El Camino de Santiago, una vía de estrellas hacia la tumba del Apóstol (III): de Ponferrada a Santiago de Compostela

Por David Nogales Rincón, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid

 

La ruta discurre por algunas de las ciudades y villas vinculados a los caminos que, desde distintos puntos de la cristiandad, se dirigirían hacia el lugar donde la tradición medieval hacía descansar los restos de Santiago el Mayor, hermano de san Juan Evangelista y uno de los discípulos predilectos de Jesús de Nazaret: la ciudad gallega de Santiago de Compostela

Santiago de Compostela fue durante siglos el destino de un conjunto de caminos que, desde distintos puntos de la cristiandad, conducían a la tumba de Santiago el Mayor, aquel humilde pescador del lago Tiberíades, hijo de Zebedeo y hermano de san Juan Evangelista, quien moriría decapitado en Jerusalén, en el año 44. Lejos de ser una figura secundaria, Santiago se acabaría por convertir no solo en uno de los discípulos predilectos de Jesús de Nazaret, sino también en uno de sus más firmes defensores, hasta el punto de que Cristo le daría, por su impetuosidad, el apelativo de Boanerges o «Hijo del trueno».

Los evangelios nada dicen de la vinculación de Santiago con Hispania, de la que solo comenzamos a tener noticias a fines del siglo VI o inicios del siglo VII, cuando el apóstol comienza a ser presentado como evangelizador de la Península y de los «países occidentales». Esta vinculación entre Santiago e Hispania, al margen de su veracidad histórica, hubo de calar entre las comunidades cristianas peninsulares, que hacia 820-830 creyeron encontrar el cuerpo del apóstol en el extremo del mundo conocido. Según la tradición, fue un eremita, de nombre Pelayo, quien, tras observar los prodigios que se manifestaban en un bosque cercano, dio cuenta al obispo de la cercana sede Iria Flavia (actual Padrón), Teodomiro. Allí, donde las maravillas se habían vuelto algo natural, el obispo ordenó excavar hasta descubrir un arca de mármol, que acogía un cuerpo: el lugar de los prodigios sería más tarde conocido como Santiago de Compostela.

El culto a Santiago, con unos perfiles inicialmente locales, habría de adquirir progresivamente desde inicios del siglo X una dimensión europea, pasando a convertirse, en torno al año mil, en uno de los cultos principales del Occidente cristiano. Ello hasta el punto de que la catedral de Santiago pasaría a ser uno de los grandes centros de peregrinación de la cristiandad, solo a la altura de Roma o de Jerusalén. Se conformaba así la ruta, no solo religiosa, sino también cultural, que actualmente conocemos como Camino de Santiago. Esta vía de peregrinación habría de mantener una gran vitalidad desde el siglo XI hasta mediados del siglo XIII, cuando se inició una suave reducción en el flujo de peregrinos, que se acentuaría desde mediados del siglo XV y especialmente a lo largo del  siglo XVI. Aunque la peregrinación a Santiago nunca llegó a desaparecer, solo las últimas décadas del siglo XX y los años iniciales del siglo XXI han sabido dar un nuevo impulso al Camino, convertido en la actualidad en un mito en sí mismo, por encima incluso de la significación religiosa del Apóstol.

El Camino de Santiago era y es, ante todo, el conocido como Camino Francés, que unía, a lo largo de 800 km., Roncesvalles (Navarra) con Santiago, cuya apertura la apócrifa Historia Turpini atribuiría en el siglo XII de forma fantasiosa al mismísimo emperador Carlomagno (800-814), quien, en sueños, habría recibido el encargo de liberar aquella vía terrestre cuyo reflejo celestial se encontraba en la Vía Láctea: ese «camino de estrellas que empezaba en el mar de Frisia y, extendiéndose entre Alemania e Italia, entre Galia y Aquitania, pasaba directamente por Gascuña, Vasconia, Navarra y España hasta Galicia, en donde entonces se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago». A esta ruta principal se le sumarían otras vías secundarias hacia Santiago, como el Camino de la Costa, el Camino del Norte, el Camino Interior Vasco, la Vía de la Plata o el viaje por mar.

