Los castillos de Alonso de Monroy

Autor Francisco García Fitz.  Universidad de Extremadura

Alonso de Monroy, un personaje fascinante cuya vida se desarrolló a finales del siglo XV y primeros años del XVI en el territorio de la actual Extremadura y que alcanzó el cargo de maestre de Alcántara, ha sido calificado como un “señor de la guerra”. No les falta razón a quienes así lo consideran: desde joven, como miembro de la orden militar de Alcántara, recibió una instrucción bélica que no tardaría en poner en práctica en las guerras habidas dentro de su propio linaje por el control de las fortalezas de Belvís y de Monroy (1455).

Poco tiempo después fue protagonista de las guerras que desgarraron a la Orden de Alcántara (1464-1472), entre el entonces maestre de la Orden -Gómez de Solís- y el propio Monroy, que ocupaba el cargo de clavero y aspiraba al maestrazgo. Este conflicto interno a su vez se superpuso con el que enfrentaba al rey Enrique IV con buena parte de la nobleza del reino, puesto que el maestre no dudó en alinearse con la nobleza y el clavero con el monarca.

En el curso de estas guerras Alonso de Monroy estuvo apresado en el convento central de la Orden, situado en Alcántara, y tomó en nombre del rey las fortalezas de Trevejo, Azagala y Coria, haciéndose también con el control de Piedrabuena y Mayorga, así como con la ciudad de Cáceres, Alburquerque, Zalamea, la sede de la Orden en Alcántara y Montánchez.

Tras esta sucesión de éxitos, en 1473 fue elegido maestre de Alcántara, pero la estabilidad no había llegado ni a la Orden ni al reino: su puesto fue discutido por otros candidatos y su nombramiento no fue ratificado por Enrique IV, de modo la guerra continuó, siendo de nuevo apresado en la fortaleza de Magacela.

Momentáneamente Alonso de Monroy había perdido cualquier posibilidad de conseguir sus aspiraciones, pero en 1474 murió Enrique IV y dio comienzo la guerra civil entre los partidarios de su hija, Juana, y los de su hermana Isabel. Este cambio de panorama político y militar colocó de nuevo a nuestro personaje sobre el tablero regional, porque los Reyes Católicos no dudaron en utilizar sus servicios después de liberarlo. A partir de entonces encabezó otro agrio conflicto contra quienes apoyaban a Juana la Beltraneja y a su marido, el rey de Portugal, que le llevó a combatir por buena parte del territorio de la actual Extremadura, siendo uno de los episodios más relevantes la conquista de la ciudad amurallada de Trujillo y de su alcazaba (1475).

Pero la suerte nunca es constante y los Reyes Católicos, atendiendo a sus propios intereses en la región, acabaron por abandonar a Alonso de Monroy y por favorecer a sus rivales dentro de la Orden. Forjado en la guerra desde su juventud, Monroy no se resignó y comenzó en 1477 su último conflicto, ahora en contra de Isabel de Castilla, alargando la guerra en la región durante dos años más.

En 1479 Castilla y Portugal firmaron el tratado de Alcaçobas, que ponía fin a la guerra sucesoria, pacificaba el reino y afianzaba en el poder a Isabel de Castilla, pero Monroy se mantuvo en la defensa armada de sus posiciones. Finalmente, aislado políticamente y militarmente, pero encastillado con un grupo de seguidores, muchos de ellos homicidas y delincuentes, continuó su actividad en la fortaleza de Azagala, desde donde desplegó todo tipo de violencias contra el entorno. Fue allí donde en 1511 el señor de la guerra encontró la muerte.      

 

Itinerario

El escenario en el que tuvieron lugar todos estos acontecimientos, relacionados con la fascinante vida de un auténtico prototipo de “señor de la guerra” del siglo XV -la actual provincia de Cáceres y el norte de la de Badajoz-, mantiene en buena medida algunas de las características que ya marcaban el paisaje y la vida de las gentes en tiempos de Alonso de Monroy.

