Los castillos del Reino de Aragón (I)

© Luis Zueco

Escritor español de novela histórica, cuyas obras se han traducido al polaco, ​portugués e italiano.​​  Es el Director del hotel con encanto Castillo de Grisel,  galardonado como Mejor Experiencia Turística de Aragón 2019 ​y copartícipe de la restauración del Castillo-Palacio de Bulbuente.

Esta ruta de siete castillos nos lleva a recorrer la expansión de Aragón en la Edad Media, desde un pequeño condado hasta una poderosa corona que dominó el Mediterráneo.

Nuestro itinerario se inicia en la ciudad de Jaca, primera capital del Reino de Aragón. Enclave ubicado en la frontera con Francia, en el corazón de los Pirineos y que, en el siglo XI y XII, sufrió un extraordinario auge debido a ser parte del Camino de Santiago. Desde esta ciudad se organizaron los primeros reyes aragoneses su expansión hacia el sur. Con el tiempo, Jaca perdería importancia política, pero no militar ni estratégica. Tal es así, que en el siglo XVI, el rey Felipe II, ordenó a su principal ingeniero, Tiburcio Spannnocchi, la construcción de una nueva tipología de fortificación: La ciudadela de Jaca.

            Con la proliferación y el perfeccionamiento de las armas de fuego en la Edad Moderna, los castillos medievales dejaron de ser el prototipo de fortificación ideal. Así que se diseñó un nuevo tipo de defensa, ya no basado en la altura y las torres, sino todo lo contario. Los muros se ensancharon y se hundieron en el suelo, proliferaron fosos, casamatas y baluartes, y nacieron así las fortificaciones abaluartadas.

La ciudadela de Jaca fue la clave de bóveda de la defensa de la frontera con Francia. Se comenzó a edificar en 1592, si bien se terminó setenta años más tarde.

 

La importancia de la Ciudadela de Jaca, también llamada Castillo de San Pedro, es tal que se trata de la única fortaleza su época y tipología que se conserva íntegra y exenta en el mundo. Presenta una planta pentagonal con baluartes en forma de flecha en todos los ángulos, comunicados por un camino de ronda. Cuenta con un foso, la zona amurallada, un área de residencia y edificaciones de servicios para contener municiones, víveres y una iglesia.

Actualmente, en su interior se ha creado el Museo de Miniaturas Militares que exhibe en sus salas más de treinta mil figuras. En Jaca es visita obligada la catedral y el Museo Diocesano con su espectacular colección de pintura románica.

 

En los inicios del siglo XI, el Reino de Aragón abarcaba un pequeño y abrupto territorio, en cuya frontera más al sur, se edificó el primer gran castillo del reino aragonés, Loarre.

El Castillo de Loarre es una de las fortalezas románicas mejor conservadas del mundo, actualmente se encuentra en el listado previo de la UNESCO. Loarre fue toda una evolución para su época. Está formado por edificaciones de tres épocas. Una inicial lombarda, hasta aproximadamente el año 1035, mandada construir por el rey Sancho III el Mayor de Pamplona. Y que, frente a los castillos de su época, formados por una sola torre, un recinto sencillo y una iglesia como parte del mismo, Loarre presente varias torres y un recinto sumamente amplio. Se construyó en el limite entre la montaña y la tierra llana, desde él se pretendía asaltar las tierras de la taifa de Zaragoza.

            La segunda etapa constructiva es de menor importancia y corresponde al reinado del primer rey de Aragón, Ramiro I. Pero es su hijo, Sancho Ramírez, quién hará una magnifica ampliación, de estilo románico, incorporando la espléndida iglesia de san Pedro, y ampliando el recinto amurallado. El rey Sancho Ramírez viajó hasta Roma para ser coronado por el papa y a su vuelta trajo consigo el rito romano, que se impondría después en toda España, y la idea de convertir Loarre no solo en un castillo militar, sino también en una capilla real y un palacio.

            Loarre tiene numerosos elementos de suma importancia, su torre de La Reina, la torre Albarrana, su cripta, dormitorios, la monumental iglesia de san Pedro o la muralla exterior. Ha sido escenario de películas como El reino de los Cielos, de Ridley Scott; la serie El Ministerio del Tiempo; o la novela El Castillo.

            La visita a Loarre permite también conocer la Colegiata de Bolea a través de una entrada conjunta.

 

            La tercera parada en tierras oscenses nos lleva hasta el Castillo Templario de Monzón, famoso además por haber albergado la espada del Cid, la Tizona; y haber sido donde se crió el rey Jaime I el Conquistador. Fue una importante fortaleza musulmana, conquistada por Sancho Ramírez y, en el siglo XII, cedida a los caballeros templarios que la reformaron y ampliaron. Llegando ser la sede de su comandancia militar en la Corona de Aragón y, cuando fueron prohibidos por el papa, sufrieron un épico asedio el año 1309 por las tropas reales de Jaime II.

            El castillo se levanta en un cerro al suroeste de la población al que se accede por la ladera norte, mediante largas y pronunciadas rampas protegidas por numerosos elementos defensivos realizados a partir del siglo XVII para colocar artillería y armas de fuego. Una vez arriba, alcanzamos el recinto medieval compuesto por cinco edificios independientes dispuestos en torno a un patio de armas: la iglesia, la torre del homenaje, la sala capitular, el dormitorio y la cárcel.

