Visita los castillos y palacios de España.

A continuación se listan aquellos castillos y palacios en los que disfrutar de tu visita.

El Palacio de Viana es una casa señorial del s.XV situada en el céntrico barrio de Santa Marina que se ha ido ampliando hasta mediados del s.XX llegándose a convertir en una valiosa muestra de casas solariegas de la nobleza cordobesa.

Estuvo vinculada a la aristocracia cordobesa, en sus inicios hasta el s.XIX al Marquesado de Villaseca, y desde entonces hasta el año 1980 al Marquesado de Viana. Actualmente pertenece a la Fundación Cajasur que la mantiene abierta al público como museo.

Viana ofrece al visitante la posibilidad de visitar una casa nobiliaria vivida y descubrir una evolución de estilos arquitectónicos, artes decorativas y ambientes relacionados con la aristocracia. Te invita al transporte de otras épocas, conocer la evolución de sus formas de vida, en sus gustos y en el importante papel que ejercieron estas elites de poder a lo largo de la historia. Todo queda reflejado en las magnificas colecciones artísticas del palacio: cueros, guadamecíes, pinturas, armas, azulejos, tapices, mobiliario….

La visita se completa con uno de sus principales atractivos, sus doce patios y jardín El patio, heredero de la tradición romana y árabe, tiene en Viana su más amplia representación histórica: desde el patio de vecinos de origen medieval, ejemplo de arquitectura popular, a los patios renacentistas como símbolos de poderío y linaje.

Este palacio, más conocido como Casa de Pilatos, es una armoniosa síntesis de la tradición gótico-mudéjar tardomedieval y de las innovaciones del Renacimiento italiano, cuya introducción en Sevilla se debe a sus propietarios, los Enríquez de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, principales representantes de la corona en la Baja Andalucía.

Situado en el centro histórico de Sevilla, su núcleo comenzó a construirse a fines del siglo XV, agregándosele salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida y sociabilidad de las élites de una ciudad enriquecida como metrópolis del mayor imperio ultramarino hasta entonces conocido.

A lo largo del Siglo de Oro, este palacio actuó de tamiz de los nuevos gustos artísticos procedentes de Italia que los sevillanos conocieron primero por las piezas marmóreas traídas de Génova, hace quinientos años, por el I marqués de Tarifa, con ocasión de su célebre peregrinación a Jerusalén que acabaría dando su nombre actual al palacio, y después, por las extraordinarias colecciones escultórica y pictórica reunidas, como Virreyes de Nápoles, por dos de sus descendientes, el I y III duque de Alcalá, obras muchas de ellas presentes aún en el palacio.

Por su organización espacial, su calidad arquitectónica y la riqueza de su decoración, devino el modelo canónico de la arquitectura civil andaluza y el patrón de los palacios sevillanos.

Monumento histórico artístico desde 1931. Construido entre 1395 y 1422 por Ruy López Dávalos. Construido en piedra de granito, de planta cuadrada, con cuatro torreones circulares en cada esquina. Su elemento más característico es la Torre del Homenaje rectangular con una altura de 26 metros, con puertas y ventanas de arco apuntado de medio punto y matacanes. Además, cuenta con el patio de armas, rodeado por la muralla y que en su origen albergaba las dependencias de la servidumbre, cuadras, almacenes y cocinas. La Torre servía de residencia de la nobleza.

"El Castillo sirvió de residencia de personajes como Rodrigo Alonso de Pimentel, Doña Juana de Pimentel a la que se entregó el castillo como parte de su dote por su matrimonio con Don Álvaro de Luna y por quienes el Castillo recibe el sobrenombre de “Castillo de la Triste Condesa”.

Hasta el S. XVIII el Castillo fue la residencia oficial de los Duques del Infantado, pasando a manos del Ayuntamiento de Arenas de San Pedro en 1853, mediante donación de sus dueños"

Durante los siglos XVIII- XIX y XX fueron diferentes los usos a los que se dedicó el Castillo: cárcel, cementerio o almacén.
Actualmente es propiedad del Ayuntamiento de Arenas de San Pedro, y desde 2006 es el contendor turístico y cultural más emblemático de la localidad, después de ser rehabilitado de forma integral.
La Torre cuenta con 4 plantas en las que se albergan: la Oficina de Información sobre El Castillo, la Sala de Conferencias, que sirve además para la celebración de bodas y eventos culturales o musicales, la Sala Medieval, la Tienda – Museo y la Sala de Exposiciones que alberga la exposición permanente del pintor local Manuel Aznar. Desde el Torreón se accede al adarve que circunda todo el Patio de Armas y que ofrece unas vistas espectaculares de la localidad y de la Sierra de Gredos
El Patio de Armas es el lugar perfecto y donde se celebran los conciertos de verano, las representaciones del festival de folclore local o representaciones teatrales y ferias monográficas.

El castillo de Almodóvar fue construido en época árabe en el año 740. Recibió el nombre de Almudawwar, que significa el redondo, en honor a la forma del terreno donde está asentado el mismo.

Perteneció al Califato de Córdoba durante los años de Abderramán III. Cuando Al-Ándalus estaba dividido en diferentes reinos independientes entre sí, conocidos como los reinos de Taifas, el castillo perteneció primero a la de Sevilla, luego a la de Carmona y por último, a la de Toledo.

En 1240, cuatro años después de la reconquista de Córdoba, el castillo fue adquirido por Fernando III "El Santo", quién lo reconstruyó y amplió parte del mismo. 

Durante el reinado de Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", el bastión alcanzó una de sus épocas más esplendorosas, sirviendo éste de vivienda, prisión y de cámara de tesoros, asentándose así su función militar. 

Entre otras personalidades, las mazmorras del castillo de Almodóvar fueron ocupadas por D. Fadrique y Dña. Juana de Lara.

Es en 1900, cuando su propietario, D. Rafael Desmaissières y Farina, XII Conde de Torralva, dedica - durante 36 años- su fortuna y parte de su vida a reconstruir la fortaleza.

 

 

El Palacio Real de Olite es uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes de Navarra. Actualmente, está dividido en tres partes: Palacio Viejo (actual Parador), ruinas de la Capilla de San Jorge, y Palacio Nuevo, que es la parte visitable del monumento.

El  edificio que hoy se visita fue construido entre los años 1402 y 1424, y comprende un complejo conjunto de estancias, jardines y fosos rodeados de altas murallas y rematados por numerosas torres que le dan una espectacular silueta. El promotor de esta obra fue Carlos III “el Noble” (Rey de Navarra entre 1387 y 1425).

Como su sobrenombre indica, a este buen rey de dinastía francesa (Evreux) se le conoce más por su amor por la cultura y la lujosa vida de palacio, que por sus campañas militares, y para dar fe de ello nos dejó este impresionante legado en forma de Palacio, que en su día fue uno de los más lujosos de Europa.

La decoración  ya ha desaparecido pero nos quedan las palabras de un viajero alemán que visitó el palacio en el siglo XV: …”seguro estoy que no hay Rey que tenga palacio ni castillo más hermoso, de tantas habitaciones doradas… Vilo yo entonces bien; no se podría decir ni aún se podría siquiera imaginar cuán magnífico y suntuosos es dicho palacio”.

Carlos III “el Noble” se casó con Leonor de Trastámara en 1375, y juntos tuvieron ocho hijos, entre ellos Doña Blanca (Reina de Navarra entre 1425 y 1441), madre del Príncipe de Viana. Esta familia disfrutó de la vida relajada de la corte olitense hasta entrado el s. XVI.

En 1512, con la conquista de Navarra por parte de la Corona de Castilla, comenzó el deterioro de nuestro Palacio, ya que sólo se utilizó como residencia esporádica de virreyes, gobernadores e hidalgos.

En 1813, durante la Guerra de la Independencia, el Palacio fue incendiado por el General Navarro Espoz y Mina para evitar que las tropas francesas se hicieran fuertes en él. Toda la decoración interior y parte de la estructura ardieron, quedando el Palacio semi-derruido y vacío.

En 1923, la Diputación Foral de Navarra convocó un concurso para elaborar un proyecto de restauración. Las obras comenzaron en 1937 y duraron aproximadamente 30 años.

El Palacio está formado por un conjunto de patios, estancias, fosos y jardines, rematados por numerosas y pintorescas torres a las que también se puede acceder.

El Castillo de Cornatel se alza sobre un altozano de los Montes Aquilanos a unos 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, en Villavieja, en el término municipal de Priaranza del Bierzo, provincia de León.

Es una construcción de una sola muralla recorrida por un paseo (adarve) de ronda defensivo, totalmente almenado al que se accedía por medio de escaleras voladas de pizarra. La abrupta peña en la que se levanta obligó a sus constructores a adaptar las diferentes edificaciones, planteadas a diversas alturas, a tan especiales circunstancias, configurando un recinto de planta triangular.

Dos de sus flancos se encuentran amurallados, mientras que el tercero, en la vertiente nordeste, resulta especialmente inexpugnable de forma natural, puesto que se sitúa en vertical sobre un barranco a una altura aproximada de 180 metros sobre el arroyo de la Indrina, que discurre a sus pies.

Diversos autores se han referido desde finales del siglo XIX a este castillo, limitándose casi siempre a describir los restos visibles en superficie o a consignar algunos datos históricos. Al margen de estos trabajos, el edificio ha sido objeto de varias leyendas en relación con su posible vinculación, en un determinado momento, a la orden de los Templarios, que estuvieron unos cien años, desde el 1213 a 1312.

En esta línea la obra más conocida es la novela del autor romántico berciano Enrique Gil y Carrasco, titulada El señor de Bembibre.

El castillo actual, construido enteramente en mampostería de pizarra, se data, prácticamente en su totalidad, a finales del siglo XV, en época del primer conde de Lemos, señor del mismo. No obstante sus orígenes históricos podrían remontarse a fechas muy anteriores que lo vinculan con el castillo altomedieval de Ulver, abundantemente citado en la documentación de la época, teoría aceptada por la mayor parte de los autores que han escrito sobre esta fortificación.

No obstante, algunos de ellos, entre los que cabe citar a Fernando Cobos, arquitecto encargado del Plan Director de Cornatel, señalaban la existencia en los alrededores del castillo de varios despoblados con restos de estructuras que podrían haberse correspondido con Ulver.

 

Doble fortaleza situada en la sierra del Castell, sobre Xàtiva, por la situación estratégica de la ciudad ha sido escenario y testimonio de numerosos conflictos. Dividido en el Castell Menor y el Castell Major, el primero se asienta sobre restos iberos y romanos.

La sucesivas culturas que han poblado estas tierras lo fueron ampliando y fortificando. Ya tuvo protagonismo durante las campañas de Aníbal, y en el período de Al-Ándalus. Fue más tarde importante, en tiempos del Reino de Valencia, en las guerras contra Castilla, en las de Germanías y en la de Sucesión, así como presidio de ilustres condenados.

Desde el castillo bajan las murallas que abrazaban la Xàtiva altomedieval. Nos encontramos ante una de las joyas de la ciudad, de arquitectura imponente, declarada Bien de Interés Cultural.

A pesar de sus raíces ibéricas y romanas, la mayor parte de las murallas y torres conservadas son de origen islámico o gótico. Una vez en Xàtiva es imprescindible realizar el recorrido por esta fortaleza, desde la cual se observan unas espléndidas panorámicas de la población y su entorno

En un principio debió de erigirse como obra musulmana, resultado del reforzamiento fronterizo en época almohade, a finales del siglo XI, ante el avance cristiano de Alfonso VIII, pasando al lado cristiano cuando éste definitivamente conquistó la zona del Júcar hacia el año 1213.

