El Gran Capitán, un militar andaluz en los albores del Renacimiento

Por David Nogales Rincón, profesor de Historia Medieval en la Universidad Autónoma de Madrid

La ruta discurre por algunos de los espacios de Andalucía ligados a la figura del cordobés Gonzalo Fernández de Córdoba, segundón de la casa nobiliaria de Aguilar, conocido como el Gran Capitán, gracias a sus dotes militares, que le llevarían a protagonizar importantes hechos de armas tanto en la Guerra de Granada como especialmente en las guerras de Italia frente al rey de Francia.

Gonzalo Fernández de Córdoba, conocido como el Gran Capitán, nacía en la villa cordobesa de Montilla en 1453, apenas unas semanas después de que Constantinopla cayera en manos de los turcos, en el seno de una de las grandes familias de la nobleza andaluza, la Casa de Aguilar. Convertido en uno de los grandes militares de su tiempo, su trayectoria vital es, en buena medida, una síntesis de la historia hispánica de fines de la Edad Media e inicios del Renacimiento.

Excluido de la herencia paterna, reservada para su hermano mayor, Alfonso, Gonzalo probó fortuna en la corte del infante don Alfonso, hermano de la futura Isabel I, quien, instrumentalizado por una parte de la nobleza, había sido proclamado, en junio de 1465, como rey de Castilla en la conocida como Farsa de Ávila. Sin embargo, la muerte de Alfonso solo tres años después le hizo regresar a Andalucía. Con la llegada al poder de la reina Isabel en 1474, Gonzalo veía una nueva oportunidad de promoción. Se unía así, pocos meses más tarde, a la corte de la Reina Católica, donde daría sus primeros pasos hacia la leyenda en la que se acabaría convirtiendo. En la corte de Isabel, Gonzalo aprendió los rudimentos de la cortesía y de la guerra. Primero durante la conocida como Guerra de Sucesión (1475-1479), que enfrentó por el trono castellano a los Reyes Católicos con Juana de Castilla, hija de Enrique IV, y después en la Guerra de Granada (1482-1492).  

La conquista del emirato nazarí de Granada sería para Gonzalo una oportunidad excepcional para mostrar su valía y ganar experiencia como un hábil militar, gracias a sus hazañas bélicas, pero también para perfilarse como un inteligente político y diplomático, con su participación en las negociaciones para la entrega de Granada, gracias, como señalaría el humanista Lucio Marineo Sículo, a que era «muy conocido de los moros de Granada» y «hablaba su lengua».

No fue, sin embargo, en Granada donde se forjó el mito del Gran Capitán. Sería en el complejo panorama de la Italia renacentista, a la que el rey de Francia buscaba extender su dominio, donde nuestro caballero estaría llamado a construir su leyenda, a la luz de una nueva manera de entender la guerra,  basada en el impulso a la infantería, la artillería y la caballería ligera, que sentaría las bases de los famosos tercios españoles de Flandes.

Paso a paso, Gonzalo Fernández se convertía en un militar de prestigio internacional, conocido con el apelativo del Gran Capitán, cuya trayectoria quedaría remachada con sus gestas en el sur de Italia (1495-1496) en apoyo a los reyes de Nápoles, emparentados con Fernando el Católico, quienes se habían visto desplazados del trono por Carlos VIII de Francia; con su apoyo al papa Alejandro VI, aliado de los Reyes Católicos, frente al bloqueo marítimo francés de Ostia, el puerto de Roma, que amenazaba con dejar desabastecida la Ciudad Eterna (1497); con la dirección  de una coalición internacional frente a los turcos, que serían neutralizados en la isla de Cefalonia, en el Mar Jónico (1500); con su nombramiento como gobernador de las italianas Apulia y Calabria (1501); y finalmente con la expulsión definitiva de los franceses de Nápoles, gracias a su victoria en las batallas de Garellano y Cerignola (1503) y a la capitulación de la ciudad de Gaeta (1504), que culminaría en su nombramiento como virrey de una Nápoles integrada en la Monarquía Hispánica, bajo el cetro de Fernando el Católico.  

Sin embargo, el poder y prestigio acumulados por Gonzalo Fernández de Córdoba eran efímeros. La desobediencia del Gran Capitán a algunas disposiciones reales, agravada por algunos rumores que apuntaban a las ocultas ambiciones de Gonzalo de proclamarse como rey de Nápoles, provocó su caída en 1506.

