El Camino de los Cruzados: En Ruta hacia la batalla de las Navas de Tolosa (1212) II

Francisco García Fitz.  Universidad de Extremadura

 

El lunes, 16 de julio de 1212, con las primeras luces del día, cerca de la actual localidad de Santa Elena (Jaén), dos grandes ejércitos se dispusieron cara a cara para iniciar un choque campal que se convertiría en uno de los grandes hitos militares de la historia medieval hispánica, un acontecimiento extraordinario que acabaría conociéndose como la batalla de Las Navas de Tolosa.

Tras varias décadas de enfrentamientos entre los reinos cristianos peninsulares y los almohades, que para los primeros se habían saldado con importantes derrotas campales -como la sufrida en Alarcos por las fuerzas castellanas en 1195- y con sustanciales pérdidas territoriales al sur del Tajo, en 1211 los musulmanes golpearon nuevamente las fronteras de Castilla y conquistaron la fortaleza calatrava de Salvatierra.

A la vista de esta debacle, el rey de Castilla, Alfonso VIII, comenzó a gestar cuidadosamente una respuesta militar: en los últimos meses de 1211 inició unos preparativos que no sólo movilizaron a efectivos castellanos, sino que también lograron la concurrencia de tropas procedentes de todos los reinos ibéricos y la predicación de una cruzada que permitió reunir a un nutrido contingente ultrapirenaico. Con el respaldo espiritual del papa Inocencio III, con el apoyo político y militar de Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, con el refuerzo de efectivos portugueses y leoneses y contando con el empuje de miles de cruzados llegados desde Francia, los expedicionarios se reunieron en Toledo a mediados de mayo de 1212.

Un mes más tarde este ejército cruzado se puso en marcha y su progresión hacia el sur, a lo largo del camino que unía Toledo y Córdoba, fue fulgurante: en apenas veinte días tomaron las fortalezas de Malagón, Calatrava, Alarcos, Piedrabuena, Benavente y Caracuel. Entre tanto, el ejército islámico, que desde la campaña de Salvatierra del año anterior había permanecido en Sevilla, se encaminó hacia Jaén para detener el paso de los cruzados en Sierra Morena, instalándose primero en Baeza a la espera del acercamiento de sus enemigos cristianos y, poco después, cuando tuvieron constancia del avance cristiano hacia las cimas de Sierra Morena, se plantaron a la altura de la actual localidad jiennense de Santa Elena, bloqueando el acceso a la sierra y la bajada gracias al control del castillo de Ferral y del Desfiladero de Losa.

Finalmente, los cristianos encontraron un camino y consiguieron posicionarse frente al campamento musulmán. En la fecha anteriormente indicada ambos contendientes desplegaron sus fuerzas sobre el campo y protagonizaron una batalla campal extraordinaria, en la que los cruzados alcanzaron una victoria memorable que tradicionalmente ha sido considerada como el giro definitivo en el enfrentamiento secular entre cristianos y musulmanes en la Península Ibérica.

Tras la huida del califa almohade -primero hacia Jaén y, a continuación, hacia Sevilla- durante los días siguientes el ejército cruzado explotó el éxito campal, tomando algunas fortalezas al sur de Sierra Morena, como Ferral, Baños, Tolosa y Vílchez. En su avance, los cristianos llegaron hasta Baeza y conquistaron Úbeda antes de que las enfermedades los obligaran a retornar a Toledo. 

 

Itinerario

Mucho menos es lo que sabemos de la ruta seguida por los vencidos. Las fuentes más fidedignas solo señalan tres puntos en su itinerario: el de partida, la ciudad de Sevilla, capital de imperio almohade en la Península Ibérica, donde el viajero puede visitar, además de los Reales Alcázares -sede de los gobernadores norteafricanos donde las excavaciones arqueológicas no dejan de deparar sorpresas-, los restos de la muralla erigida por los almohades y, en particular, la Torre del Oro, un elemento clave en el control del río Guadalquivir y en la defensa de la ciudad. Y entre los muchos monumentos y museos que cualquier visitante no debería perderse en esta ciudad, el apasionado por los palacios tendrá que detenerse en los maravillosos recintos renacentistas, como el Palacio de Las Dueñas, en cuyo patio jugó Antonio Machado mucho antes de inmortalizarlo en su poema, en el Palacio de la condesa de Lebrija, donde espléndidos mosaicos romanos pavimentan su patio o, de manera muy especial, en la conocida como Casa de Pilatos, un soberbio y exquisito palacio del siglo XVI, inicio del vía crucis que termina en el templete de la Cruz del Campo, en cuyos patios, jardines y salas se combinan los cánones renacentistas con el gusto mudéjar.

