Los castillos del Reino de Aragón (II)

© Luis Zueco

Escritor español de novela histórica, cuyas obras se han traducido al polaco, ​portugués e italiano.​​Es el Director del hotel con encanto Castillo de Grisel, galardonado como Mejor Experiencia Turística de Aragón 2019 ​y copartícipe de la restauración del Castillo-Palacio de Bulbuente

 

Esta ruta de siete castillos nos lleva a recorrer la expansión de Aragón en la Edad Media, desde un pequeño condado hasta una poderosa corona que dominó el Mediterráneo.

 

Nuestra primera parada de este tramo de la ruta nos transporta hasta la época bajomedieval, en este periodo la frontera oriental del Reino de Aragón estaba menos expuesta, porque tanto Valencia como Cataluña formaban parte de la Corona de Aragón. Eso hizo que surgieran otras modalidades de castillos en esta zona, influenciados por tipologías mediterráneas y con aires más palaciegos, aunque sin renunciar a sus características guerreras.

            El Castillo de Valderrobres, en el Valle del Matarraña es una construcción gótica edificada sobre un castillo musulmán anterior conocido como "La Peña de Azna Lagaya". En el siglo XIV pasó a pertenecer al arzobispado de Zaragoza. El arzobispo García Fernández de Heredia lo reconstruyó entre los años 1392-1411. Posteriormente se amplió y fue de nuevo reformado por don Hernando de Aragón que le añadió la gran cocina que contiene ahora.

Tiene planta hexagonal, sin torres elevadas y marcado aire palaciego. En la fachada principal cuenta con tres torrecillas almenadas, con función solo decorativa, entre las cuales discurre un andador.

La puerta de acceso es en arco de medio punto coronada con un escudo del arzobispo Don García Fernández de Heredia, lo que refuerza su aire nobiliario. El cual se refuerza por la característica de que en todas sus fachadas se abren ventanales, entre los que destacan los geminados adornados con blasones que iluminan la sala capitular.

Su distribución interior se organiza a modo de estancias en torno a un patio, entre las que destacan, la iglesia y varios salones.

Toda la localidad tiene un aire  medieval, pero destaca sobremanera su puente de piedra y el portal de San Roque.

Siguiendo nuestra ruta, a principios del siglo XII, el rey Alfonso I el Batallador conquistó Zaragoza y avanzó al otro lado del valle del Ebro. Las fronteras aragonesas aumentaron y hubo que recurrir a las Ordenes Militares para que las defendieran. El Castillo de los Calatravos en Alcañiz, fue un enclave defensivo de vital importancia para la defensa del Bajo Aragón.

A lo largo de la historia, este monumento ha sido castillo, palacio, cárcel, cuartel, cementerio y residencia. Y en la actualidad es un magnífico Parador Turismo.

La zona más antigua del castillo corresponde a la Torre del Homenaje y la Capilla, de finales del siglo XII e inicios del siglo XIII, con uno de los conjuntos pictóricos medievales más importantes de Aragón y, en el interior de la capilla, el sepulcro labrado en alabastro de Juan de Lanuza, obra contratada por Damián Forment en 1537.

En el siglo XIV se llevó a cabo la construcción del claustro y una serie de dependencias ordenadas en torno a él.

Durante el siglo XVIII sufrió una gran reforma en la que el antiguo castillo medieval se transformó en palacio con una gran fachada construida en 1738, flanqueada por dos grandes torres cuadradas y a la que se accede por un camino de ronda y una rampa producto de la reforma del siglo XIX.

En el casco urbano podemos visitar parte de las murallas que defendían la ciudad, los misteriosos pasadizos medievales y la lonja.

 

            En la época medieval, Aragón no solo había que defender la frontera de Teruel con el Reino de Valencia, sino también con la Corona de Castilla. Tal es así, con en la segunda mitad del siglo XIV se produjo el conflicto bélico más importante entre reinos cristianos, la conocida como la Guerra de los dos Pedros: Pedro I de Castilla, el Cruel; y Pedro IV de Aragón, el Ceremonioso.

