Dos Pedros (1356-1366). Posteriormente, ya como protagonista absoluto, en el contexto de la guerra civil castellana (1366-1369), que tendría su inicio a fines de 1365, cuando el conde de Trastámara pudo cruzar los Pirineos y llegar a la ciudad de Burgos, donde, en la primavera de 1366, sería proclamado como rey de Castilla, tras declarar a Pedro I monarca ilegítimo, bajo la acusación de tiranía.

            El conflicto solo llegaría a su fin en 1369, cuando Enrique mató a su hermanastro en las cercanías del castillo de la Estrella de Montiel (Ciudad Real), aprovechando la salida de Pedro de su refugio, para negociar una huida airosa del cerco al que estaba siendo sometido. Fue en la noche del 22 al 23 de marzo, en la posada de Beltrán Du Guesclin, caudillo de las tropas mercenarias francesas conocidas como las Compañías Blancas, aliadas de Enrique, donde Pedro, tras ser víctima de una emboscada, pensando encontrar su salvación, halló la muerte.  

            Cuando el rey Pedro, herido en la cara tras el primer embate de Enrique, cayó a tierra, no dio todo por perdido, pues en la lucha cuerpo a cuerpo Pedro pudo reducir a su hermanastro, situándose encima de él. Fue entonces cuando una mano amiga –que la tradición identifica, bien con el noble gallego Fernán Pérez de Andrade, bien con el propio Du Guesclin– actuó sigilosamente y, a la vez que volteaba a los reyes, situando a Enrique sobre su hermanastro, pronunciaba, justificando su acción, la sentencia de muerte del rey Pedro: Ni quito ni pongo rey, sino ayudo a mi señor. Enrique, inmovilizando ahora a Pedro, ya con sus espaldas sobre la tierra, pudo hundir en el cuerpo del rey la daga que portaba y, a continuación, decapitarlo.

            El asesinato de Pedro I permitió la instauración de una nueva dinastía, la Trastámara, que regiría los destinos de Castilla hasta la instauración de los Austrias, en el siglo XVI.

Ruta

La presente ruta discurre por algunos de los lugares vinculados a la figura de Pedro I el Cruel en el ámbito castellano, extremeño y andaluz. Partiendo del castillo de Cuellar (Segovia), habitado algunos días por el rey Pedro con ocasión de su segundo matrimonio con la noble gallega Juana de Castro, la ruta transita por el castillo parador de Sigüenza (Guadalajara), donde Pedro I puso en prisión a su mujer Blanca de Borbón, por el castillo de Oropesa (Toledo), arrebatado por Pedro I a su propietario Juan Núñez de Lara, para convertirlo en uno de los centros de la guerra civil frente a Enrique, bajo el control del alcaide García Álvarez de Toledo, por el castillo de Consuegra (Toledo), escenario del Romance de cómo el rey don Pedro quería de tomar el castillo de Consuegra y matar al prior de Sant Juan, por el castillo de Trujillo (Cáceres), propiedad de María de Portugal, madre del rey Pedro, por el castillo de Luna o de Alburquerque (Badajoz), propiedad del privado del rey, Juan Alfonso de Alburquerque, sitiado por el propio Pedro I en 1354, por el palacio  Casa de Pilatos (Sevilla), donde se conserva en la actualidad el antiguo busto de Pedro I vinculado a la famosa leyenda hispalense del Candilejo o de la Cabeza del rey don Pedro, por el castillo parador de Carmona (Sevilla), convertido es un esplendoroso palacio por Pedro, para residir junto a su amante, María de Padilla, y, en el tramo final de la guerra civil, en guarda de sus hijos y en depósito de su rico tesoro, y finalmente por el castillo de Almodóvar del Río (Córdoba), donde el monarca habría de encarcelar a algunos de sus oponentes durante la guerra civil castellana.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Palacio Casa Pilatos. Sevilla
  • Castillo del Rey Don Pedro.  Parador de Carmona. Sevilla
  • Castillo de Almodóvar del Río. Córdoba

Esta ruta enlaza con

Pedro I el Cruel (I) Por tierras de Castilla.

Por David Nogales, Profesor de Historia Antigua y Medieval. Universidad Autónoma de Madr[...]

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

Este palacio, más conocido como Casa de Pilatos, es una armoniosa síntesis de la tradición gótico-mudéjar tardomedieval y de las innovaciones del Renacimiento italiano, cuya introducción en Sevilla se debe a sus propietarios, los Enríquez de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, principales representantes de la corona en la Baja Andalucía.

Situado en el centro histórico de Sevilla, su núcleo comenzó a construirse a fines del siglo XV, agregándosele salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida y sociabilidad de las élites de una ciudad enriquecida como metrópolis del mayor imperio ultramarino hasta entonces conocido.