Quedan escasos restos del castillo islámico, reduciéndose éstos a las cortinas que bordean la plataforma, pues lo que se conserva  pertenece a las reformas hechas por los cristianos, lo único que se conserva de origen musulmán son los dos restos de columnas de tapial nada más entrar a mano izquierda. Aunque profundamente reformado y rehecho, el mismo está construido en mampostería, aunque las partes restauradas se han reconstruido con sillares. Parece ser que el aspecto actual se debe a las fortificaciones llevadas a cabo a mediados del siglo XV, en la época  de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena.

El Castillo está constituido:

  • Patio de Armas
  • Torre del Homenaje
  • Explanada

La Torre del Homenaje es un un torreón pentagonal con dos torrecillas de planta circular en los ángulos rectos.

El interior de la torre consta de tres pisos, se encuentra profundamente restaurado y sus estancias se utilizan como salas de exposiciones temporales y para actos culturales.

Sala 1, en la primera planta, es diáfana de 90m2, la puerta de acceso se encuentra en alto y para entrar se ha construido una paso elevado volado en piedra formado un semiarco de medio punto. 

Sala 2, en la segunda planta de la Torre del Homenaje, es una sala diáfana de 90 m2, el techo se cubre con una bóveda de cañón realizada en ladrillo. 

La comunicación entre las salas se realiza mediante una escalera de caracol abierta en el muro, la escalera se compone de tres tramos, uno que baja hasta la mazmorra y dos que suben que nos conducen al segundo salón y la torre. La iluminación de las salas se resuelve a través de grandes ventanas abiertas en los muros, dejando los vanos aspillerados para los huecos por donde corre la escalera de comunicación.

Terraza superior de la Torre (Torreón) de forma pentagonal consta de dos torres redondas y en los tres picos se situaban los vigías para controlar el paso por Alcalá del Júcar.

La Explanada es de unos 4000 m2,  estaba amurrada menos por una zona, antiguamente el pueblo estaba situado en esta zona que ahora no hay más que cimientos porque en la época de paz la gente se salió a vivir fuera, donde ahora está fundado Alcalá del Júcar.

El Castillo de Láchar es un Bien de Interés Cultural, que encierra una apasionante historia que sólo desde hace 2 años se encuentra abierto al público.

Está situado en la Vega de Granada, en el municipio de Láchar. A 15 minutos de Granada, 5 minutos del aeropuerto Granada-Jaén y 60 minutos de Málaga. Ubicado en el centro del municipio, cuenta con servicios cercanos como restaurantes, bares, comercios, etc.

Desde su apertura al público en 2017 está teniendo un gran crecimiento, algo que sorprende a todos los organismos y que lo está convirtiendo en lugar de visita obligada para el turismo de la provincia.

El Castillo cuenta con su propio equipo de informadores turísticos que acompañan al visitante en todo momento, siendo todas las visitas guiadas en cada uno de los productos que ofrece.

La historia del Castillo de Láchar comienza en el S.XIV con la construcción de una torre vigía de alquería en las tierras de la familia Real nazarí. Tras la conquista de los Reyes Católicos, estas tierras pasan a manos de los Cañaveral, que ampliaran la edificación progresivamente durante generaciones, hasta que en el S.XIX Julio Quesada Cañaveral construye una zona de Palacio que se une al resto de la edificación. Tras su nombramiento como Duque de San Pedro de Galatino y Grande de España, el Castillo-Palacio vivirá su época de mayor esplendor y reunirá entre sus muros a grandes personalidades de su tiempo como el pintor impresionista Joaquín Sorolla, el Marqués de Viana, o incluso el Rey Alfonso XIII, que se hospedó en el Palacio en diversas ocasiones.

En su construcción se utiliza un estilo neoárabe o alhambreño, con gran ornamentación en azulejos y yeserías, incluyendo piezas de gran valor como capiteles nazaríes del S.XIV o puertas talladas del S.XVI. Además el Castillo cuenta con una gran cantidad de mobiliario de un enorme valor artístico. El Castillo posee una rica historia llena de momentos únicos y elementos realmente singulares.

El castillo se encuentra coronando un estratégico cerro a 780 m de altitud, ubicado en la comarca de l’Alcoià,  al interior de la provincia de Alicante.

Su estratégico emplazamiento y proximidad a los recursos hidrológicos y las tierras de cultivo, propiciaron la ocupación del cerro sobre el que se asienta el castillo desde la Edad del Bronce (II milenio a.C.) y durante las épocas ibera y romana (siglos V a.C.-IV d.C.).

Tras un largo paréntesis de siglos, a principios del siglo XI, en pleno dominio musulmán se planificó el “hisn” (castillo), dependiente de la Taifa de Denia. Éste constaba de un área militar en la parte superior del cerro, de la que se ha conservado el aljibe del Patio de armas. En el castillo podemos encontrar un patio de armas que alberga una serie de lienzos de muralla con torres defensivas y estructuras diversas, con distinto grado de conservación, pertenecientes a diferentes momentos históricos: taifal (s. XI), almohade (s. XII-1244), cristiano medieval (1244-1299, siglos XIV y XV) y moderno (s. XVI).

El  Palacio  de tres plantas construido en el s. XIV por D. Ramón de Vilanova,  se encuentra actualmente musealizado y decorado con elementos mobiliarios medievales. En la zona sur de la fortificación encontramos una Torre de planta circular conocida popularmente como “Grossa” construida en 1529,  destaca la grosor de sus muros y posee dos alturas con terraza almenada. Su acceso se realiza por una puerta de arco de medio punto de sillería.

Erigido a finales del siglo XII, el Castillo de Olvera formaba parte del sistema defensivo del Reino Nazarí de Granada, hasta que su toma por las tropas cristianas en el año 1327 lo llevaría a convertirse en bastión casi infranqueable de la Corona de Castilla. Su posición estratégica, a 623 metros sobre el nivel del mar, permitía divisar la línea fronteriza de castillos que separaba las Españas Musulmana y Cristiana. En torno al mismo se comenzaría a formar la ciudad medieval, cercada por lienzos de muralla y torres que culminaban en la alcazaba, y en la que se localizaba la mezquita o el zoco.

Si bien, en la actualidad el castillo presenta evidentes rasgos cristianos en su construcción, fruto de las sucesivas remodelaciones que hubo de sufrir desde su toma por el Rey Alfonso XI, quien acabaría otorgando el señorío a la nobleza, que pasó a ser propietaria de todos y cada uno de los bienes que en él se hallaban, entre ellos su castillo.

En el año 1460, por compraventa de 1.700.000 maravedíes, la Villa de Olvera pasó a manos de los Stúniga a los Girón, uno de cuyos miembros, Pedro Téllez Girón, recibiría en el año 1562, de manos del rey Felipe II, el título de Duque de Osuna. De este modo,  el pueblo de Olvera, y con él su Castillo, pasó a depender de dicha casa ducal durante más de 300 años.

Declarado Bien de Interés Cultural en el año 1985, el Castillo presenta una planta irregular adaptada a las formas del risco donde se asienta. La obra humana se integra plenamente con el relieve, descendiendo en espectaculares pendientes hasta los pies mismos de esta formación rocosa.

Desde el Castillo de Olvera se puede divisar una perspectiva del entorno paisajístico en 360º. Al Norte es posible vislumbrar la Sierra de las Harinas, el arroyo Salado y el Castillo del Hierro, en la localidad sevillana de Pruna. Por el Este, el horizonte lo dibuja el Peñón de Zapapaldar y la Sierra Blanquilla, así como las depresiones del norte de la provincia de Málaga. Por el Sur son visibles los núcleos de Alcalá del Valle y Setenil de las Bodegas, así como la elevación de Malaver. Y en su parte Oeste quedan el núcleo poblacional de El Gastor, el Peñón de Lagarín, el Castillo de Zahara de la Sierra o la Sierra de Líjar, cuyo fondo queda dibujado por la Sierra de Grazalema. Además, rompiendo el horizonte se halla la elevación del Peñón de Zaframagón, declarado Reserva Natural e icono indiscutible de la Vía Verde de la Sierra.

Castillo Palacio de los Fernández de Heredia, Siglo XIV (Gótico Levantino)

El mayor castillo que puedas imaginar.

El Castillo de Mora de Rubielos es un monumento representativo del gótico mediterráneo situado en la parte más alta de la villa sobre un promotorio rocoso.

El Castillo es una maciza construcción de sillería de planta cuadrangular irregular con cuatro torres, patio de armas porticado y galería claustral. Ocupa un área de 4.300 m2 (67 x 65 m.). La rampa de acceso de intra-muros está dispuesta en zig-zag y presenta aspilleras en su recorrido, delatando su función defensiva. Flanqueada la puerta, una ligera pendiente con escalones nos conduce al:

Patio de armas porticado; claustro cuando fue convento. Tiene una superficie total enplanta de 1.400 m2 (38 x 37 m.). De planta casi cuadrado irregular y cuyos arcos apuntados presentan dimensiones distintas. En algunos capiteles aparece decoración de animales o monstruos, pero están muy deteriorados.

Caballerizas. Establos. Sótano al que se accede por un arco sesgado, junto al ángulo que forman los muros. La bajada se efectúa por una suave pendiente escalonada, que en un tiempo fue de tierra. Se llega así a un amplio espacio que en su día soportó a derecha e izquierdas los pesebres del ganado.

Marcas de canteros. Pueden verse todavía grabadas en algunas dovelas que construyen los arcos fajones más próximos a la entrada (y en otras salas del castillo) y son la firma de las cuadrillas de canteros que trabajaron en su talla.

Gran salón comedor o de usos diversos, según el castillo pasase por días de paz o días de contienda, que eran los habituales en el medievo.

Antesala, que podía ser con un poco de imaginación, armería, scriptorium y vestuario.
Hoy alberga parte del Museo Etnográfico, son piezas obtenidas exclusivamente en la misma villa.

Alcoba.Dormitorio principal del castillo de los Fernández de Heredia. Esta estancia está alojada en el hueco de la torre de posición. Este, ofreciendo muy gruesos muros, según puede verse por la profundidad del ventanal y también un acorazado techo con el doble de vigas que precisaría normalmente.

La mazmorra. Prisión de gran seguridad La Gran Escalera, Torre-Puerta Extramuros, Escalera Helicoidal, Sacristía en la Etapa Conventual, Gran Sala de 284 m2, Sótanos Primera y Segunda planta. Cripta de Enterramiento, Cripta.y la Capilla.

Declarado en 1931 Monumento Nacional (la villa será declarada Conjunto Histórico- artístico en 1978), su restauración se inició en 1972 con el desescombro, limpieza y consolidación de arquerías y forjados.

 

El castillo es una montaña en medio de un valle.

Controla la comarca de Els Ports, un amplio territorio de más de 1000 km2 que se fijó en la época islámica y que, aproximadamente, es el paisaje que se ve desde la plaza de armas. Es en la época islámica (7-14-1231) cuando el castillo toma el relevo a Lesera, la ciudad iberromana en el actual término del Forcall, como centro de la Comarca. En esta época (1084) es cuando llega a estas tierras El Cid que estaba al servicio del rey  musulmán de Zaragoza.

La importancia del castillo durante la época cristiana viene dada por su situación en el centro geográfico de la Corona de Aragón. Además era el único castillo en manos de la Corona de Aragón en muchos kilómetros a la redonda, ya que en todo el territorio próximo estaba en manos de las órdenes militares. Jaime I el Conquistador ya manifestó que valía tanto como un condado y que sólo podía estar en manos del rey.

Ha pasado por mil vicisitudes e infinidad de guerras. La guerras de la Unión, (s.XV), Las Germanías (XVI), la larguísima y cruel guerra de Sucesión  a la Corona de España(XVIII), la guerra del Francés (XIX) y las tres guerras carlistas siendo la primera (1833-1840) la más significativa. Aquí nos encontramos con la figura del general Cabrera que tuvo al castillo y Morella como un pequeño estado al final de dicha guerra. Después de las tres guerras carlistas el castillo y el Convento de San Francisco están en manos del regimiento de infantería Otumba con 300 soldados hasta 1911 en que abandonan la plaza.