Unos caminos a través de los cuales discurrirían anualmente miles de peregrinos, vestidos con su abrigo pardo, su esclavina y su sombrero, además de la insignia de la concha o vieira, que los identificaba como peregrinos compostelanos. Animados por el encuentro con el Apóstol, este camino de estrellas ocultaba, sin embargo, un sinfín de penalidades: desde los pasos de montaña, como el puerto de Cize, en tierras de Roncesvalles, al que el Codex Calixtinus llamaría «la Puerta de España», cuya «altura es tanta que parece tocar el cielo», pasando por aquellos alojamientos poco recomendables donde los peregrinos se veían obligados en ocasiones a recalar, o los frondosos bosques que, como los burgaleses montes de Oca, se encontraba poblados por ladrones y bandidos.

 

RUTA

La ruta discurre a través de distintos lugares vinculados al Camino de Santiago en sus distintas vías históricas, al calor de las cuales surgirían distintos burgos o ciudades, con una marcada orientación artesana y comercial, y una red de albergues, monasterios, iglesias u hospitales, para acoger a los peregrinos. La presente ruta se inicia en Ponferrada (León), cuyos orígenes se vinculan con una estructura de hierro que habría permitido reforzar el puente romano sobre el río Sil que, a fines del siglo XI, amenazaba ruina, buscando así asegurar el tránsito de los peregrinos hacia Santiago, discurriendo por Priaranza del Bierzo (León), situado en el Camino de Invierno, que, partiendo de Ponferrada, seguía el cauce natural del río Sil hasta alcanzar Galicia, con el fin de  salvar, durante la estación invernal, las temidas nieves de las cumbres del alto de O Cebreiro, por Monforte de Lemos (Lugo), etapa principal de este Camino de Invierno a su paso por la famosa Ribeira Sacra gallega, por Nogueira de Ramuín (Orense), enclave cercano al conocido como Camino Mozárabe o Camino del Sudeste, que conectaría Santiago con Andalucía y Extremadura siguiendo el antiguo trazado romano de la Vía de la Plata, por A Estrada (Pontevedra), etapa en el Camino denominado como da Geira e dos Arrieiros, en referencia a la Vía Nova o Geira, antigua calzada romana que conectaba Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga), y a los arrieros o antiguos transportistas que llevaban el vino de Ribeiro hacia el norte, para finalizar, como destino ultimo del peregrino y de nuestra ruta, en la ciudad de Santiago de Compostela (La Coruña), sepulcro del Apóstol y sede apostólica desde 1095, donde puede ser contemplado, junto a la catedral románica levantada a lo largo de los siglos XI y XII, el Hospital de los Reyes Católicos, impulsado a fines del siglo XV por Isabel y Fernando con el fin de atender a los peregrinos.

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Castillo de los Templarios. Ponferrada. León.
  • Castillo de Cornatel. Priaranza del Bierzo.  León.
  • Torre del Homenaje de Monforte de Lemos. Lugo.
  • Palacio de los Condes de Lemos. Parador de Monforte de Lemos. Lugo.
  • Palacio de Oca
  • Hospital Real de los Reyes Católicos. Parador de Santiago de Compostela. A Coruña.

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Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

Aunque dejarse maravillar por el Castillo de los Templarios resulta muy fácil, llegar a conocerlo no es tan sencillo. Con sus 8.000 m2 de superficie, está considerado como uno de los castillos más importantes del noroeste peninsular y es el emblema principal de la ciudad de Ponferrada.

Su arquitectura militar atiende a siglos de historia, donde diferentes pobladores han dejado su huella a través de sucesivas construcciones, reformas, abandonos y rehabilitaciones. Declarado Monumento Nacional en 1924 y Bien de Interés Cultural (BIC), no será hasta finales del siglo XX cuando se haga un gran esfuerzo de recuperación de las murallas y dependencias del Castillo.

El resultado es un monumento multifuncional, donde se desarrollan diversas actividades expositivas, musicales, lúdicas, didácticas y religiosas.