A lo largo del Siglo de Oro, este palacio actuó de tamiz de los nuevos gustos artísticos procedentes de Italia que los sevillanos conocieron primero por las piezas marmóreas traídas de Génova, hace quinientos años, por el I marqués de Tarifa, con ocasión de su célebre peregrinación a Jerusalén que acabaría dando su nombre actual al palacio, y después, por las extraordinarias colecciones escultórica y pictórica reunidas, como Virreyes de Nápoles, por dos de sus descendientes, el I y III duque de Alcalá, obras muchas de ellas presentes aún en el palacio.

Por su organización espacial, su calidad arquitectónica y la riqueza de su decoración, devino el modelo canónico de la arquitectura civil andaluza y el patrón de los palacios sevillanos.

El Parador de Carmona es una propuesta de belleza, tranquilidad, exquisita gastronomía, y hermoso paisaje. El edificio se levanta sobre las ruinas de un impresionante alcázar árabe del siglo XIV que corona el pueblo y te ofrece una fabulosa piscina, terrazas con vistas a la campiña y un encantador patio interior rodeado de apacibles salas de estar. El restaurante, antiguo refectorio, es uno de los más espectaculares de la red de Paradores; ofrece vistas preciosas a la piscina y al luminoso horizonte andaluz, además de comida tradicional donde no falta la exquisita repostería ni los platos a base de perdiz. Elementos de la decoración como la azulejería, te recordarán que estás en territorio andaluz, donde la luz es especial y la gente acogedora.

Diversos pueblos creyeron a lo largo de la historia que Carmona era un lugar ideal para asentarse, y su huella permanece hasta nuestros días. Imprescindible es la visita a la Puerta de Sevilla, la necrópolis romana, testimonio de un esplendoroso pasado, y el Museo de la Ciudad de Carmona, que permite recorrer su historia.

De la tranquilidad de nuestro Parador y del hermoso pueblo de Carmona, del duende y la luz que desprende Sevilla, te separa apenas media hora de coche. Es casi imposible expresar con palabras la belleza de la capital andaluza, donde verás algunos de los monumentos más espectaculares de España, como la Giralda, la Catedral, la Torre del Oro, el Barrio de Triana, o los Reales Alcázares. Una ciudad bañada por el Guadalquivir, donde la religión y la fiesta se viven con especial pasión, y de la que recordarás con nostalgia suculentas tapas al sol de las terrazas, y mágicos rincones.

Carmona situada a unos 30 minutos en coche de Sevilla es una ciudad con mucha historia. Se accede por carretera. Como pasa en casi todo andalucía tiene un clima suave en invierno y caluroso en verano, por lo que primavera y otoño son las estaciones más recomendables para visitar la ciudad. Sin duda sus fiestas son muy vividas y es el momento perfecto para conocer en profundidad cómo se vive en Carmona. La Cabalgata de Reyes el 5 de enero, el Carnaval en febrero, la Semana Santa a final de marzo, las Mayas el 1 de mayo, la feria la tercera semana de abril, el Corpus Christi a final de mayo, la romería de la Virgen de Gracia, las fiestas patronales del 8-16 de septiembre o la romería de San Mateo el 21 de septiembre.

Conoce el entorno

Carmona situada a unos 30 minutos en coche de Sevilla es una ciudad con mucha historia. Se accede por carretera. Como pasa en casi todo andalucía tiene un clima suave en invierno y caluroso en verano, por lo que primavera y otoño son las estaciones más recomendables para visitar la ciudad. Sin duda sus fiestas son muy vividas y es el momento perfecto para conocer en profundidad cómo se vive en Carmona. La Cabalgata de Reyes el 5 de enero, el Carnaval en febrero, la Semana Santa a final de marzo, las Mayas el 1 de mayo, la feria la tercera semana de abril, el Corpus Christi a final de mayo, la romería de la Virgen de Gracia, las fiestas patronales del 8-16 de septiembre o la romería de San Mateo el 21 de septiembre.  

 

 

 

 

 

El castillo de Almodóvar fue construido en época árabe en el año 740. Recibió el nombre de Almudawwar, que significa el redondo, en honor a la forma del terreno donde está asentado el mismo.

Perteneció al Califato de Córdoba durante los años de Abderramán III. Cuando Al-Ándalus estaba dividido en diferentes reinos independientes entre sí, conocidos como los reinos de Taifas, el castillo perteneció primero a la de Sevilla, luego a la de Carmona y por último, a la de Toledo.

En 1240, cuatro años después de la reconquista de Córdoba, el castillo fue adquirido por Fernando III "El Santo", quién lo reconstruyó y amplió parte del mismo. 

Durante el reinado de Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", el bastión alcanzó una de sus épocas más esplendorosas, sirviendo éste de vivienda, prisión y de cámara de tesoros, asentándose así su función militar. 

Entre otras personalidades, las mazmorras del castillo de Almodóvar fueron ocupadas por D. Fadrique y Dña. Juana de Lara.

Es en 1900, cuando su propietario, D. Rafael Desmaissières y Farina, XII Conde de Torralva, dedica - durante 36 años- su fortuna y parte de su vida a reconstruir la fortaleza.

 

 

×