De manera especial, se han conservado hasta nuestros días, con mejor o peor fortuna, muchas de las casas fuertes, castillos y murallas urbanas que tanta incidencia política y militar tuvieron en aquellos tiempos de conflictos armados incesantes, de ambiciones desatadas y de violencias cotidianas, tiempos que forjaron a generaciones de guerreros y a una sociedad organizada para la guerra que, una vez pacificada internamente en tiempos de los Reyes Católicos, no tardaría en dar el salto a la frontera de Granada, al Rosellón, a Nápoles o a América.

El viajero que desee sumergirse en este marco puede iniciar su recorrido visitando la fortaleza de Belvís de Monroy, una impresionante fortificación señorial situada en el campo Arañuelo, cuna del linaje de nuestro personaje y lugar donde tuvo sus primeras experiencias bélicas cuando apenas era un joven adolescente. Desde allí puede desplazarse hasta Trujillo (un trayecto de apenas media hora), cuyas murallas urbanas, sus casas fuertes y su alcazaba de origen islámico fueron testigos de la eficaz acción desplegada por Monroy al servicio de los Reyes Católicos.

Desde Trujillo, nos dirigimos (cuarenta minutos de viaje en coche) hasta la ciudad de Cáceres, donde es preciso recorrer sus murallas y torres almohades, deleitarse con el formidable aspecto de sus casas fuertes y perderse en un trazado urbano que mantiene la estructura de la época de Alonso de Monroy.

Durante la visita a esta ciudad merece la pena detenerse ante la fachada y entrar en las dependencias de la casa fuerte y Palacio de los Golfines de Abajo, un edificio contemporáneo de nuestro personaje que fue construido por quien fuera camarero mayor de Isabel la Católica, Sancho Paredes Golfín. Y a apenas trescientos metros el viajero puede descansar en el Parador Nacional, situado en el antiguo Palacio de Torreorgaz y en la Casa de los Ovando-Mogollón, Perero y Paredes, ejemplos de casas fuerte urbanas cuyas trazas ya estaban levantadas en los tiempos de Monroy.

Las grandes familias asentadas en Cáceres no se limitaron a construir sus palacios y fortalezas en el interior de la ciudad, sino que también lo hicieron en sus posesiones agrícolas: sirva de ejemplo el castillo de las Arguijuelas de Abajo, paradigma de las casas fuerte rurales, situado en plena Ruta de la Plata y a apenas quince kilómetros de Cáceres, cuya construcción también se inserta en el convulso contexto en el que vivió y que protagonizó Alonso de Monroy.

Desde Cáceres, nos desplazaremos, en menos de una hora, hasta Alburquerque, cuya elegante y sólida fortaleza preside un enorme entorno, testigo también de las actuaciones de nuestro personaje y, desde aquí, el viajero puede terminar el itinerario en el castillo de Montánchez, a poco más de una hora partiendo desde Alburquerque, concluyendo así un deambular en el que habrá seguido las rutas de quien nunca dejó de combatir y rememorando la vida de un señor de la guerra del siglo XV, arquetipo de combatiente cuya vida representa el precedente inmediato de aquellos otros que, poco después, comenzarían a embarcar hacia América y a reproducir allí el modo de vida que habían heredado en sus tierras natales. 

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Belvis de Monroy. No cumple los requisitos de rehabilitación para ser miembro de la Red.
  • Trujillo.
  • Cáceres
  • Arguijuelas de Abajo
  • Castillo de Montánchez.  No cumple los requisitos de rehabilitación para ser miembro de la Red.
  • Castillo de Alburquerque Luna

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

En la monumental ciudad de Trujillo, cuna de descubridores, encontrarás un hermoso Parador sobre el convento del siglo XVI de Santa Clara, conservando el ambiente de paz y sosiego que le imprime su estructura conventual. En su interior te sorprenderán dos hermosos claustros, uno de ellos con arcos y columnas renacentistas; el segundo proporciona al conjunto una nota de luminosidad que embellece el entorno. Es un hotel ideal para el descanso y el ocio, pero también para el trabajo. Sus estancias son tranquilas y cuenta con bellos y elegantes salones, además de piscina de temporada.