El segundo punto de la ruta almohade hacia Las Navas del que tenemos constancia fue la ciudad de Jaén. El castillo de Santa Catalina, hoy Parador Nacional, enriscado sobre el cerro que domina la localidad, contempló la llegada de las tropas almohades camino de Baeza, dispuestas a detener el avance de los cruzados y a repetir lo ocurrido en Alarcos… pero también fue testigo mudo del regreso, derrotado y abatido, del califa almohade en su vuelta a Sevilla después de la batalla

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Casa de Pilatos. Sevilla
  • Palacio de las Dueñas.  Sevilla
  • Palacio de la condesa de Lebrija. Sevilla
  • Reales Alcázares. Sevilla
  • Torre del Oro. Sevilla
  • Castillo de Santa Catalina. Jaén

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El Camino de los Cruzados: En Ruta hacia la batalla de las Navas de Tolosa (1212)

Francisco García Fitz.   Universidad de Extremadura El lunes, 16 de julio de 121[...]

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

Este palacio, más conocido como Casa de Pilatos, es una armoniosa síntesis de la tradición gótico-mudéjar tardomedieval y de las innovaciones del Renacimiento italiano, cuya introducción en Sevilla se debe a sus propietarios, los Enríquez de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, principales representantes de la corona en la Baja Andalucía.

Situado en el centro histórico de Sevilla, su núcleo comenzó a construirse a fines del siglo XV, agregándosele salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida y sociabilidad de las élites de una ciudad enriquecida como metrópolis del mayor imperio ultramarino hasta entonces conocido.

A lo largo del Siglo de Oro, este palacio actuó de tamiz de los nuevos gustos artísticos procedentes de Italia que los sevillanos conocieron primero por las piezas marmóreas traídas de Génova, hace quinientos años, por el I marqués de Tarifa, con ocasión de su célebre peregrinación a Jerusalén que acabaría dando su nombre actual al palacio, y después, por las extraordinarias colecciones escultórica y pictórica reunidas, como Virreyes de Nápoles, por dos de sus descendientes, el I y III duque de Alcalá, obras muchas de ellas presentes aún en el palacio.

Por su organización espacial, su calidad arquitectónica y la riqueza de su decoración, devino el modelo canónico de la arquitectura civil andaluza y el patrón de los palacios sevillanos.

 

El Parador de Jaén corona la ciudad desde la cumbre del Cerro de Santa Catalina. Su figura emblemática domina el horizonte de forma que cuando te acercas a Jaén será siempre el primero en darte la bienvenida. El hotel es origen y destino para descubrir todo el encanto del Renacimiento andaluz, el aspecto monumental de su interior se mantiene en los impresionantes arcos cruzados a 20 metros de altura en el salón principal, el comedor y las habitaciones con impresionantes panorámicas de la ciudad.

El Barrio Antiguo de Jaén conserva los vestigios de lo que fue una ciudad espectacular. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, los Baños Árabes, los más grandes e importantes de Europa, y el Museo Provincial de Bellas Artes o el Arco de San Lorenzo, declarado recientemente Monumento Nacional, son algunos de esos lugares que merece la pena visitar.

Una visita al entorno de la ciudad es una buena opción para descubrir las Sierras de Cazorla, y la Sierra del Segura, con sus excepcionales Parques Naturales y Reservas. Los campos de olivos y el río Guadalquivir, que cruza estas tierras, añaden un atractivo especial a un lugar en el que la característica luz de Andalucía no deja de estar presente.

Conoce el entorno

El Barrio Antiguo de Jaén conserva los vestigios de lo que fue una ciudad espectacular. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, los Baños Árabes, los más grandes e importantes de Europa, y el Museo Provincial de Bellas Artes o el Arco de San Lorenzo, declarado recientemente Monumento Nacional, son algunos de esos lugares que merece la pena visitar.

Una visita al entorno de la ciudad es una buena opción para descubrir las Sierras de Cazorla, y la Sierra del Segura, con sus excepcionales Parques Naturales y Reservas. Los campos de olivos y el río Guadalquivir, que cruza estas tierras, añaden un atractivo especial a un lugar en el que la característica luz de Andalucía no deja de estar presente.

 

 

 

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