Su historia, por tanto, abarca desde la época neolítica, donde ya había asentamientos, hasta bien entrado el siglo XX. Toda una historia ligada a la historia de España.

Es monumento histórico nacional des del 4 de junio de 1931.

 

 

El castillo fue construido en el siglo XV por el I Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza. Prosiguió las obras su hijo Íñigo López de Mendoza, quien incorporó al proyecto al arquitecto Juan Guas, uno de los máximos representantes del gótico tardío en Castilla y arquitecto de los Reyes Católicos.

Ambos eran hijo y nieto del Marqués de Santillana, autor de las conocidas Serranillas. Este edificio es plasmación arquitectónica de una sociedad a caballo entre dos épocas, la caballeresca medieval (elementos defensivos como el antemuro o la entrada acodada) y la renacentista humanista, con sus grandes salones, las fachadas decoradas y miradores más propios de un palacio. A pesar de que en la Villa había ya un castillo, Diego Hurtado de Mendoza decidió construir uno nuevo aprovechando los materiales del antiguo para crear un edificio acorde con la relevante posición que iba adquiriendo la Casa Ducal. Todo el edificio se realza con el robusto antemuro defensivo y el paseo de ronda.

El castillo ha experimentado sucesivas rehabilitaciones, como la que culminó en 2007 con diferentes obras que supusieron la creación de un centro de interpretación y el acondicionamiento de las salas interiores, con una decoración que intentaba acompañar la época histórica de la colección de tapices que adornan el monumento.

Recientemente, además, se ha rehabilitado el entorno paisajístico del castillo y se ha creado un espacio que recoge diferentes aspectos de la vida desarrollada a finales del siglo XV. 

El castillo de La Monclova, que tiene su origen en el S.XIV, se emplaza sobre la ciudad de Obulcula S.II a.c. Constituye el último avatar de un secular núcleo de población de las épocas prehistórica, turdetana y romana, y la perduración de la ciudad en forma de alquería a través de la dominación musulmana, como así lo afirman los historiadores y geógrafos de la antigüedad, en sus reiteradas menciones. Su nombre de origen indígena, es el diminutivo de la otra gran ciudad ibérica denominada Obulco, en Porcuna (Jaén).

En el año 1342, el rey Alfonso XI le concedió el castillo de la Monclova a su Almirante de la Mar Micer Egidio Bocanegra como premio a los servicios prestados. Llegado el siglo XVI, estas tierras pertenecían a la familia de la Vega, hasta la muerte en combate del famoso poeta Garcilaso, emparentado con la  Casa de Mendoza por matrimonio de Leonor de la Vega, con Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. El 20 de septiembre de 1617 se concede al señor de la Monclova, Don Antonio Portocarrero y Enriquez de la Vega, el Título de Conde de La Monclova y el 5 de mayo de 1706 la grandeza de España. Ya en el siglo XVIII estas tierras recaen en el Marqués de Ariza y posteriormente se une a la casa del  Duque del Infantado.

En el año 1910, Joaquín de Arteaga y Echagüe, XVII Duque del Infantado reconstruyó el castillo.

En la actualidad ha diversificado su actividad para dar la bienvenida a  visitantes e invitados que desean explorar la encantadora residencia, conocer su historia centenaria y disfrutar  de este  emblemático lugar.

El castillo de La Monclova era de planta rectangular, y disponía de torreones rectangulares, de los que se conservan vestigios en los ángulos norte y este. Aunque fueron muy remodelados con las obras posteriores, los restos más antiguos que se conservan de este castillo datan al siglo XIV, siendo éstos la Torre del Homenaje y tres lienzos del recinto amurallado. La Torre del Homenaje es de planta rectangular, posee dos cámaras superpuestas y una azotea con parapeto y almenas encapuchadas. Esta torre debió ser originalmente maciza, aunque hoy día alberga en su interior la escalera principal del palacio. La entrada al castillo se realiza a través de un pórtico con arco de medio punto sobre columnas y escudos familiares en las enjutas.

En un friso puede leerse "Se acabó año 1668". Desde la entrada se accede a un gran patio porticado en tres de sus lados con arcos semicirculares sobre columnas y escudos de la Orden de la Merced en las enjutas. La capilla luce hoy día un retablo de tendencia castellana de los siglos XVI, procedente del Castillo de Viñuelas, de Madrid, que era propiedad del Duque del Infantado. Las puertas de madera son muestra de la talla del siglo XVII.

La Torre del Homenaje de Monforte de Lemos forma parte del complejo histórico-artístico monumental de San Vicente del Pino junto con el Monasterio Benedictino y el Palacio Condal. Este complejo monumental se emplaza en lo alto del Monte de San Vicente, ubicado en el centro de la villa de Monforte.

Este castillo data de los siglos XIII y XIV y constituye la torre medieval de mayor altitud de toda Galicia con algo más de 30 metros. Se caracteriza por contar con una planta casi cuadrada y por tener unas paredes que pueden llegar a alcanzar los 3,5 metros de grosor en algunos puntos.

En su interior se puede ver todo tipo de mobiliario, como arcones, armarios, mesas y sillas con blasones hidalgos de las viejas familias de Lemos. El castillo cuenta con cuatro pisos. El piso superior está terminado por un conjunto de logrados matacanes y almenas. Por lo que respecta al sótano, decir que hacía de lugar de almacenaje de comida y agua, así como de salida de emergencia en caso de asedio.

La historia constructiva del edificio comprende dos fases.  La más antigua, de los siglos XII-XIV, comprende la cara Este, una parte de la Sur y un esquinal del Norte. La otra parte, construida entre 1470 y 1485 tras quedar destruida entre 1467 y 1469 a causa de la Gran Guerra Irmandiña, abarca la cara Oeste y una parte de la Sur y de la Norte.

Sus funciones eran, la de servir de defensa, servir de residencia para los Condes de Lemos y homenajear y rendir pleitesía a los propios Condes.

El Castillo de la Piedra Bermeja se ubica al sur de Brihuega. Esta circunstancia, en principio atípica, se explica a través de la cronología pues fue el resto de Brihuega la que se construyó a partir del Castillo, de ahí que no se integre en un lugar más céntrico en el municipio.

Entrando por la puerta que existe junto a la iglesia de Santa María, el núcleo central del castillo consta de un espacio central, el más elevado, en el que hoy aparecen construcciones que debieron pertenecer a salones del palacio. Delante, un amplio espacio abierto, restos de otras construcciones, sirve de cementerio. Adosado a este primitivo núcleo constructivo, existe un conjunto de edificaciones al norte, consistentes en una larga nave cubierta de bóveda de cañón, y que hoy se denomina y utiliza como capilla de la Vera Cruz, a la que se entre por una sencilla puerta desde el pardo de Santa María. Desde el nivel superior se accede a la que fue capilla del castillo, y que es hoy la pieza artística más singular que en él se conserva. Es un espacio de dimensiones cuadradas, planta poligonal, con cinco lados, y que constituye un elegante espacio de arquitectura gótica inicial, obra de los primeros años del S.XIII, tiene sus cubiertas formadas por arquerías apuntadas, ojivales, y en el ábside se abren tres ventanales esbeltos y apuntados, mostrando ménsulas de decoración vegetal, y claves en las bóvedas.

Dentro del palacio de armas se alberga la iglesia de Santa María de la Peña, soberbia obra gótica de transición, edificada en el S.XIII y con posterioridad mejorada, así como las ruinas del que fuera convento franciscano de la reforma alcantarina.

Podemos encontrar por tanto en su interior:

  • Sala Noble restaurada en 2017 por el arquitecto Juan de Dios de la Hoz.
  • Capilla Gótico-Mudéjar considerada una joya del Románico de transición.
  • Cementerio municipal integrado.

El castillo de Peracense está situado en lo alto de un peñasco rocoso, muy escarpado, de areniscas de color rojizo, conocidas como rodeno.  La utilización de esta piedra para la construcción de la fortaleza permite obtener un conjunto totalmente integrado en el paisaje.

El sistema defensivo de Peracense está conformado por tres recintos, que aprovechan la topografía del terreno para formar un enclave inexpugnable. 

El recinto superior alberga el núcleo de la fortaleza, siendo éste el lugar donde se localiza la residencia principal, que ocupó el alcaide y su familia. Además, este recinto albergó la armería y uno de los calabozos, y para asegurarse el abastecimiento de agua se habilitó un sistema de recogida y almacenaje, con la presencia de dos aljibes. 

En el siglo XIV se construyó el recinto intermedio, de trazado irregular, siguiendo la forma de las rocas, con la función de proteger los puntos más débiles del recinto superior. En su interior se localizarían la mayoría de los espacios ocupados por la guarnición adscrita al castillo, como dormitorios, cocinas o la capilla.

Pero el castillo siguió creciendo, en su afán de protegerse de las incursiones castellanas, por lo que se construyó el recinto inferior. Se trata de la estructura amurallada más potente de toda la fortificación, una muralla de hasta 3 m. de espesor y una planta en L, reforzada con tres torreones, y dotada de numerosas saeteras. Estaba pensada para dar cobijo a los aldeanos y sus rebaños en la amplia explanada existente. 

El espacio, que actualmente ocupa el recinto fortificado, ha sido habitado desde la Edad del Bronce a la actualidad, posiblemente por la riqueza minera de la zona. 

Aunque dejarse maravillar por el Castillo de los Templarios resulta muy fácil, llegar a conocerlo no es tan sencillo. Con sus 8.000 m2 de superficie, está considerado como uno de los castillos más importantes del noroeste peninsular y es el emblema principal de la ciudad de Ponferrada.

Su arquitectura militar atiende a siglos de historia, donde diferentes pobladores han dejado su huella a través de sucesivas construcciones, reformas, abandonos y rehabilitaciones. Declarado Monumento Nacional en 1924 y Bien de Interés Cultural (BIC), no será hasta finales del siglo XX cuando se haga un gran esfuerzo de recuperación de las murallas y dependencias del Castillo.

El resultado es un monumento multifuncional, donde se desarrollan diversas actividades expositivas, musicales, lúdicas, didácticas y religiosas.

Su emplazamiento siempre ha sido privilegiado en todos sus sentidos. Geográficamente, ha sido lugar de paso obligado entre la Meseta y Galicia, y recorrido obligado para los peregrinos hacia Santiago. Tácticamente, su ubicación sobre un promontorio a orillas del río Sil, ha permitido la protección y defensa de su territorio y del Camino. Localmente, es un hito referente en el casco antiguo de la ciudad, en torno al cual encontramos importantes edificios monumentales: iglesia de San Andrés, las Cuadras (Oficina de Turismo), Casa de los Escudos (Museo de la Radio), Basílica de la Encina, convento de la Purísima Concepción, antigua Cárcel (Museo del Bierzo), calle y Torre del Reloj, Ayuntamiento y antigua plaza de las Eras.

El Castillo de los Templarios, el Camino de Santiago y la ciudad de Ponferrada tienen un pasado y futuro muy unido, donde sus historias se entrelazan y no es posible llegar a conocer uno sin explicar su relación con el resto.

Ubicado en la Sierra de Gredos, a escasamente 90km de Madrid, el castillo de La Adrada lleva dominando el paisaje del Valle del Tiétar desde el siglo XIV.  Construido sobre una iglesia gótica de 1250 que, a su vez, parece que estuvo construida sobre otro castillo de origen romano, el castillo gana en relevancia a partir del siglo XIV con la designación de La Adrada como Villa.  Fue estancia temporal de Enrique III, Juan II, Enrique IV y de los Reyes Católicos, ampliándose en tamaño y en instalaciones que garantizaban una mejor seguridad, caso de sus murallas hasta que, a partir del siglo XIX, empieza a caer en ruinas.  Fue víctima del expolio de propios y extraños.  En ese estado en que se encontraba hasta finales del siglo XX, momento en el cual, se cede al Ayuntamiento de La Adrada y con el apoyo de varias instituciones, es restaurado y se comienza con su apertura al público en 2004.