            La frontera occidental de Aragón se fortificó como nunca antes y su fortaleza más importante se ubicaba en el valle del Jiloca, se trata del castillo rojo: Peracense.

Sabemos de su existencia en 1284 pues era una de las bases que el rey Pedro III organizó la conquista del señorío de Albarracín. Se edificó en piedra rodena local, lo que le proporciona su espectacular color rojizo. Sobre lo alto de un cerro rocoso, se mimetiza de tal forma con la montaña que cuesta distinguir donde termina la roca y empieza el castillo.

Cuenta con tres recintos claramente diferenciados y concéntricos, para un total de 4.000 metros cuadrados de superficie. En el interior se conservan estancias como las caballerizas y una alberca.

El primer recinto está formado por un amplio patio de armas flanqueado por un torreón. La iglesia pudo estar ubicada bajo esta torre. El último recinto es un torreón con un acceso mediante escalera en voladizo, que destaca por un sistema de recogida de agua de lluvia por medio de canales esculpidos en la roca, que conducían el agua a aljibes.

 

La última parada de la ruta nos lleva a las puertas de Levante, a la frontera más al sur de Aragón. Según cuenta la leyenda, Mora de Rubielos fue conquistada por el rey Alfonso II de Aragón gracias a la ayuda del arcángel San Miguel, patrón de la localidad. En ella se levanta orgulloso el Castillo de Mora de Rubielos, la fortaleza de los Fernández de Heredia. Un castillo palacio construido en el siglo XIV por Juan Fernández de Heredia.

La familia Fernández de Heredia creó en 1370 el señorío de Mora, a la que perteneció Mora de Rubielos, hasta que en el años 1614 su castillo se reconvirtió como convento franciscano.

            Este castillo muestra un aspecto poderoso, construido en sillería, de planta rectangular, flanqueada por cuatro torres amatacanadas, de diferente planta, una octogonal, otra hexagonal y las otras dos cuadradas. La hexagonal, situada en el ángulo Oeste, pudo ser la del Homenaje y alberga la iglesia.

El edificio se estructura en dos niveles superiores y numerosas dependencias subterráneas. Tiene dos accesos, un defendido por un foso y el otro por una rampa intramuros, dispuesta en zigzag y con numerosas aspilleras.

Las dependencias del edificó giran en torno a un patio de armas descubierto con galería formada por arquerías sobre columnas octogonales. En torno a este patio, en la planta baja, se distribuyen las salas entre las que destaca la capilla y, haciendo honor a sus señores, el escudo de los Fernández de Heredia blasona numerosas estancias y puertas. En la planta superior se situaban las habitaciones y en los sótanos las caballerizas, graneros y calabozo.

            Uno de los elementos más característicos de este castillo es la proliferación de marcas de cantero, que dan pie a multitud de leyendas; aumentadas con la existencia de una enigmática escalera de caracol. Ambos elementos aparecen descritos en la novela El escalón 33.

            Mora de Rubielos también conserva importantes restos de sus murallas, portales y su colegiata.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Castillo de Valderrobres
  • Castillo de los Calatravos en Alcañiz.
  • Castillo de Peracense
  • Castillo Mora de Rubielos

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

El castillo-palacio de Valderrobres es una obra gótica construida entre los siglos XIV y XV por iniciativa del arzobispo de Zaragoza, señor feudal del territorio, que lo utilizaba como residencia temporal. Forma pareja con la iglesia parroquial, edificada al mismo tiempo y durante las mismas fases y unida a él a través de un pasadizo que permitía acceder a la tribuna construida sobre la capilla lateral del templo y de ésta, con el interior de la iglesia.

El conjunto castillo-iglesia preside la localidad. Al recinto del castillo se accede a través de dos puertas, una situada frente a los pies de la iglesia y otra ubicada bajo el pasadizo de unión con el templo. Atravesando estas puertas se llega al patio de armas, que estaba amurallado en todo su perímetro.