Todos los caminos de Trujillo confluyen en la bella Plaza Mayor, centro neurálgico de la ciudad, rodeada de edificios de interés y enorme belleza. En el centro de la Plaza la estatua ecuestre de bronce de Francisco Pizarro descansa sobre su caballo, y junto a la Iglesia de San Martín de Tours, el Palacio de la Conquista y la Casa de las Cadenas te dejará el recuerdo de haber estado en una preciosa plaza. Otro precioso lugar es el Castillo de Trujillo, visible desde cualquier punto de la ciudad y donde se encuentra el Santuario dedicado a la Partrona, la Virgen de la Victoria.

Trujillo atesora el encanto de una ciudad con historia y la belleza y serenidad que da el paso del tiempo. Es un lugar que te encantará descubrir.

Si aceptas nuestra invitación de dar un paseo por la historia, cruzarás el Arco de la Estrella de la muralla y vendrás al Parador de Cáceres, un palacio renacentista en pleno casco histórico de la ciudad, Patrimonio de la Humanidad. Del Parador te enamorará su elegancia y su exquisita rehabilitación.

El restaurante, la zona exterior, la cafetería y el salón para clientes alojados son un agradable lugar de encuentro y tertulia. El renovado parador conjuga tradición y modernidad, está perfectamente equipado con las nuevas tecnologías e integra elementos respetuosos con el medio ambiente como calderas de alto rendimiento, bombillas tipo led, o sistemas de control de climatización.

Sea cual sea la dirección que tomes por las calles empedradas de Cáceres, en tu camino se sucederán casas-fortaleza, iglesias, palacios o sus murallas árabes, y solo es cuestión de tiempo que te sorprendas en la Plaza de Santa María rodeado de palacios renacentistas o que descubras joyas como el Aljibe musulmán del museo provincial.

Conoce el entorno

En Cáceres podrás ser testigo de las huellas que recorren la Vía de la Plata, calzada romana que unía Sevilla y Astorga utilizada por los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela. Quizá no estés aquí para comenzar o continuar el Camino, pero puede que te apetezca desplazarte poco más de media hora para visitar el Parque Nacional de Monfragüe y su reserva de la Biosfera. Merece la pena ver cómo el Tajo y el Tiétar riegan los matorrales y el bosque mediterráneo. Si te apasiona laornitología, este es el lugar idóneo para contemplar buitres leonados, el halcón peregrino o el Búho Real y dejar volar con ellos tu imaginación.

 

 

 

 

 

Está construido con mampuesto y sillarejos, en sus partes más nobles. El recinto consta de cuatro áreas defensivas, que se van escalonando a lo largo de la ladera norte del cerro sobre el que asienta, y por donde tiene la entrada desde la población. El primer recinto está compuesto por una muralla con redientes abaluartados que separa la Villa de la fortaleza, esta obra fue realizada cuando la plaza se encontraba en mano de los portugueses entre los años 1705 y 1716.

El segundo elemento defensivo lo constituyen las rampas de acceso y las cuatro puertas de entrada que nos conducen al patio de armas, donde el asaltante es fácilmente abatible desde la muralla del recinto superior.

En el patio de armas destaca: la Iglesia de Santa María del Castillo, el comedor, la cantina, dormitorios de la tropa y el aljibe. Todo ello dominado por la impresionante atalaya de la torre del Homenaje, construida por D. Álvaro de Luna. Junto a una de sus caras se abre la puerta al segundo recinto, conocido como “ Plaza Alta”, donde destaca la torre de los Cinco Picos de forma pentagonal y el puente levadizo de más de 10 metros de altura que une esta torre con la del Homenaje. La torre del Homenaje tiene cinco pisos de altura y está construida con lienzos de mampostería y esquinazos de granito. Toda la torre esta almenada, y ofrece matacanes en el centro de sus caras. Otras dependencias que son importantes en este patio son: la Casa del Alcaide Mayor, los aljibes y la cantina

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