Desde entonces hasta hoy, el castillo de La Adrada ha recobrado uso y vida.  Con una entrada de 3€, reducida para grupos y gratuita los miércoles, el visitante puede pasear por el castillo y sus murallas, informarse de su historia a través de una proyección audiovisual, y visitar el Centro de Interpretación Histórica del Valle del Tiétar.  Este Centro de Interpretación explica los orígenes y tradiciones de los muchos y bonitos pueblos que forman el Valle del Tiétar, sus montes más representativos y otras curiosidades de la zona.

Pero el castillo no se limita a ser un monumento digno de ver y de admirar si no que es un edificio público que se está usando para muchos eventos culturales y sociales incluyendo bodas.

Desde 2004, el Castillo es el epicentro del Mercado Medieval de La Adrada con torneos de arco, conciertos de madrigales, y obras de teatro. 

Desde 2018, es también el escenario principal del Festival de Verano Tiétar – festival de La Adrada - acogiendo una media de 15 actuaciones al año.  Por el escenario situado en el original ábside de la iglesia gótica del siglo XIII, han actuado artistas de la talla de Carlos Núñez, Bebe, Paco Ibáñez, Luar Na Lubre, Hevia… 

También desde hace más de un lustro, es uno de los lugares preferidos por estudios de grabación de películas y series televisivas como Águila Roja, Reinas, El Ministerio del Tiempo, Isabel, El Cid…

En resumen, un lugar con mucho encanto dispuesto a recibir su visita.

 

 

 

El Castillo de la Atalaya de Villena fue construido por el Imperio Almohade a finales del s. XII, como refugio para la población musulmana ante el avance de los reinos cristianos peninsulares. De esta época data la muralla interior y los dos primeros pisos de la torre del homenaje, con sus imponentes bóvedas, únicas en los castillos de España junto con la fortaleza de Biar. Jaime I conquistó el castillo en 1240 y, tras el Tratado de Almizra, el Señorío de Villena pasó a los dominios de la familia Manuel, primeros señores feudales.

En el siglo XIV fue Príncipe de Villena el famoso escritor Don Juan Manuel, autor de El Conde Lucanor. Además, en el castillo residió su segunda esposa, la Infanta Doña Constanza de Aragón, lo que obligó a efectuar las primeras reformas, con la construcción de la capilla de la Virgen de las Nieves, cuyos restos todavía son visibles. En el siglo XV, el castillo fue gobernado por la poderosa familia Pacheco, Marqueses de Villena, que incorporaron dos nuevos pisos a la torre y levantaron la segunda muralla.

En 1476, los Reyes Católicos arrebataron el castillo a los Pacheco tras un duro asedio, del que quedan numerosos proyectiles de piedra en el patio de armas. Durante los siguientes siglos, el castillo fue protagonista en las guerras de las Germanías, la Sucesión o la Independencia, como muestran los formidables impactos de artillería existentes y los grafitis realizados por presos.

La Fortaleza de la Mota, en la provincia de Jaén sorprende por ser una atalaya natural en un mar de olivos que alberga el emplazamiento de la ciudad de Alcalá la Real hasta el s.XVI. En la actualidad el conjunto urbano medieval mejor conservado de Andalucía.

Su estratégico emplazamiento entre la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba alberga el Centro de interpretación Vida en la Frontera, que nos descubre la importancia en la historia de Al-Andalus. 

Qal’at Banu Said o de Benzayde fue su nombre desde el año 713 hasta el 1341, momento en el que Alfonso XI la tomara definitivamente y le concediera el título de Real, convirtiéndose en llave, guarda e defendimiento de los Reinos de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada, durante 150 años. 

Testimonio de esta conquista definitiva se conserva la Ciudad Oculta, una red de galerías subterráneas, que tuvieron una importancia capital en la toma de la ciudad fortificada en el siglo XIV.

El Conjunto Monumental de la Fortaleza de la Mota conserva su trama urbana original y numerosos vestigios del sistema de vida de la época medieval. Cruzando sus puertas descubrirás los elementos de una ciudad medieval fortificada, como las murallas, torres y adarves, que junto a la Alcazaba y Barrio Militar de la ciudad formaban parte del sistema defensivo. O sus bodegas, nevero, barrios como el de El Bahondillo y palacios que han quedado aquí testimonios de otro tiempo para que tú puedas contemplarlos y te transporten a una época de fusión de culturas y credos. Un innovador audiovisual en la Iglesia Mayor Abacial te emocionará y narrará su apasionante historia.

Castillo de Garcimuñoz, que es Conjunto Histórico desde 2002,  tiene la peculiaridad de poseer dos castillos, uno encima del otro. Son el castillo que habitó don Juan Manuel desde 1312 y el que mandó construir el marqués de Villena don Juan Pacheco en 1458.

Las primeras referencias al castillo de origen árabe datan del año 1172 en que el emir Abu Yacub Yusuf, de paso hacia Huete, lo destruye y esclaviza a sus mujeres y niños. Restaurado por Garcí-Muñoz, fue habitado por don Juan Manuel quien desde él controlaba el señorío de Villena, tal como siguieron haciendo los sucesivos marqueses hasta que don Juan Pacheco trasladó el centro de control a Belmonte. 

En la visita a este castillo se puede apreciar la muralla norte-sur que lo protegía, y diversas dependencias del mismo organizadas con respecto a un patio interno que actuaba como distribuidor. 

El castillo de don Juan Pacheco comenzó a construirse en 1458 sobre los restos del anterior que fue demolido. El maestro que lo construyó fue Martín Sánchez Bonifacio, uno de los integrantes de la escuela de Toledo. 
Es un castillo de transición al fuerte abaluartado.

Es de estilo gótico isabelino como lo testimonian sus troneras de cruz y orbe y el bocel decorativo que rodea todo el castillo por debajo de las ventanas del segundo piso, las puntas de diamante y bolas abulenses de su portada, etc. 

Su destrucción y el rebaje de sus lienzos y torres ocurren a partir del año 1663 en que una crujía del castillo se convierte en la actual iglesia de san Juan Bautista, inaugurada en 1708. Los muros del castillo sirvieron de cantera para las obras de la iglesia. 

El castillo ha sido restaurado recientemente (2010-2016) por Izaskun Chinchilla en estilo postmoderno. Una restauración polémica, donde la escultura se mezcla con la arquitectura, pero digna de ser visitada para valorar los distintos estilos de restauración de castillos.

La rehabilitación realizada permite visitar:

  • La torre del homenaje con 16,5 metros de diámetro en la que se ha recuperado el aljibe original.
  • Las cuatro ventanas góticas del segundo piso y las singulares ventanas del primero.
  • El interior de la torre suroeste que finaliza la visita a este castillo y conduce a la plataforma que da acceso al castillo de don Juan Manuel, en ella hallamos 40 chimeneas solares hoy solamente decorativas.

El Castillo de San Pedro, conocido popularmente como La Ciudadela de Jaca, es el ejemplo mejor conservado en Europa de fortificación pentagonal del S. XVI. Se colocó la primera piedra en el año 1592, por orden del rey Felipe II, siguiendo los planos del arquitecto italiano Tiburcio Spanoqui. La fortificación se levantó para defender y controlar la principal vía de penetración desde Francia por el Pirineo central, previniendo así los ataques de los hugonotes franceses, protestantes que en ese país libraban una guerra de religión contra el poder católico. Estamos en el estratégico paso del río Aragón, practicable casi todo el año. Por ello, al tiempo que se construía la Ciudadela se levantaban y reforzaban el castillo de Canfranc y las torres de Espelunca y Santa Elena. Jaca sería el punto central de la defensa y suministro logístico  de los valles pirenaicos de Ansó, Echo, Aragón y Tena.

La Ciudadela de Jaca se construyó en base al uso eficaz de la artillería, tanto de forma defensiva como ofensiva. Así, su planta perfectamente regular es de líneas rectas y ángulos que permiten enfilar las armas para una mejor defensa, ángulos que también dificultan al enemigo su ataque. La pólvora y la rápida evolución de la artillería cambiaron la forma de construir las defensas. De las mentes de ingenieros militares y matemáticos como Sangallo, Vitelli, Francesco de Marchi, Niccolo Tartaglia,  Pedro Luis Escrivá o el mismo Spanoqui salieron formas geométricas que buscaban la perfección defensiva; la traza pentagonal fue la mejor opción. Así la ciudadela se levantó con cinco baluartes, su característica principal.

Una fortificación de estas formidables características respondía a la necesidad de defender firmemente un territorio estratégico. Al mismo tiempo, un edificio con estas prestaciones necesitaba un llano del que obtener recursos y con el que poderse defender. Jaca era la localización idónea al hallarse en una planicie del Valle del Aragón: desde esta estratégica posición se podían obtener recursos, controlar los pasos y ofrecer una gran resistencia.

La Ciudadela destaca entre el patrimonio militar español por el excelente estado de conservación de sus elementos principales, llegando su estructura intacta a nuestros días como consecuencia de la ocupación y uso continuado por parte de diferentes Unidades del Ejército que han asumido el compromiso de su cuidado y mejora permanente. No en vano fue galardonada con el premio Europa Nostra en 1985 concedido por la Comisión Europea. Así, además de haberse conservado sus cinco baluartes y diez casamatas, mantiene sus cuarteles, fosos, camino cubierto y glacis intactos, ofreciendo un gran espacio con suave pendiente de césped para usos lúdicos.

Sobre un cerro, y custodiando el camino que unía la costa con Castilla, se alza el Castillo de San Vicente de Argüeso. Construido durante los siglos XIII-XV,  representa el más destacado y antiguo ejemplo de castillo roqueño de Cantabria, siendo el único castillo interior que existe en la Comunidad.

El castillo fue uno de los puntos fuertes del Señorío de la Vega desde el que defendieron sus intereses en Campoo de Suso. En el siglo XV, es titular del mismo Doña Leonor de la Vega, esposa del Almirante de Castilla, Don Diego Hurtado de Mendoza y madre de Iñigo López de Mendoza, el ilustre Marqués de Santillana, uno de los protagonistas fundamentales de la política castellana de aquel momento, más conocido, quizás, por la calidad de su obra poética. A la muerte del Marqués, en 1458, le sucede su primogénito, Diego Hurtado de Mendoza, quien merced a la fidelidad demostrada a los Reyes Católicos, sería nombrado en 1475 Duque del Infantado y Marqués de Argüeso y de Campoo.

El castillo pasó a ser desde entonces la sede del Marquesado de Argüeso, que se organizó bajo una administración independiente en algunos aspectos a la de la Merindad de Campoo. Don Mariano Téllez Girón, duque de Osuna y último marqués propietario del castillo, lo venderá en 1873, pasando desde entonces por diferentes manos particulares. La última propietaria del castillo, Doña Teresa Rábago, donará el castillo al Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso en 1962 con la “única” condición de que se rehabilite, siendo éste el titular de la fortaleza hasta la actualidad.

Declarado Bien de Interés Cultural en 1983, el castillo fue restaurado por el Ayuntamiento de la Hermandad de Campoo de Suso y el Gobierno Regional en 1988, destacando el gran trabajo artesanal realizado sobre madera noble por la familia Sobaler y su equipo de artesanos locales. Con motivo de esta restauración, fueron encontrados en el sótano de la torre sur los muros de la antigua ermita de San Vicente Mártir (S. IX), alrededor de la cual se generó una necrópolis aún visible en el patio de armas del castillo

En agosto de 1999, el Castillo abre sus puertas al público funcionando como centro cultural, acogiendo tanto exposiciones temporales, como otros eventos lúdico-festivos

El Castillo de Cullera es una construcción del siglo X, de la época califal, levantado sobre restos de otra edificación Ibero-Romana. Fue en el momento de la reconquista cuando el Rey Jaime I decidió reformarlo y ampliar la fortaleza.