Tras su marcha hacia Castilla, animada por la falsa promesa hecha por Fernando de concederle el importante cargo de maestre de la orden militar de Santiago, el Gran Capitán no regresó jamás a Nápoles. Apartado de la alta política, se retiró a Loja (Granada), donde ejercería el cargo de gobernador de la ciudad. Allí, como un príncipe italiano, rodeado de poetas y músicos, pasaría los últimos años de su vida, afectado por las fiebres palúdicas que había contraído en las riberas del río Garellano durante la campaña de 1503 y entre la nostalgia de las armas y la férrea vigilancia a la que le sometería Fernando el Católico, hasta su muerte en Granada el 2 de diciembre de 1515.

 

RUTA

La ruta discurre por distintas ciudades y fortalezas ligadas a la figura del Gran Capitán. La ruta comienza en el castillo de Almodóvar (Córdoba), donde desde, al menos, 1424 ejercerían el cargo de alcaides, en representación del rey, algunos miembros de las distintas ramas del linaje de los Fernández de Córdoba, habiendo llegado Gonzalo Fernández de Córdoba a fines de la década de 1470 a ocupar por la fuerza la fortaleza en marco de los conflictos entre la Casa de Aguilar, a la que pertenecía el Gran Capitán, y la rama de los condes de Cabra. Tras el castillo de Almodóvar, la ruta sigue hacia la ciudad de Córdoba, donde los Fernández de Córdoba ejercieron un poder importante sobre la vida de la ciudad, manifestada en su posición como alcaldes mayores de Córdoba o en el control que en diversos momentos ejercieron sobre los Reales Alcázares, además de ser el lugar donde el Gran Capitán pasó, bajo la vigilancia del caballero cordobés Diego de Cárcamo, parte de su niñez, hasta el punto de considerarse «hijo de esa muy noble patria de Córdoba», continuando con el castillo de la Mota en Alcalá la Real (Jaén), cuya tenencia, tras haber estado en el pasado en manos de la Casa de Aguilar, habría acabado recayendo en manos de sus enemigos y parientes, la Casa de Cabra, hecho que daría lugar al singular duelo que tuvo lugar en las cercanías de la Alhambra un 10 de agosto de 1470 entre una y otra rama de los Fernández de Córdoba, arbitrado por el emir nazarí Muley Hacen. La ruta concluye en Granada, la capital del emirato nazarí, que Gonzalo Fernández de Córdoba, como representante de los Reyes Católicos, pudo visitar con ocasión de las negociaciones establecidas con el emir Boabdil, que conducirían a la entrega de la ciudad en 1492, y que tras la conquista sería visitada con frecuencia por el Gran Capitán, pues, como nos cuenta un antiguo cronista, en la ciudad del Darro Gonzalo «vivía, al parecer, contento», hasta el punto de que allí pasaría los últimos meses de su vida.  

¿Por dónde transcurre la ruta?

  • Castillo de Almodóvar
  • Palacio de Viana
  • Castillo de Baena
  • Fortalena de la Mota en Alcalá la Real
  • Granada

Descubre los castillos y palacios de esta ruta en detalle

El castillo de Almodóvar fue construido en época árabe en el año 740. Recibió el nombre de Almudawwar, que significa el redondo, en honor a la forma del terreno donde está asentado el mismo.

Perteneció al Califato de Córdoba durante los años de Abderramán III. Cuando Al-Ándalus estaba dividido en diferentes reinos independientes entre sí, conocidos como los reinos de Taifas, el castillo perteneció primero a la de Sevilla, luego a la de Carmona y por último, a la de Toledo.

En 1240, cuatro años después de la reconquista de Córdoba, el castillo fue adquirido por Fernando III "El Santo", quién lo reconstruyó y amplió parte del mismo. 

Durante el reinado de Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", el bastión alcanzó una de sus épocas más esplendorosas, sirviendo éste de vivienda, prisión y de cámara de tesoros, asentándose así su función militar. 

Entre otras personalidades, las mazmorras del castillo de Almodóvar fueron ocupadas por D. Fadrique y Dña. Juana de Lara.

Es en 1900, cuando su propietario, D. Rafael Desmaissières y Farina, XII Conde de Torralva, dedica - durante 36 años- su fortuna y parte de su vida a reconstruir la fortaleza.

 

 

El Palacio de Viana es una casa señorial del s.XV situada en el céntrico barrio de Santa Marina que se ha ido ampliando hasta mediados del s.XX llegándose a convertir en una valiosa muestra de casas solariegas de la nobleza cordobesa.

Estuvo vinculada a la aristocracia cordobesa, en sus inicios hasta el s.XIX al Marquesado de Villaseca, y desde entonces hasta el año 1980 al Marquesado de Viana. Actualmente pertenece a la Fundación Cajasur que la mantiene abierta al público como museo.