El castillo es un edificio de planta poligonal irregular y tiene la particularidad de que está edificado en el lugar que ocupaba la cúspide de una colina rocosa, de modo que sus constructores utilizaron la montaña como cantera y, a la vez que vaciaban lo que sería el espacio interior, pudieron construir los muros perimetrales, ganando superficie en cada una de sus tres plantas, hasta la última en cuyo centro emerge la colina rocosa.

En su planta baja destacan la sala de caballerizas y de mozos de cuadra, la sala capitular, la bodega, la mazmorra y el pasadizo que le unía a la iglesia. En la planta noble están la cocina, las despensas, una necesaria, el gran salón de las chimeneas, la biblioteca y las salas privadas del arzobispo. En las plantas superiores se encuentran los almacenes del aceite, las galerías y graneros y por último el paso de ronda flanqueado por almenas, merlones y torreones.

 

¿Sueñas con parar el tiempo y alojarte en un Castillo que corona un hermoso pueblo lleno de historia y tradición? Convierte tu sueño en realidad viniendo al Parador de Alcañiz. Paisajes únicos, patrimonio arquitectónico, tradición, deporte de aventura, caza, gastronomía… todo empieza aquí.

Este castillo-convento de los siglos XII-XIII conserva la torre del homenaje, el campanario, la sacristía y la parte reconvertida en palacio aragonés. Será un placer para tus sentidos ver sus murales góticos, el sepulcro plateresco, la fachada barroca, y pasear por su plácido jardín.

El turolense pueblo de Alcañiz guarda secretos que no imaginas. Te sorprenderá la belleza de sus subterráneos medievales, la Fuente de los 72 caños o la Lonja Gótica. Este también es lugar para la diversión, el circuito MotorLand Aragón te ofrece una zona deportiva donde practicar autocross, karting o motocross, y disfrutar de competiciones como el Gran Premio de Aragón de Moto GP.

¿Otro plan atractivo? Coge tu bici y desplázate a menos de una hora de distancia del pueblo a la Vía Verde del Val de Zafán. Llegarás a un camino solitario que cruza el Matarraña, río de espectaculares gargantas, y cascadas de ensueño, allí te perderás por las antiguas vías del tren, hoy acondicionadas para la marcha cicloturista o a caballo. Si lo que te interesa es la historia, la provincia de Teruel tiene más de 70 yacimientos de Arte Rupestre levantino, y en Alcañiz también podrás ver muestras de estas expresiones artísticas.

No te vayas de aquí sin que tu paladar conozca el exquisito jamón de la zona, la trufa negra, el aceite de oliva del Bajo Aragón, el azafrán de Jiloca, los dulcestradicionales… Cierra los ojos, respira, relájate, disfruta, porque ésta es una experiencia única.

Alcañiz es la ciudad más mediterránea de Aragón, situada en el centro de la Comarca del Bajo Aragón. 

El río Guadalope riega su ancho término y el Castillo Calatravo, hoy Parador de Turismo situado en la cima del monte Pui-Pinos, se alza  junto con la Iglesia de Santa María La Mayor como un perfil distintivo de la ciudad. 

El Renacimiento fue la edad dorada de Alcañiz, segundo nucleo de importancia de la provincia, siendo el Ayuntamiento de esta época, 

En Alcañiz se celebraron Cortes en la Edad Media, siendo la sesión más importante la que acabó en la firma de la "Concordia de Alcañiz" en 1412, en la que se acordó el prodecimiento a seguir para la elección del Rey de Aragón en el posterior "Compromiso de Caspe" 

Alcañiz es uno de los nueve  pueblos de la Ruta del Tambor y del Bombo 

El castillo de Peracense está situado en lo alto de un peñasco rocoso, muy escarpado, de areniscas de color rojizo, conocidas como rodeno.  La utilización de esta piedra para la construcción de la fortaleza permite obtener un conjunto totalmente integrado en el paisaje.