El conjunto está formado por un conjunto de 5 torres,  la fortaleza y dos recintos fortificados, así como el Alt del Fort, un fortín construido en el siglo XIX durante la Guerra Carlista. También en el siglo XIX se adosó al Castillo de Cullera el  Santuario de la Virgen del Castillo, una bella construcción de origen neorromántico.

El paseo entre sus murallas es una vuelta al pasado. Caminar entre sus pasillos y salas más emblemáticas dejando volar la imaginación, ponernos en la piel de todos aquellos que vivieron y lucharon entre los muros de esta robusta fortaleza hace más de diez siglos, es una experiencia que no hay que perderse. Durante la visita podremos disfrutar de un museo, de la capilla de la virgen y por supuesto de la sala de armas.

El actual castillo de Puebla de Sanabria se levanta sobre el mismo emplazamiento en el que estuvo el castillo del siglo XIII. De este anterior recinto son pocos los datos que se tienen, ya que sus escasos restos no han permitido más que influir su planta. Algunos historiadores han querido ver como única fortificación anterior a la actual una torre fuerte, conocida como “de los Losada”, sin embargo mayoritariamente se tiende a pensar que la construcción plenomedieval fue un castillo en el mismo emplazamiento y de similar tamaño del actual.

Pertenece al grupo de castillos obtenidos por favor real en beneficio de familias nobles que en determinadas circunstancias apoyaron a los monarcas en sus empresas. Llegado a manos del III Conde de Benavente, Alonso Pimentel, cabe suponer que emprendió las obras de levantamiento del nuevo castillo hacia mediados del siglo XV, según se deduce de su testamento, fechado en 1455.

Las obras serían reanudadas por el IV Conde, Rodrigo Alonso de Pimentel junto a su mujer María Pacheco, quienes entre los años 1477 y 1482 construirán la mayor parte de la obra. Aunque a estos corresponde la mayor parte de las obras de levantamiento de la fortificación, debieron ser sus sucesores, Alonso de Pimentel y Ana de Velasco los que terminarían las obras definitivamente

Actualmente el castillo, es uno de los monumentos más visitados de toda la Provincia de Zamora, registrando hasta 50.000 visitantes en el 2017.

El castillo de San Marcos, sito en El Puerto de Santa María, Cádiz, fue construido en el siglo XIII, configurado como una iglesia fortaleza fronteriza con el reino nazarí de Granada bajo el reinado de Alfonso X el Sabio, Rey castellano-leones que tomó la población de la entonces Alcanatif y pasó a integrarla a los reinos de Castilla y León.

El castillo de San Marcos está construido en un lugar clave tanto estratégico como espiritual. La construcción más antigua en este emplazamiento data del siglo primero, un templo romano construido en lo que era el punto más elevado de Portus Gaditanus, una pequeña aldea de pescadores dedicada sobre todo a la obtención de Sal y la pesca en la bahía.

Esta estructura estuvo marcada por las distintas vicisitudes a las que se vio enfrentada toda la zona circundante como la invasión visigoda y la posterior conquista árabe desde el norte de áfrica, transformándose el templo en iglesia y mezquita respectivamente.

Con el aumento de población experimentado por todo el califato andalusí en el siglo X se funda la alquería de Alcanatif donde antaño se situaba Portus Gaditanus y, erigen la mezquita que hoy guarda este emblemático castillo. Es precisamente la estructura de mezquita lo primero que resalta en el interior del Castillo: templo de tradición cordobesa que utiliza las columnas de mármol del ya desaparecido templo romano para dar soporte al techo y las bóvedas del interior del edificio.

Resalta en la mezquita no solo los arcos de herradura que se encuentran distribuidos en todo el espacio, sino el mihrab situado en el muro de la quibla. Mihrab que ha perdurado hasta nuestros días sobreviviendo a 7 siglos de culto cristiano.

Tras la toma de Alcanatif por parte de Alfonso X, esta pasó a formar parte del reino de Castilla y León bajo el nombre de "Santa María del Puerto" y el mismo monarca ordenó no solo la reconversión de la mezquita en iglesia cristiana sino el inicio de las obras para convertirla, también, en fortaleza y puesto fronterizo con el reino Nazarí de Granada dándole entonces el nombre de "Castillo de San Marcos" en honor a la onomástica del día de la conquista de Alcanatif, el 25 de Abril.

Hasta el siglo XIV, el Castillo y la población de Santa María del Puerto formaban parte de la corona Castellana hasta que se le otorga el dominio a Luis de la Cerda, primer duque de Medinaceli, ducado que ostenta la propiedad del castillo hasta el siglo XIX y bajo su orden se realizaron las distintas obras del castillo de ampliaciones y adhesiones que hoy podemos ver.

Las más representativas datan del siglo XV, periodo en el que la casa ducal invierte una buena cantidad de recursos en la población, financiando también, la construcción de la Iglesia prioral de la ciudad.

Ya en el siglo XIX la titularidad del castillo pasa a manos del ayuntamiento de la población que consigue mantenerlo a duras penas realizando reformas y reconstrucciones tratando de buscar su conservación. Hoy, pertenece al Grupo Caballero que ha conseguido mantener con éxito y en buen estado este monumento tan emblemático de El Puerto de Santa María.

Se levanta sobre un castro celtibérico, y fue edificado a partir del siglo XI adosado a un ángulo de la muralla. Su construcción se prolongó hasta el siglo XVII, por lo que tiene una mezcla de estilos arquitectónicos muy característica, aunque predominan el gótico y el renacentista.

En su construcción participaron algunos de los arquitectos más famosos de la época: Hanequin de Bruselas, Juan Guas o Juan de Álava, autor del actual patio de armas.

Es de forma irregular y tiene una superficie de 1.025 m2. Destaca su patio de armas, así como la torre del homenaje, de 20 m de alto, que conecta con la crujía oriental que albergó una de las armerías más ricas y valiosas de España. Está rodeado por una barbacana exterior, y conecta a través de un tapial con el antiguo bosque de caza del castillo, ahora parque municipal.

Fue propiedad de validos reales como el Álvaro de Luna o Beltrán de la Cueva, y entre sus huéspedes más ilustres destacan los reyes de Castilla, como Sancho IV, o su mujer doña María de Molina, que celebró las cortes del reino en 1297, o Juan I y su mujer doña Leonor, que murió en el castillo. También destacan el pintor Parcerisa, José de Espronceda, el general Hugo o el duque de Wellington.

En 1997 surgió el Castillo Habitado, la primera visita teatralizada de España. Además de un espacio turístico, es un instituto de Educación Secundaria, y sede de la Fundación de la Casa de Alburquerque, que custodia uno de los archivos nobiliarios más importantes del país.

La fortaleza se comenzó a construir a mediados del siglo IX durante la época de esplendor del califato de Córdoba, concluyendo su construcción a mediados del siglo XIII por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, mas de 350 años de construcción ininterrumpida y de ahí que en la actualidad se puedan visitar en un solo edificios los vestigios de tres castillos diferentes.

La orden le convirtió en la capital de un extenso priorato. La cesión del castillo y su alfóz a los caballeros se realizó en el año 1.183 por Alfonso VIII, aunque la fortaleza ya había sido reconquistada por Alfonso VI, justamente cien años antes, siendo lugar de enfrentamientos bélicos constantes, esta se perdió pasando de cristianos a musulmanes en repetidas ocasiones hasta pasar definitivamente al reino de Castilla.

Las ampliaciones y reformas del castillo continuaron a lo largo de los siglos para adaptarse paulatinamente a los usos y costumbres de cada época, dotándole de archivo, capilla, sala capitular, aljibes, potentes defensas (era necesario romper 7 puertas para acceder al núcleo central de la fortaleza y el grosor medio de sus muros es de 4.5 metros y la altura de sus torres de 30 metros, lo cual, unido a su posición estratégica, le daba un aspecto inexpugnable).

Su última ampliación se realizó en el siglo XVII con la intención de albergar una nueva ermita. La fortaleza continuó habitada hasta prácticamente principios del siglo XIX. En el año 1.813 el edificio fue volado por las tropas de Napoleón quedando en ruinas.

En 1.837 sufrió el proceso desamortizador de Mendizábal para ser adquirido por el Ayuntamiento en 1.962. Actualmente se halla en fase de rehabilitación habiéndose recuperado el 50% del castillo.

Hoy en día se pueden visitar dos de tres aljibes, la galería, la nave de archivos, la ermita, la sala capitular, la torre albarrana, las terrazas, el jardín, la barbacana y los pasos de ronda, siendo utilizado para representaciones teatrales y eventos culturales.

Se trata del castillo más grande de la provincia de Cádiz. Considerado único en su género, se encuentra en el punto intermedio entre las fortalezas medievales casi inexpugnables y los modernos fuertes artillados: aquellos que comenzaban a ser capaces de resistir la artillería de pólvora. Es además uno de los castillos mejor documentados de España.

El Castillo fue construido a finales del siglo XV por D. Enrique Pérez de Guzmán, II Duque de Medinasidonia,  quien después de aumentar considerablemente la riqueza familiar y situada la Casa de Medinasidonia como una de las principales del Reino de Castilla, emprendió la obra de este singular edificio. Probablemente terminado en 1477, un año más tarde fue visitado por la Reina Isabel la Católica, quien según la tradición, vio el mar por primera vez desde su torre más alta, desde donde se vio partir a Cristóbal Colón en su tercer viaje a las Indias en 1498, a Magallanes en 1519 y la vuelta de  dicha expedición a cargo de Juan Sebastián Elcano en 1522, tras dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia.

Tras una exhaustiva restauración llevada a cabo por la empresa OFFICIA S.L,. actual gestora del monumento, el castillo abrió sus puertas por primera vez para visitas en julio de 2006. En la actualidad, y ya convertido en el monumento más visitado de Sanlúcar de Barrameda, es todo un referente en cuanto a turismo cultural y de visita obligada para locales y foráneos

El Palacio del Infante Don Luis de Borbón, fue un proyecto encargado al arquitecto Ventura Rodríguez, ejecutado por los hermanos Thomas, quedando inconcluso tras la muerte del Infante, construyéndose solo el ala derecha y parte de la fachada principal, con su pórtico monumental de inspiración romana, de líneas muy sobrias, decorada en estilo neoclásico inglés.
El Palacio del Infante Don Luis de Borbón ha sido declarado Bien de Interés Cultural, BIC, en 2012.
El Palacio cuenta con 3 plantas, a las que se accede desde el pórtico y un gran zaguán que acoge la gran escalera imperial, un espacio cuadrado con doble altura, cubierto por una bóveda y delimitado por una arquería perimetral con balcones.
Los años que el Infante vivió en El Palacio, fueron años de esplendor cultural. El Infante vivía por y para el arte, considerado uno de los mecenas más importantes, además de un gran coleccionista, consiguió una de las bibliotecas de ciencias más importantes, y mejor dotadas, especialmente en botánica y zoología, con su extensa colección de arte y un Gabinete de Historia Natural, lo que hizo posible que Arenas se encontrara en la vanguardia de su tiempo.
Entre los grandes personajes que pasaban temporadas en el Palacio Arenense se encontraban, el compositor Luigi Boccherini y el pintor Francisco de Goya, quien pasó tres veranos en Arenas, dedicándose a pintar cuadros de la familia.
El Infante falleció en Arenas el 7 de agosto de 1785, lo que supuso el final de la corte del Infante en Arenas y el abandono del Palacio y casi su total desmantelamiento.
Entre 1785 y 1796 el Palacio sirvió de acuartelamiento y años después fue ocupado por las tropas napoleónicas, sirviendo de fortín, hasta que ya en el S. XIX se convierte en seminario.
En 1989 el Ayuntamiento de Arenas de San Pedro adquirió el Palacio y comenzó la labor de revalorización y rehabilitación del edificio y sus jardines, configurándolo no solo como un contenedor cultural, sino dotándole de mejoras estructurales y estéticas, lo que hacen que hoy sea un de los emblemas de la ciudad y un referente cultural y turístico para arenenses y visitantes.
Desde 2018 el Palacio es la Sede del Museo de los Premios Gredos de Pintura,
Además de contar con eventos que ya tienen años de trascendencia: como el Festival Luigi Boccherini y las Jornadas Palaciegas, Exposiciones, Festivales y Conciertos. Sin duda un calendario de eventos que trata de rememorar los años dorados de la Corte de Don Luis.