Su emplazamiento siempre ha sido privilegiado en todos sus sentidos. Geográficamente, ha sido lugar de paso obligado entre la Meseta y Galicia, y recorrido obligado para los peregrinos hacia Santiago. Tácticamente, su ubicación sobre un promontorio a orillas del río Sil, ha permitido la protección y defensa de su territorio y del Camino. Localmente, es un hito referente en el casco antiguo de la ciudad, en torno al cual encontramos importantes edificios monumentales: iglesia de San Andrés, las Cuadras (Oficina de Turismo), Casa de los Escudos (Museo de la Radio), Basílica de la Encina, convento de la Purísima Concepción, antigua Cárcel (Museo del Bierzo), calle y Torre del Reloj, Ayuntamiento y antigua plaza de las Eras.

El Castillo de los Templarios, el Camino de Santiago y la ciudad de Ponferrada tienen un pasado y futuro muy unido, donde sus historias se entrelazan y no es posible llegar a conocer uno sin explicar su relación con el resto.

El Castillo de Cornatel se alza sobre un altozano de los Montes Aquilanos a unos 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, en Villavieja, en el término municipal de Priaranza del Bierzo, provincia de León.

Es una construcción de una sola muralla recorrida por un paseo (adarve) de ronda defensivo, totalmente almenado al que se accedía por medio de escaleras voladas de pizarra. La abrupta peña en la que se levanta obligó a sus constructores a adaptar las diferentes edificaciones, planteadas a diversas alturas, a tan especiales circunstancias, configurando un recinto de planta triangular.

Dos de sus flancos se encuentran amurallados, mientras que el tercero, en la vertiente nordeste, resulta especialmente inexpugnable de forma natural, puesto que se sitúa en vertical sobre un barranco a una altura aproximada de 180 metros sobre el arroyo de la Indrina, que discurre a sus pies.

Diversos autores se han referido desde finales del siglo XIX a este castillo, limitándose casi siempre a describir los restos visibles en superficie o a consignar algunos datos históricos. Al margen de estos trabajos, el edificio ha sido objeto de varias leyendas en relación con su posible vinculación, en un determinado momento, a la orden de los Templarios, que estuvieron unos cien años, desde el 1213 a 1312.

En esta línea la obra más conocida es la novela del autor romántico berciano Enrique Gil y Carrasco, titulada El señor de Bembibre.

El castillo actual, construido enteramente en mampostería de pizarra, se data, prácticamente en su totalidad, a finales del siglo XV, en época del primer conde de Lemos, señor del mismo. No obstante sus orígenes históricos podrían remontarse a fechas muy anteriores que lo vinculan con el castillo altomedieval de Ulver, abundantemente citado en la documentación de la época, teoría aceptada por la mayor parte de los autores que han escrito sobre esta fortificación.

No obstante, algunos de ellos, entre los que cabe citar a Fernando Cobos, arquitecto encargado del Plan Director de Cornatel, señalaban la existencia en los alrededores del castillo de varios despoblados con restos de estructuras que podrían haberse correspondido con Ulver.

La Torre del Homenaje de Monforte de Lemos forma parte del complejo histórico-artístico monumental de San Vicente del Pino junto con el Monasterio Benedictino y el Palacio Condal. Este complejo monumental se emplaza en lo alto del Monte de San Vicente, ubicado en el centro de la villa de Monforte.

Este castillo data de los siglos XIII y XIV y constituye la torre medieval de mayor altitud de toda Galicia con algo más de 30 metros. Se caracteriza por contar con una planta casi cuadrada y por tener unas paredes que pueden llegar a alcanzar los 3,5 metros de grosor en algunos puntos.

En su interior se puede ver todo tipo de mobiliario, como arcones, armarios, mesas y sillas con blasones hidalgos de las viejas familias de Lemos. El castillo cuenta con cuatro pisos. El piso superior está terminado por un conjunto de logrados matacanes y almenas. Por lo que respecta al sótano, decir que hacía de lugar de almacenaje de comida y agua, así como de salida de emergencia en caso de asedio.

La historia constructiva del edificio comprende dos fases.  La más antigua, de los siglos XII-XIV, comprende la cara Este, una parte de la Sur y un esquinal del Norte. La otra parte, construida entre 1470 y 1485 tras quedar destruida entre 1467 y 1469 a causa de la Gran Guerra Irmandiña, abarca la cara Oeste y una parte de la Sur y de la Norte.