El templo fue construido en el siglo XII por los templarios, en estilo románico. Su ábside sirve de torreón sobre la muralla exterior y alberga una exposición sobre la Orden del Temple.

La torre del homenaje, o de don Jaime, es de planta cuadrada y fue levantada por los musulmanes entre los siglos IX y X. Alberga espacios expositivos sobre la historia del castillo y su terraza es una magnifico mirador.

La magnífica sala capitular se utiliza para actividades culturales y existen galerías subterráneas que descienden hasta diferentes barrios de Monzón. En la ciudad podemos visitar la Concatedral de Santa María del Romedal.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Castillo de San Pedro. Ciudadela de Jaca
  • Castillo de Loarre.
  • Castillo de Monzón

Esta ruta enlaza con

Los castillos del Reino de Aragón (II)

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Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

El Castillo de San Pedro, conocido popularmente como La Ciudadela de Jaca, es el ejemplo mejor conservado en Europa de fortificación pentagonal del S. XVI. Se colocó la primera piedra en el año 1592, por orden del rey Felipe II, siguiendo los planos del arquitecto italiano Tiburcio Spanoqui. La fortificación se levantó para defender y controlar la principal vía de penetración desde Francia por el Pirineo central, previniendo así los ataques de los hugonotes franceses, protestantes que en ese país libraban una guerra de religión contra el poder católico. Estamos en el estratégico paso del río Aragón, practicable casi todo el año. Por ello, al tiempo que se construía la Ciudadela se levantaban y reforzaban el castillo de Canfranc y las torres de Espelunca y Santa Elena. Jaca sería el punto central de la defensa y suministro logístico  de los valles pirenaicos de Ansó, Echo, Aragón y Tena.

La Ciudadela de Jaca se construyó en base al uso eficaz de la artillería, tanto de forma defensiva como ofensiva. Así, su planta perfectamente regular es de líneas rectas y ángulos que permiten enfilar las armas para una mejor defensa, ángulos que también dificultan al enemigo su ataque. La pólvora y la rápida evolución de la artillería cambiaron la forma de construir las defensas. De las mentes de ingenieros militares y matemáticos como Sangallo, Vitelli, Francesco de Marchi, Niccolo Tartaglia,  Pedro Luis Escrivá o el mismo Spanoqui salieron formas geométricas que buscaban la perfección defensiva; la traza pentagonal fue la mejor opción. Así la ciudadela se levantó con cinco baluartes, su característica principal.

Una fortificación de estas formidables características respondía a la necesidad de defender firmemente un territorio estratégico. Al mismo tiempo, un edificio con estas prestaciones necesitaba un llano del que obtener recursos y con el que poderse defender. Jaca era la localización idónea al hallarse en una planicie del Valle del Aragón: desde esta estratégica posición se podían obtener recursos, controlar los pasos y ofrecer una gran resistencia.

La Ciudadela destaca entre el patrimonio militar español por el excelente estado de conservación de sus elementos principales, llegando su estructura intacta a nuestros días como consecuencia de la ocupación y uso continuado por parte de diferentes Unidades del Ejército que han asumido el compromiso de su cuidado y mejora permanente. No en vano fue galardonada con el premio Europa Nostra en 1985 concedido por la Comisión Europea. Así, además de haberse conservado sus cinco baluartes y diez casamatas, mantiene sus cuarteles, fosos, camino cubierto y glacis intactos, ofreciendo un gran espacio con suave pendiente de césped para usos lúdicos.

El Castillo de Loarre es una de las fortalezas románicas más antiguas y la mejor conservada de Europa. Situado en la frontera natural entre el valle del Ebro y la cordillera de los Pirineos, el castillo domina la llanura de la Hoya de Huesca desde un risco pétreo a 1070 m. de altitud. Construido a lo largo del s. XI en diferentes fases que fueron respondiendo a necesidades distintas.

La primera fase se inicia hacia el año 1020 por el gran rey pamplonés Sancho el Mayor, que en su afán de proteger de los ataques musulmanes sus condados pirenaicos, aprovecha las montañas del prepirineo oscense para instalar una serie de fortalezas que crearán una auténtica frontera fortificada, de la cual Loarre será uno de sus últimos eslabones. De ésta primera fase destacan las dos torres principales y la capilla románica de Santa María. La segunda fase la inicia su nieto, el segundo rey de Aragón Sancho Ramírez, hacia el año 1071, que con el respaldo de la Santa Sede decide rodear la antigua fortaleza de su abuelo, que seguía siendo frontera, con un gran monasterio que albergará una orden de canónigos agustinos, uniendo en Loarre la espada y la cruz, la función militar y la monástica. De ésta fase destaca la impresionante Iglesia de San Pedro, una joya única de la arquitectura románica coronada por una espectacular cúpula.

La última fase de construcción se demorará hasta finales del s. XIII, y es la muralla jalonada de torreones semicirculares que recorre los más de 170 m de perímetro, y que rodeaba no sólo la fortaleza, sino también  un pequeño poblado surgido al amparo del castillo, y que es el origen del Loarre actual. Será ya en los albores del Renacimiento cuando tan magna fortaleza se abandona definitivamente quedando su presencia impertérrita en lo alto de la sierra de Loarre.

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