Este conjunto arquitectónico, mitad fortaleza medieval, mitad palacio neogótico, está formado por dos torres unidas por un edificio habitable y un patio de armas, rodeados por una doble muralla. Su origen está vinculado con la figura de Paio Méndez Sorrede, hablamos del s. XII. Concebida como edificación fortificada de carácter militar y defensiva hasta el siglo XV, evoluciona coherentemente, de torre de defensa a fortaleza con doble recinto amurallado. 

Pedro Madruga

Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, fue el personaje más singular de los relacionados con el castillo. Hizo de él la base de sus correrías en el siglo XV, época de máximo esplendor de la Casa de Soutomaior.

Se convirtió en leyenda por su intervención en múltiples episodios de la historia de Galicia, como sus enfrentamientos con los irmandiños, con la jerarquía eclesiástica y con otras familias nobles. A él se debe la reconstrucción de la fortaleza tras ser destruida por las revueltas irmandiñas en el s. XV, adaptándola al empleo de armas de fuego, introducidas por primera vez en Galicia.

ETAPA RESIDENCIAL

Tras tres siglos en declive y total abandono, a finales del siglo XVIII adquirió carácter residencial, cuando fue adquirido por el marqués de Mos, quien coloca su escudo de armas en la actual entrada sur.

En 1870 los marqueses de la Vega de Armijo lo transforman en residencia veraniega, convirtiéndolo en un palacio neogótico en el que destacan la capilla y la galería de damas. Ellos son también los responsables de la creación del parque y de los jardines. Declarado en 2012 Jardín de Excelencia Internacional en Camelia.

María Vinyals, sobrina del Marqués de la Vega de Armijo y heredera del Castillo de Soutomaior, construye junto con su esposo el Dr. Enrique Lluria un sanatorio en las inmediaciones del castillo. Pero las actividades políticas de ambos les hacen perder la propiedad a principios del siglo XX, propiciando el progresivo abandono y deterioro de la fortaleza.

En 1982 la Diputación de Pontevedra adquiere el castillo y las propiedades que lo rodean, llevando a cabo una gran rehabilitación del conjunto, pero manteniendo su estructura original para llevarlo a fines culturales.

La Torre Palacio de los Orgaz fue construida a finales del siglo XIV - XV por la Casa de Mendoza, una de las más poderosas de Álava, para controlar la principal vía de comunicación de la Sal de Añana. Hacia el sur controlaba el camino hacia Castilla y hacia el norte la ruta hacia los puertos marítimos del Cantábrico.

La Torre fue construida a finales del siglo XIV o primeros del XV, en piedra arenisca de sillería bien labrada. Tiene planta rectangular de 17’3 m (N-S) y 13’4 m (E-O); la altura máxima que alcanza la torre es de 25 m y sus muros en la parte baja tienen 2 m de espesor. Está rematada por un voladizo almenado, sustentado por modillones de triple curva.

En todas sus fachadas se abren vanos con forma de saeteras de gran derrame y ventanas geminadas, son únicas en las torres alavesas las saeteras de 1’25 m de altura aproximadamente rematadas en arcos lobulados.
El Palacio es de finales del siglo XV o principios del siglo XVI. Se sitúa al oeste de la Torre, donde tiene su acceso principal. Su planta es rectangular de 27’3 m x 12’6 m. Está realizado en piedra arenisca de sillería.

La entrada principal al palacio está rematada por un arco conopial, el cual está sustentado en medios pilares góticos que descansan en basamentos altos y culminan en pináculos. Sobre el arco van dos escudos, el de la derecha ostenta las armas de los Hurtado de Mendoza y el de la izquierda el de los Guzmán y los Toledo. Todo el conjunto está enmarcado en arrabá.

El Castillo de Loarre es una de las fortalezas románicas más antiguas y la mejor conservada de Europa. Situado en la frontera natural entre el valle del Ebro y la cordillera de los Pirineos, el castillo domina la llanura de la Hoya de Huesca desde un risco pétreo a 1070 m. de altitud. Construido a lo largo del s. XI en diferentes fases que fueron respondiendo a necesidades distintas.

La primera fase se inicia hacia el año 1020 por el gran rey pamplonés Sancho el Mayor, que en su afán de proteger de los ataques musulmanes sus condados pirenaicos, aprovecha las montañas del prepirineo oscense para instalar una serie de fortalezas que crearán una auténtica frontera fortificada, de la cual Loarre será uno de sus últimos eslabones. De ésta primera fase destacan las dos torres principales y la capilla románica de Santa María. La segunda fase la inicia su nieto, el segundo rey de Aragón Sancho Ramírez, hacia el año 1071, que con el respaldo de la Santa Sede decide rodear la antigua fortaleza de su abuelo, que seguía siendo frontera, con un gran monasterio que albergará una orden de canónigos agustinos, uniendo en Loarre la espada y la cruz, la función militar y la monástica. De ésta fase destaca la impresionante Iglesia de San Pedro, una joya única de la arquitectura románica coronada por una espectacular cúpula.

La última fase de construcción se demorará hasta finales del s. XIII, y es la muralla jalonada de torreones semicirculares que recorre los más de 170 m de perímetro, y que rodeaba no sólo la fortaleza, sino también  un pequeño poblado surgido al amparo del castillo, y que es el origen del Loarre actual. Será ya en los albores del Renacimiento cuando tan magna fortaleza se abandona definitivamente quedando su presencia impertérrita en lo alto de la sierra de Loarre.

De estilo gótico mudéjar, fue mandado construir por Don Juan Pacheco, Marqués de Villena en 1456, hombre de confianza del Rey Enrique IV de Castilla y señor más poderoso del reino en su época.

La planta de este castillo en forma de estrella es única y su interior palaciego decorado con lujosas techumbres mudéjares en sus salones y galerías, así como su “bestiario medieval” esculpido en piedra, no tienen parangón en España y sin duda hacen de este castillo uno de los más emblemáticos de nuestro país.

El castillo se encuentra en perfecto estado de conservación gracias al esfuerzo de sus propietarios a lo largo de los siglos, y que se ha visto culminado con la última restauración, apoyando en esta ocasión las instituciones públicas el esfuerzo de la Casa Ducal de Peñaranda y Montijo, descendiente del Marqués de Villena y propietaria del Castillo.

El Castillo de Belmonte reabrió sus puertas al público en julio de 2010 y ofrece al visitante un recorrido cultural a lo largo de la historia de tan emblemático monumento, desde el siglo XV hasta la actualidad. La visita cultural dispone de audio-guía en 4 idiomas (español, inglés, francés e italiano), sala de audiovisual en gran formato con proyección de 12 minutos como introducción al recorrido turístico, y tecnologías de luz y sonido que trasladan al visitante a otra época.

Además,  desde el mes de Agosto de 2018, a los pies de la fortaleza se encuentra el mayor parque histórico-temático de máquinas de Asedio a escala real del mundo, Trebuchet Park. 

A lo largo de la visita se podrán ver 40 máquinas de asedio en cuatro ámbitos temáticos diferenciados: mundo cristiano, mundo musulmán, mundo oriental y renacimiento. En cuanto a la cronología, las piezas de los tres primeros espacios se sitúan entre los siglos V y XIV y en el siglo XV las del mundo Renacentista.

Todas las máquinas han sido probadas y funcionan tal y como lo hicieron en su época, y han sido reconstruidas con el mismo material empleado en cada período y con el máximo rigor histórico de acuerdo con la documentación existente (miniaturas, grabados, textos de la época, representaciones iconográficas o restos arqueológicos).

 

 

 

 

 

 

 

El Castillo de Valencia de Don Juan es una fortaleza que se asienta sobre el solar de cuatro fortificaciones anteriores y ha sido espacio de asentamiento humano desde el Bronce Final, hace 3.000 años.
La fortaleza actual es un claro referente de la arquitectura gótico-militar y fue construida casi en su totalidad en el siglo XV, concretamente entre los años 1465 y 1470 por Don Juan de Acuña y Portugal, III conde y II duque de Valencia de Don Juan junto a su esposa Teresa Enríquez, asentando las estructuras del nuevo castillo sobre otras anteriores de tapial.
El edificio está construido en mampostería de piedra, tapial y ladrillo y conserva de sus estructuras originales gran parte de la muralla y barbacana, que recorre las caras norte y este de la fortaleza, así como la imponente torre del homenaje, que se ha convertido en la seña identitaria de Valencia de Don Juan.
Desde 1998 y por 75 años, el inmueble está cedido a la gestión pública y desde entonces se han llevado intervenciones con el fin de paliar los efectos de su ruina. En 2004 se llevó a cabo la intervención en el interior de la torre del homenaje y la reconstrucción de uno de los borjes que se había derrumbado en el año 1979. En el interior de la torre se construyó un nuevo edificio respetuoso y plenamente reversible de hierro, madera y cristal que alberga el museo, de tipo arqueológico, que hace un recorrido por la historia de Valencia de Don Juan.

Los espacios visitables gestionados por la Diputación de Castellón están constituidos por el propio Castillo y el Parque de Artillería, que rodea la fortaleza por su parte marítima. El Castillo fue levantado por los templarios entre 1294 y 1307, cuando la Orden ya estaba a punto de extinguirse.

Estos muros también dieron cobijo a Benedicto XIII “el Papa Luna” que pasó en esta fortaleza sus últimos años, entre 1411 y 1423, transformando el castillo en palacio pontificio y defendiendo su legitimidad como Papa hasta su muerte. Tanto los templarios como el Papa Luna sobrevivieron a su propia tragedia y tienen hoy su lugar en la Historia.

El Parque de Artillería es un área militar, con baterías, túneles y rampas que conectan con la zona marítima.  Los jardines que las rodean fueron realizados en el siglo XX.

En la zona inferior podrán visitar las fortificaciones construidas en tiempos de Felipe II, con el fin de modernizar las defensas del castillo medieval y poder combatir los ataques de la piratería y de la armada turca.  
La zona superior de fortificaciones y jardines, conecta con el castillo medieval y con la zona el faro.

El edificio del faro fue construido a finales del siglo XIX y  en 2017 fue adaptado  como centro de recepción de visitantes. Desde la plaza del faro podrán contemplar  la torre del Papa Luna, siglo XIII, y junto a ella el bastión que protege la entrada construido en tiempos de Carlos I  y las escaleras del Papa Luna. Éstas se hallan en las fortificaciones del este a 45 metros sobre el nivel del mar. 

 

A poca distancia de Santiago de Compostela, en la margen pontevedresa del valle fluvial del Ulla, se halla el pazo más visitado de Galicia, el palacio de Oca, conocido como el "Generalife del Norte" o el "Versalles Gallego".

a comparación de este monumento de arquitectura pétrea y vegetal con aquellos conjuntos universalmente conocidos pretende subrayar a la vez, la singularidad y la trascendencia del más señorial y mejor conservado de los pazos gallegos. El símil, pese a su naturaleza hiperbólica, evoca acertadamente que, aunque construido muy lejos de la Corte, la referencia en su diseño fue el jardín cortesano del Barroco.