Sus funciones eran, la de servir de defensa, servir de residencia para los Condes de Lemos y homenajear y rendir pleitesía a los propios Condes.

En la parte más alta de la villa de Monforte de Lemos está situado el conjunto Monumental de San Vicente do Pino, formado por la Torre de Homenaje, el Monasterio de San Vicente do Pino y el Palacio de los Condes de Lemos, donde se sitúa el Parador de Monforte. El origen del monasterio data del siglo IX, aunque el edificio actual fue construido en el XVII, en estilo neoclásico. El edificio cuenta con un claustro central neoclásico de cantería excepcionalmente labrada, lugar idóneo para la celebración de eventos, o simplemente para pasear entre el silencio y la belleza de las piedras.

No puedes perderte una visita al Colegio de Los Escolapios, un majestuoso edificio de más de 100 metros de longitud que comenzó a construirse en el año 1593 y se completó, tras tres siglos de trabajos, en 1913. Su grandiosidad recuerda al Monasterio de El Escorial y en sus muros se observan escudos de los Condes de Lemos, de la Casa de Alba y de los Padres Escolapios, responsables de la finalización de la obra. En el museo del Colegio, antigua sacristía, se conservan, entre otros, cuadros de El Greco y de Andrea del Sarto.

Monforte de Lemos es además un punto privilegiado para conocer la Ribeira Sacra, sus ríos, viñedos, iglesias románicas, gastronomía y festividades. En los alrededores de la villa descubrirás paisajes de belleza indescriptible como los que regalan los Cañones del Sil o la mágica sierra de O Caurel.

Mientras te envuelves de historia en este palacio del siglo IX, podrás ejercitarte en las instalaciones de la Zona Wellness con gimnasio y jacuzzi ó descansar en la piscina exterior acompañado por el silencio y la belleza que inspiran las piedras de este edificio neoclásico. Una unión entre fitness y relajación para encontrar el equilibrio.

Conoce el entorno

Monforte de Lemos situado en la provincia de Lugo es uno de los lugares más singulares de Galicia. Es punto privilegiado para conocer la Ribeira saçra, sus ríos, viñedos, iglesias románicas, gastronomía y festividades. En los alrededores de la villa descubrirás paisajes de belleza indescriptible como los que regalan los Cañones del Sil o la mágica sierra de O Caurel. Se puede llegar por carretera y tren, así como avión en los aeropuertos más cercanos: en Santiago de Compostela (118 km), A Coruña (158 km) y Vigo /(145 km). 

 

 

 

A poca distancia de Santiago de Compostela, en la margen pontevedresa del valle fluvial del Ulla, se halla el pazo más visitado de Galicia, el palacio de Oca, conocido como el "Generalife del Norte" o el "Versalles Gallego".

a comparación de este monumento de arquitectura pétrea y vegetal con aquellos conjuntos universalmente conocidos pretende subrayar a la vez, la singularidad y la trascendencia del más señorial y mejor conservado de los pazos gallegos. El símil, pese a su naturaleza hiperbólica, evoca acertadamente que, aunque construido muy lejos de la Corte, la referencia en su diseño fue el jardín cortesano del Barroco.

El aspecto más sobresaliente de este conjunto es la unidad indisociable del agua, la piedra y la vegetación que convierte a este monumento en obra maestra de la arquitectura, la ingeniería y la jardinería, según las palabras que el historiador y académico don Javier Sánchez Cantón, usó en 1945 para incluir estos históricos jardines entre los protegidos.

La casa fuerte primitiva fue construida por orden de Álvaro de Oca a mediados del siglo XV, para perderla poco después en favor de la mitra compostelana en las luchas de la nobleza gallega contra el arzobispo de Santiago. En 1564 pasó a poder del rey Felipe II quien la vendió a María de Neyra, transmitiéndose de generación en generación hasta la XVIII duquesa de Medinaceli quien en 1978 lo donó a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli en el acto de su constitución.