Viana ofrece al visitante la posibilidad de visitar una casa nobiliaria vivida y descubrir una evolución de estilos arquitectónicos, artes decorativas y ambientes relacionados con la aristocracia. Te invita al transporte de otras épocas, conocer la evolución de sus formas de vida, en sus gustos y en el importante papel que ejercieron estas elites de poder a lo largo de la historia. Todo queda reflejado en las magnificas colecciones artísticas del palacio: cueros, guadamecíes, pinturas, armas, azulejos, tapices, mobiliario….

La visita se completa con uno de sus principales atractivos, sus doce patios y jardín El patio, heredero de la tradición romana y árabe, tiene en Viana su más amplia representación histórica: desde el patio de vecinos de origen medieval, ejemplo de arquitectura popular, a los patios renacentistas como símbolos de poderío y linaje.

El origen del actual emplazamiento de la villa de Baena hay que situarlo en un hisn (castillo) árabe de nombre Bayyana que ya aparece en las fuentes en relación con la rebelión muladí de Umar ibn Hafsun en la segunda mitad del siglo IX. Tras la pérdida de la función militar de la fortaleza, ésta se convirtió en palacio de los Duques de Sessa, señores de la villa, sufriendo importantes reformas a lo largo de los siglos XV y XVI. El edificio ha sufrido diversas reformas a lo largo de la historia entre las que cabe destacar la adecuación del patio de armas como depósito de aguas potables al municipio en el siglo XX. Recientemente, y gracias a la apuesta decidida del Ayuntamiento de Baena y al apoyo económico del Gobierno de España, a través del 1 % Cultural, se ha llevado a cabo un importante proyecto de recuperación y puesta en valor para hacerla visitable: se han recuperado varias torres entre las que sobresale la Torre del Homenaje denominada de las Arqueras o de las Cinco Esquinas, varios lienzos de muralla y la llamada Puerta del Campo, ubicada en el flanco oriental.

Las tareas arqueológicas que se realizaron como apoyo a la restauración y que consistieron en análisis paramentales y en la apertura de sondeos permitieron documentar una serie de estructuras (muros y torres) fabricadas en tapial de época almohade que, posteriormente, quedaron embutidas y forradas por muros de mampostería a lo largo de los siglos XIV y XV, enmascarando la fortaleza primitiva, aunque esta no debió cambiar mucho en lo que se refiere a su planta original. Cabe destacar la presencia de un imponente recinto subterráneo, a modo de aljibe, de época bajomedieval y de planta cuadrangular, ejecutado sobre dos arcos de descarga.

El acceso actual se realiza por la puerta situada en la Plaza de Palacio desde la que se llega a un hall en cuyo extremo meridional se encuentra la escalera de la Torre del Homenaje, que dispone de varias plantas y una terraza que constituye un singular mirador de la ciudad y su entorno. En el extremo opuesto a esta puerta se localiza la Puerta del Campo que sería la entrada original al castillo que ha podido recuperarse junto a la torre anexa denominada de los Cascabeles. Entre las torres existentes cabe destacar la Torre de los Secretos situada en el ángulo sureste del castillo. En la zona central de la fortaleza, en lo que sería el patio de armas, se ubican los depósitos de agua de la localidad construidos entre los años 1927 y 1959 alterando notablemente la fisonomía del edificio, pero que se han recuperado para un uso turístico-cultural.

La Fortaleza de la Mota, en la provincia de Jaén sorprende por ser una atalaya natural en un mar de olivos que alberga el emplazamiento de la ciudad de Alcalá la Real hasta el s.XVI. En la actualidad el conjunto urbano medieval mejor conservado de Andalucía.

Su estratégico emplazamiento entre la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba alberga el Centro de interpretación Vida en la Frontera, que nos descubre la importancia en la historia de Al-Andalus. 

Qal’at Banu Said o de Benzayde fue su nombre desde el año 713 hasta el 1341, momento en el que Alfonso XI la tomara definitivamente y le concediera el título de Real, convirtiéndose en llave, guarda e defendimiento de los Reinos de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada, durante 150 años. 

Testimonio de esta conquista definitiva se conserva la Ciudad Oculta, una red de galerías subterráneas, que tuvieron una importancia capital en la toma de la ciudad fortificada en el siglo XIV.

El Conjunto Monumental de la Fortaleza de la Mota conserva su trama urbana original y numerosos vestigios del sistema de vida de la época medieval. Cruzando sus puertas descubrirás los elementos de una ciudad medieval fortificada, como las murallas, torres y adarves, que junto a la Alcazaba y Barrio Militar de la ciudad formaban parte del sistema defensivo. O sus bodegas, nevero, barrios como el de El Bahondillo y palacios que han quedado aquí testimonios de otro tiempo para que tú puedas contemplarlos y te transporten a una época de fusión de culturas y credos. Un innovador audiovisual en la Iglesia Mayor Abacial te emocionará y narrará su apasionante historia.

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