El aspecto más sobresaliente de este conjunto es la unidad indisociable del agua, la piedra y la vegetación que convierte a este monumento en obra maestra de la arquitectura, la ingeniería y la jardinería, según las palabras que el historiador y académico don Javier Sánchez Cantón, usó en 1945 para incluir estos históricos jardines entre los protegidos.

La casa fuerte primitiva fue construida por orden de Álvaro de Oca a mediados del siglo XV, para perderla poco después en favor de la mitra compostelana en las luchas de la nobleza gallega contra el arzobispo de Santiago. En 1564 pasó a poder del rey Felipe II quien la vendió a María de Neyra, transmitiéndose de generación en generación hasta la XVIII duquesa de Medinaceli quien en 1978 lo donó a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli en el acto de su constitución.

El Castillo de Lorca, catalogado como Bien de Interés Cultural, constituyó un bastión defensivo que marcó durante siglos la frontera entre el cristiano reino de Murcia y el reino nazarí de Granada. Tras varios años de trabajo para su consolidación y rehabilitación, abrió sus puertas en el 2003 y se puede visitar todos los días del año, encontrando distintas propuestas, exposiciones, talleres para niños, visitas guiadas, actividades extraordinarias en distintas épocas del año, en definitiva, un espacio para aprender la historia y la cultura de Lorca.

El Castillo es un símbolo para todos los habitantes de Lorca. Desde su privilegiada ubicación, en el Valle del Guadalentín, ha estado habitado desde la Edad del Bronce, lo que lo ha convertido en un yacimiento arqueológico excepcional para conocer el pasado, desde la Prehistoria hasta la actualidad.

El aspecto actual del Castillo de Lorca es el resultado de las continuas reformas que las distintas civilizaciones han ido llevando a cabo en sus 52.000 m² de extensión. Gracias a la arqueología se conocen los enterramientos argáricos de hace 3.500 años y los vestigios romanos que oculta su subsuelo. No obstante, la configuración definitiva del Castillo tuvo lugar en la Edad Media, época a la que corresponden la mayor parte de los restos conservados, siendo el descubrimiento más reciente una sinagoga y un barrio judío del s. XV visitable todos los días del año.

En función de la temporada se pueden realizar distintas actividades que complementan la visita cultural con música, gastronomía... También hay propuestas diferentes para distintos tipos de visitantes: familias con niños, escolares, grupos, extranjeros y público en general. Las mascotas son bienvenidas. Un espacio donde aprender y divertirse a la vez.

El Palacio del Virrey Laserna permite al visitante un viaje en el tiempo al lujo y esplendor de épocas pasadas. Situado en pleno corazón del centro histórico de Jerez de la Frontera, su propiedad se ha transmitido de padres a hijos desde el repartimiento de Alfonso X el Sabio en la segunda mitad del S. XIII.

Durante la visita guiada conocerán la historia de los distintos condes. La apasionante vida del general D. José de Laserna, I Conde de los Andes, héroe de la guerra de independencia, último Virrey del Perú y de España en América, que moró en el Palacio a finales del S. XVIII. Pero también la de D. Francisco Moreno y Zuleta, VI Conde de los Andes, Ministro de Economía y Hacienda con Alfonso XIII, Jefe de la Casa Real en el exilio y albacea testamentario de S.M.  Así como el VII Conde de los Andes, D. Francisco Moreno y Herrera, político, ensayista, premio nacional de literatura y miembro del Consejo privado de D. Juan III.

La riqueza arquitectónica del palacio, de estilo neoclásico pero con reminiscencias de épocas anteriores, sus amplios salones, su decoración exquisita, su inigualable colección de mobiliario clásico y obras pictóricas de primer orden representan el paradigma del espléndido boato del antiguo estilo de vida de la aristocracia andaluza.

Merece la pena destacar los restos que aún quedan del antiguo palacio árabe sobre el que se edificó; la galería de caza, el jardín de estilo regionalista andaluz y su azulejería, los cuadros de Zurbarán, Rubens o Snyders, el magnífico comedor en el que han almorzado reyes, políticos y aristócratas, las vidrieras de Maumejean, la colección de bargueños, la impresionante escultura de los gallos de pelea de Gueret, los tapices flamencos y alguna que otra curiosidad, como una cama para perro del S. XVIII.

Nos encontramos en el municipio de Alcaudete, situado en la Comarca de la Sierra Sur de Jaén. Alcaudete es tierra rica en olivares, frutos y agua. Fue zona de paso estratégica durante la Edad Media y el dominio árabe, al encontrarse en el camino que iba de Córdoba a Granada y lugar fronterizo durante más de cien años, una vez conquistado por los cristianos.


           Esto nos pone en la tesitura de pensar, ¿por qué hay un Castillo en Alcaudete? Corría el año 711 cuando los musulmanes entraron en la Península e iniciaron la conquista de lo que se denominó Al-Andalus, llegando hasta los valles del Duero y el Ebro.

           Sin embargo, hacia el año 1030, su poder se debilitó tanto que los reyes cristianos iniciaron una ofensiva para recuperar las tierras conquistadas y proteger el territorio y a sus habitantes. Así se creó un sistema defensivo potente para impedir la recuperación de las tierras por los musulmanes, basado en un amplio abanico de grandes castillos, atalayas y fortalezas, como es el caso del Castillo de Alcaudete. Alcaudete era conocido en el siglo IX con el nombre de al-Qabdaq o al-Qibdaq, siendo un lugar de refugio para las poblaciones campesinas de la zona.

           Con este fin, en lo alto del cerro se edificó una fortaleza, aprovechando para su defensa las fuertes pendientes, conjuntos rocosos y tajos naturales. Así, durante el dominio almohade, se construyó una gran muralla alrededor del núcleo urbano, además de un alcázar en la cumbre. Todo ello para proteger en caso de ataque a los habitantes y soldados de Alcaudete.

          Dentro del alcázar había un aljibe que recogía agua de lluvia para subsistir, y jaimas a modo de hogares, para hacer vida y dormir. Posteriormente, el Castillo de Alcaudete formó parte del cinturón de defensa que el Rey Fernando III El Santo encomendó para la protección de la frontera occidental del reino de Jaén frente al reino nazarí de Granada.

          Fue construido entre los siglos XIII y XIV. Este Castillo ha tenido varias etapas a lo largo de su vida, que han impregnado sus paredes de leyendas e historias, de recuerdos y aventuras, que han dejado huella en su estructura y que hacen que el conjunto monumental posea una belleza singular que no deja indiferente a sus visitantes.

          Fernando III y su hijo Alfonso X concedieron señoríos en el Reino de Jaén como pago a su ayuda en la conquista del Valle del Alto Guadalquivir, y con el claro objetivo de servir de cinturón protector frente al Reino Nazarí de Granada. Por ello, Alcaudete fue entregado a la Orden de Calatrava en 1245. De ahí que el castillo se pase a denominar Castillo Calatravo de Alcaudete.

          El Castillo de Alcaudete ha tenido varias etapas a lo largo de su historia. Cuando la Orden Calatrava deja esta tierra y la villa se convierte en una zona de realengo, el Castillo se transforma en un Palacio privado, donde los señores de Alcaudete que lo habitaron, colocaron sobre la puerta los escudos de la familia Córdoba y Montemayor. Actualmente estos escudos están tan deteriorados que apenas se distinguen.

El Castillo de Doña Urraca se ubica en el municipio pontevedrés de Salvatera de Miño y está enclavado en una posición privilegiada, justo en la frontera entre Galicia y Portugal separada por las aguas del río Miño.

Se trata de uno de los edificios más representativos de toda la comarca y parte del antiguo castillo medieval que dio cobijo a monarcas como doña Urraca, primera reina de Galicia a finales del siglo XI y principios del siglo XII.

No obstante, la apariencia moderna y actual del castillo es consecuencia de una ocupación portuguesa en el siglo XVII, momento en el que es reestructurado por parte del ingeniero francés Carlos Lessar.

Este castillo, del que hoy sólo se conserva una pequeña parte, fue construido en sellaría de granito y bóvedas de arista realizadas en ladrillo y se compone de dos plantas en forma de “L”.

Destacan en él, “la Cámara de la Reina” una pequeña sala circular que se encuentra en la planta baja y que fue parte de la única torre medieval que se conserva. Este espacio cuenta con una acústica excepcional, gracias al grosor de sus muros y su forma abovedada.

Además, también resultan de interés su curiosa “escalera de caracol de doble vertiente”, ejemplar único en España que comunica sus dos estancias abovedadas, así como “el Pozo” identificado como punto de acceso a un pasadizo que atravesaba el río Miño hacia tierras portuguesas y que según cuenta la leyenda, era utilizado por Doña Urraca para escapar a Portugal.

Declarado Bien de Interés Cultura en el año 1949,  junto a la Fortaleza que lo protege, actualmente, el Castillo de Doña Urraca alberga el “Museo de la Ciencia del Vino del Condado do Tea- D.O. Rías Baixas”, inaugurado el 25 de febrero de 2019, considerado como uno de los mayores espacios de divulgación sobre la viticultura y enología de España. Además, se trata de uno de los museos más interactivos de nuestro país.

El elemento más distintivo de la localidad es el formidable "Castillo de Alconchel”, también llamado en la actualidad como Castillo de Miraflores por estar ubicado en el cerro del mismo nombre. Y enclavado sobre la cima del cerro de este mismo nombre, domina con su imponente presencia todos los territorios del entorno. De origen árabe, y reconstruido en el siglo XII por el monarca lusitano Alfonso Enríquez, fue consolidado luego por los templarios, convirtiéndose en uno de los bastiones más importantes de esta Orden. Originariamente se componía de triple recinto, reforzado el intermedio con cubos apuntados hacia el sur. Lo preside una poderosa torre de Homenaje, completando el conjunto un buen patio de armas, aljibes, mazmorras, capilla y otras dependencias de las que se conservan distintos restos. Hoy se encuentra en su interior el Centro de Interpretación de las Fortificaciones del Gran Lago de Alqueva, alberga ya un espacio único para convenciones, congresos y exposiciones y se prepara para el hospedaje. 

El castillo de Buñol, asentado sobre dos macizos rocosos, domina la ciudad y toda la Hoya de Buñol.  Su importancia estratégica se basaba en estar cerca de la antigua frontera entre Castilla y Valencia.

El Castillo,  cuyos orígenes se remontan al S. XI, sería ampliado y modificado en época cristiana. La estructura del conjunto arquitectónico actual fue realizada en distintas fases entre los siglos XIV y XIX. En la segunda mitad del S. XX, se inicia la restauración de la fortaleza, vigente actualmente.

En 1238 Jaime I conquistó el Castillo de Buñol entregando el señorío de Buñol a Rodrigo de Lizana. La fortaleza pasó por distintas manos hasta que finalmente, en 1425, fue adquirido por la familia Berenguer Mercader, convirtiéndolo en condado.

Tras la expulsión de los moriscos en 1609, el condado queda casi vacío, lo que obligó al conde a repoblar la zona por gentes venidas mayormente del propio Reino de Valencia, y también castellanos, mallorquines, navarros con la obligación de residir en la villa.

La emancipación del dominio condal había supuesto que el castillo perdiera el carácter residencial y tras los conflictos carlistas y un frustrado proyecto de reconvertir algunas estancias en hospital, a finales del S. XIX comenzó a ser ocupado por gentes que construyeron sus viviendas dentro del recinto.

De origen musulmán, sus funciones han sido: castillo, residencia señorial, cuartel, cárcel, centro administrativo, barrio popular y ahora atractivo turístico.

Situado en el centro del pueblo, entre la fosa del río de Buñol y el barranco de Borrunes, y separado por dos fosos artificiales que se salvan con puentes defendidos por torres que hacen también la función de puertas. Está dividido en dos zonas diferenciadas, unidas a través de un puente que salva el desnivel entre los dos montículos.