El sistema defensivo de Peracense está conformado por tres recintos, que aprovechan la topografía del terreno para formar un enclave inexpugnable. 

El recinto superior alberga el núcleo de la fortaleza, siendo éste el lugar donde se localiza la residencia principal, que ocupó el alcaide y su familia. Además, este recinto albergó la armería y uno de los calabozos, y para asegurarse el abastecimiento de agua se habilitó un sistema de recogida y almacenaje, con la presencia de dos aljibes. 

En el siglo XIV se construyó el recinto intermedio, de trazado irregular, siguiendo la forma de las rocas, con la función de proteger los puntos más débiles del recinto superior. En su interior se localizarían la mayoría de los espacios ocupados por la guarnición adscrita al castillo, como dormitorios, cocinas o la capilla.

Pero el castillo siguió creciendo, en su afán de protegerse de las incursiones castellanas, por lo que se construyó el recinto inferior. Se trata de la estructura amurallada más potente de toda la fortificación, una muralla de hasta 3 m. de espesor y una planta en L, reforzada con tres torreones, y dotada de numerosas saeteras. Estaba pensada para dar cobijo a los aldeanos y sus rebaños en la amplia explanada existente. 

El espacio, que actualmente ocupa el recinto fortificado, ha sido habitado desde la Edad del Bronce a la actualidad, posiblemente por la riqueza minera de la zona. 

Castillo Palacio de los Fernández de Heredia, Siglo XIV (Gótico Levantino)

El mayor castillo que puedas imaginar.

El Castillo de Mora de Rubielos es un monumento representativo del gótico mediterráneo situado en la parte más alta de la villa sobre un promotorio rocoso.

El Castillo es una maciza construcción de sillería de planta cuadrangular irregular con cuatro torres, patio de armas porticado y galería claustral. Ocupa un área de 4.300 m2 (67 x 65 m.). La rampa de acceso de intra-muros está dispuesta en zig-zag y presenta aspilleras en su recorrido, delatando su función defensiva. Flanqueada la puerta, una ligera pendiente con escalones nos conduce al:

Patio de armas porticado; claustro cuando fue convento. Tiene una superficie total enplanta de 1.400 m2 (38 x 37 m.). De planta casi cuadrado irregular y cuyos arcos apuntados presentan dimensiones distintas. En algunos capiteles aparece decoración de animales o monstruos, pero están muy deteriorados.

Caballerizas. Establos. Sótano al que se accede por un arco sesgado, junto al ángulo que forman los muros. La bajada se efectúa por una suave pendiente escalonada, que en un tiempo fue de tierra. Se llega así a un amplio espacio que en su día soportó a derecha e izquierdas los pesebres del ganado.

Marcas de canteros. Pueden verse todavía grabadas en algunas dovelas que construyen los arcos fajones más próximos a la entrada (y en otras salas del castillo) y son la firma de las cuadrillas de canteros que trabajaron en su talla.

Gran salón comedor o de usos diversos, según el castillo pasase por días de paz o días de contienda, que eran los habituales en el medievo.

Antesala, que podía ser con un poco de imaginación, armería, scriptorium y vestuario.
Hoy alberga parte del Museo Etnográfico, son piezas obtenidas exclusivamente en la misma villa.

Alcoba.Dormitorio principal del castillo de los Fernández de Heredia. Esta estancia está alojada en el hueco de la torre de posición. Este, ofreciendo muy gruesos muros, según puede verse por la profundidad del ventanal y también un acorazado techo con el doble de vigas que precisaría normalmente.

La mazmorra. Prisión de gran seguridad La Gran Escalera, Torre-Puerta Extramuros, Escalera Helicoidal, Sacristía en la Etapa Conventual, Gran Sala de 284 m2, Sótanos Primera y Segunda planta. Cripta de Enterramiento, Cripta.y la Capilla.

Declarado en 1931 Monumento Nacional (la villa será declarada Conjunto Histórico- artístico en 1978), su restauración se inició en 1972 con el desescombro, limpieza y consolidación de arquerías y forjados.

 

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