En Santiago de Compostela, destino de millones de peregrinos, ciudad donde los rayos del sol iluminan las fachadas en verano y la lluvia hace que un ambiente mágico se apodere de las calles empedradas en invierno, se ubica uno de los hoteles más lujosos y bellos de la red de Paradores. El Parador de Santiago, conocido como Hostal dos Reis Católicos, mezcla de historia, arte y tradición, sueño de peregrinos y emblema de Santiago, se sitúa en la Plaza do Obradoiro formando con la catedral un ángulo de espectacular belleza en una de las capitales más visitadas del mundo. Alojarse aquí es hacerlo en un lugar verdaderamente único y exclusivo.

El Hostal nació como Hospital Real en 1499 para albergar a los caminantes que se dirigían en peregrinación a Santiago. En el interior de este Parador Museo, considerado el hotel más antiguo del mundo, descubrirás cuatro claustros preciosos, elegantes estancias, espectaculares habitaciones y un lujoso comedor que ofrece pescados y carnes cocinados a la gallega, además de las clásicas filloas caramelizadas con manzana y crema.

Conoce el entorno

Santiago de Compostela, destino de millones de Peregrinos, destaca por su centro histórico, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985. Dar un paseo por la ciudad da la oportunidad de disfrutar de infinidad de monumentos como plazas, monasterios, templos, palacios, etc., así como confluir con sus amables gentes, acostumbrados a convivir con peregrinos de múltiples nacionalidades y estudiantes de la Universidad de Santiago.

Vive la Historia

El Hospital Real de Santiago fue un proyecto de los Reyes Católicos para aliviar a los miles de peregrinos que llegaban a Compostela. Siglos después, los peregrinos han sido sustituidos por viajeros ya que, desde 1954, es un magnífico hotel que, año tras año, renueva su viejo compromiso de hospitalidad.

El primer edificio fue obra del arquitecto real, Enrique Egas que, con su diseño, llevaba el Renacimiento a Galicia. Aunque en su estructura básica estaba terminado hacia 1509, cuando empezó a funcionar, la parte decorativa no finalizó hasta 1527. En esa segunda etapa, los  maestros franceses Martín de Blas y Guillén Colás se encargaron de la portada principal que se resolvió como una magnífica fachada-retablo plateresca con decoración a candelieri, pequeñas esculturas bajo doseles calados y grutescos. También entonces se concluyó la decoración de la capilla hospitalaria, cuyo crucero, sin embargo, mira al gótico con su bóveda estrellada. Este primer hospital del XVI era bastante más pequeño que la fábrica actual ya que estaba compuesto por una iglesia, sólo dos claustros y dos cuerpos diferenciados, para hombres y mujeres. La ampliación llegó en el siglo XVIII. Un derrumbe parcial y una mayor necesidad de espacio hicieron que se construyeran en piedra los dos patios posteriores y la escalera barroca

de Ferro Caaveiro, que comunica el patio izquierdo con la planta primera. En esa misma época, Fray Tomás Alonso reformó la fachada renacentista introduciendo dos grandes balcones apoyados sobre ménsulas y tres nuevas ventanas. De esa manera, el Hospital Real quedaba configurado con su actual planta de cruz griega con cuatro patios interiores que reciben el nombre de los cuatro evangelistas y donde destaca, por su original planta ochavada, el de San Lucas. En julio de 1954, coincidiendo con el año compostelano, se inauguraba como hotel del Estado.

“Los peregrinos, tanto pobres como ricos, han de ser caritativamente recibidos y venerados por todas las gentes cuando van o vienen de Santiago. Pues quienquiera que los reciba y diligentemente los hospede, no sólo tendrá como huésped a Santiago, sino al Señor… “
                                                                                                                                       Códice Calixtino

La Peregrinación de los Reyes

Tras la peregrinación de los Reyes Católicos en 1488 y, siendo ellos mismos testigos de que el hospital de peregrinos era viejo e insuficiente, mandaron construir un nuevo “capaz de dar cumplido y decoroso servicio a todos los devotos, enfermos y sanos que a la ciudad llegaren...” Consumada la toma de Granada, los Reyes estipularon que una parte de las “rentas de guerras” fuesen destinadas a costear la construcción del nuevo hospital.

 

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