El primer recinto es un polígono formado por un lienzo recto, flanqueado por dos torres en los ángulos y una torre central de acceso que defiende la puerta. Aquí encontramos la llamada Plaza de Armas, cuyo recinto fortificado se hallaba dotado de un cuerpo de ronda perforado por saeteras. Actualmente este espacio todavía contiene viviendas adosadas a las murallas.  

En el centro del castillo, se alza la torre Mayor, conocida como “del Homenaje” que sirve de punto de acceso al segundo recinto del castillo (recinto sur).

El recinto sur, alberga las estructuras residenciales de la fortaleza. Se conserva parte del palacio gótico, la sala del Oscurico, - hoy nave única restaurada, utilizada para exposiciones y actos culturales, conservando los originales arcos de sillerías ojivales de su interior.
 
El antiguo palacio de los condes, La Casa Señorial, es la estructura de la fachada sur. Actualmente encontramos la Oficina de Turismo y la Colección Arqueológica junto con los restos de un pozo noria y un silo de cereales, restos de la dominación musulmana de la fortificación.

La iglesia de El Salvador, hoy alberga una muestra etnológica. Debió ser construida entre la segunda mitad del S. XIII y la primera mitad del S. XIV. Es una nave con bóveda de medio punto, lunetos y dos arcos fajones que la dividen en tres tramos.

En este recinto quedan también algunas casas todavía habitadas. La calle del Castillo termina en una empinada cuesta que da acceso al barrio antiguo del pueblo - Calle de Mallorquines- después de atravesar la puerta fortificada denominada 'La Torreta”. Este acceso está compuesto por una escalinata en eje acodado y una torre situada en la cota más baja del castillo.

En 1957 se creó la Asociación Pro-Castillo de Buñol y se planteó la necesidad de recuperar y restaurar el monumento como vestigio de la importancia histórica y estratégica.

En 1964 se promovió su declaración como Monumento Histórico-Artístico Nacional. Hoy es el centro del núcleo urbano que ha ido creciendo a su alrededor

Con la erección de esta capilla, comenzó en 1536 la transformación urbanística de la ciudad de Úbeda que, en un lapso muy corto de tiempo, apenas cincuenta años, produjo uno de los conjuntos renacentistas más singulares y prodigiosos de España, creado bajo el mecenazgo del todopoderoso secretario universal y principal consejero en asuntos de la hacienda imperial del Emperador Carlos V, Francisco de los Cobos, y de sus parientes, con el propósito de crear un marco urbano donde escenificar la vertiginosa ascensión social de su linaje.

Este espacio monumental, la hoy llamada Plaza Vázquez de Molina, está presidido por una Iglesia exenta, la Sacra Capilla del Salvador, pieza central de la declaración de Úbeda, junto con el vecino conjunto monumental de Baeza, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y obra maestra de Diego de Siloé, en cuya planta sublima todo el simbolismo funerario que encierra el concepto de rotonda como evocación del Santo Sepulcro, capilla proyectada como templo funerario del mencionado Francisco de los Cobos y de su linaje. El proyecto de Siloé lo ejecutó Andrés de Vandelvira a quien posiblemente se deba enteramente la Sacristía.

El resultado es una Iglesia que está a la altura de la mejor arquitectura italiana del Renacimiento que participa de la ambición humanista de fundir la herencia clásica con la del mundo cristiano, ambición que también está presente en su rico programa iconográfico.

El origen del actual emplazamiento de la villa de Baena hay que situarlo en un hisn (castillo) árabe de nombre Bayyana que ya aparece en las fuentes en relación con la rebelión muladí de Umar ibn Hafsun en la segunda mitad del siglo IX. Tras la pérdida de la función militar de la fortaleza, ésta se convirtió en palacio de los Duques de Sessa, señores de la villa, sufriendo importantes reformas a lo largo de los siglos XV y XVI. El edificio ha sufrido diversas reformas a lo largo de la historia entre las que cabe destacar la adecuación del patio de armas como depósito de aguas potables al municipio en el siglo XX. Recientemente, y gracias a la apuesta decidida del Ayuntamiento de Baena y al apoyo económico del Gobierno de España, a través del 1 % Cultural, se ha llevado a cabo un importante proyecto de recuperación y puesta en valor para hacerla visitable: se han recuperado varias torres entre las que sobresale la Torre del Homenaje denominada de las Arqueras o de las Cinco Esquinas, varios lienzos de muralla y la llamada Puerta del Campo, ubicada en el flanco oriental.

Las tareas arqueológicas que se realizaron como apoyo a la restauración y que consistieron en análisis paramentales y en la apertura de sondeos permitieron documentar una serie de estructuras (muros y torres) fabricadas en tapial de época almohade que, posteriormente, quedaron embutidas y forradas por muros de mampostería a lo largo de los siglos XIV y XV, enmascarando la fortaleza primitiva, aunque esta no debió cambiar mucho en lo que se refiere a su planta original. Cabe destacar la presencia de un imponente recinto subterráneo, a modo de aljibe, de época bajomedieval y de planta cuadrangular, ejecutado sobre dos arcos de descarga.

El acceso actual se realiza por la puerta situada en la Plaza de Palacio desde la que se llega a un hall en cuyo extremo meridional se encuentra la escalera de la Torre del Homenaje, que dispone de varias plantas y una terraza que constituye un singular mirador de la ciudad y su entorno. En el extremo opuesto a esta puerta se localiza la Puerta del Campo que sería la entrada original al castillo que ha podido recuperarse junto a la torre anexa denominada de los Cascabeles. Entre las torres existentes cabe destacar la Torre de los Secretos situada en el ángulo sureste del castillo. En la zona central de la fortaleza, en lo que sería el patio de armas, se ubican los depósitos de agua de la localidad construidos entre los años 1927 y 1959 alterando notablemente la fisonomía del edificio, pero que se han recuperado para un uso turístico-cultural.

El castillo del Marqués de los Vélez es el edificio más significativo de Cuevas del Almanzora, ubicado en la plaza de la Libertad, fue construido a partir del emplazamiento de la Torre Romana, ampliándose como fortaleza por orden de Don Pedro Fajardo y Chacón.

Se trata de un gran recinto amurallado compuesto por una sola puerta de acceso; encima de la cual podemos ver los escudos de armas de la familia Fajardo. Una vez en el interior del recinto nos encontramos con un patio empedrado y un anfiteatro desde el cual observamos los tres grandes edificios que alberga esta fortaleza:

Torre del Homenaje (S. XV-XVI), se cree que es de época romana, mide 16x19m y está dividida en cinco plantas comunicadas por una escalera de caracol. Durante el siglo XVIII sirvió de cárcel quedando plasmado en sus paredes los deseos y fantasías de los presos.

Palacio del Marqués (S. XVI); se trata de un edificio de dos plantas realizado en sillería y rodeado por cuatro bastiones cilíndricos. El interior está formado por numerosas salas que dan a un patio central, en la actualidad es la sede del Museo de Arte Contemporáneo AMC; una de las mejores pinacotecas de Andalucía.

Casa de la Tercia (S. XVIII); edificio neoclásico que fue construido en el siglo XVIII como granero y lugar donde el pueblo tributaba el diezmo al marqués. En la actualidad alberga  la biblioteca municipal, el museo arqueológico y la sala de exposiciones la Tercia I. Anexo a este edificio se encuentra la Tercia II; sala de cristal que guarda en su interior numerosas tinajas semienterradas en el suelo así como la exposición permanente de grabados de Goya (Sala Goya).

Está construido con mampuesto y sillarejos, en sus partes más nobles. El recinto consta de cuatro áreas defensivas, que se van escalonando a lo largo de la ladera norte del cerro sobre el que asienta, y por donde tiene la entrada desde la población. El primer recinto está compuesto por una muralla con redientes abaluartados que separa la Villa de la fortaleza, esta obra fue realizada cuando la plaza se encontraba en mano de los portugueses entre los años 1705 y 1716.

El segundo elemento defensivo lo constituyen las rampas de acceso y las cuatro puertas de entrada que nos conducen al patio de armas, donde el asaltante es fácilmente abatible desde la muralla del recinto superior.

En el patio de armas destaca: la Iglesia de Santa María del Castillo, el comedor, la cantina, dormitorios de la tropa y el aljibe. Todo ello dominado por la impresionante atalaya de la torre del Homenaje, construida por D. Álvaro de Luna. Junto a una de sus caras se abre la puerta al segundo recinto, conocido como “ Plaza Alta”, donde destaca la torre de los Cinco Picos de forma pentagonal y el puente levadizo de más de 10 metros de altura que une esta torre con la del Homenaje. La torre del Homenaje tiene cinco pisos de altura y está construida con lienzos de mampostería y esquinazos de granito. Toda la torre esta almenada, y ofrece matacanes en el centro de sus caras. Otras dependencias que son importantes en este patio son: la Casa del Alcaide Mayor, los aljibes y la cantina

El Hospital de San Juan Bautista, más conocido como Hospital Tavera, nació en el siglo XVI con una doble función: benéfica, hospital para “los tocados de diferentes enfermedades”, y sepulcral, panteón de su fundador, el Cardenal Juan Pardo Tavera, arzobispo de Toledo, inquisidor General, presidente del Consejo de Castilla y gobernador del reino en ausencia del Emperador.

Su fisonomía palaciega deriva del modelo, la gran casa privada romana de doble patio descrita por Vitruvio, que su primer arquitecto Alonso de Covarrubias, maestro mayor de la Catedral Primada y arquitecto real, eligió para satisfacer un concepto novedoso de hospital.

Su construcción inaugura, en 1540, el programa de renovación arquitectónica y urbanística que el círculo de humanistas que rodearon al Emperador Carlos V proyectó para adecuar la imagen de Toledo a su papel de Capital Imperial, y que el Greco plasmaría años después en su célebre “Vista de Toledo” en la que sitúa en primer plano, flotando sobre una nube e invirtiendo su orientación, este Hospital en cuyo alhajamiento participó.

La fabulosa suma que, según el administrador del Hospital, Pedro Salazar de Mendoza, se había gastado hasta 1599, medio millón de ducados, cuando todavía quedaba gran parte de la Iglesia por construir, la convierte en una de las más esplendidas fábricas de la época, quizás sólo comparable, según el Historiador del Arte, Fernando Marías, con la del Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

 

El castillo-palacio de Valderrobres es una obra gótica construida entre los siglos XIV y XV por iniciativa del arzobispo de Zaragoza, señor feudal del territorio, que lo utilizaba como residencia temporal. Forma pareja con la iglesia parroquial, edificada al mismo tiempo y durante las mismas fases y unida a él a través de un pasadizo que permitía acceder a la tribuna construida sobre la capilla lateral del templo y de ésta, con el interior de la iglesia.

El conjunto castillo-iglesia preside la localidad. Al recinto del castillo se accede a través de dos puertas, una situada frente a los pies de la iglesia y otra ubicada bajo el pasadizo de unión con el templo. Atravesando estas puertas se llega al patio de armas, que estaba amurallado en todo su perímetro.

El castillo es un edificio de planta poligonal irregular y tiene la particularidad de que está edificado en el lugar que ocupaba la cúspide de una colina rocosa, de modo que sus constructores utilizaron la montaña como cantera y, a la vez que vaciaban lo que sería el espacio interior, pudieron construir los muros perimetrales, ganando superficie en cada una de sus tres plantas, hasta la última en cuyo centro emerge la colina rocosa.

En su planta baja destacan la sala de caballerizas y de mozos de cuadra, la sala capitular, la bodega, la mazmorra y el pasadizo que le unía a la iglesia. En la planta noble están la cocina, las despensas, una necesaria, el gran salón de las chimeneas, la biblioteca y las salas privadas del arzobispo. En las plantas superiores se encuentran los almacenes del aceite, las galerías y graneros y por último el paso de ronda flanqueado por almenas, merlones y torreones.

 

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