Alquiler de espacios y MICE.

A continuación se listan aquellos castillos y palacios en los que puedes reservar espacios y MICE.

El elemento más distintivo de la localidad es el formidable "Castillo de Alconchel”, también llamado en la actualidad como Castillo de Miraflores por estar ubicado en el cerro del mismo nombre. Y enclavado sobre la cima del cerro de este mismo nombre, domina con su imponente presencia todos los territorios del entorno. De origen árabe, y reconstruido en el siglo XII por el monarca lusitano Alfonso Enríquez, fue consolidado luego por los templarios, convirtiéndose en uno de los bastiones más importantes de esta Orden. Originariamente se componía de triple recinto, reforzado el intermedio con cubos apuntados hacia el sur. Lo preside una poderosa torre de Homenaje, completando el conjunto un buen patio de armas, aljibes, mazmorras, capilla y otras dependencias de las que se conservan distintos restos. Hoy se encuentra en su interior el Centro de Interpretación de las Fortificaciones del Gran Lago de Alqueva, alberga ya un espacio único para convenciones, congresos y exposiciones y se prepara para el hospedaje. 

La fortaleza se comenzó a construir a mediados del siglo IX durante la época de esplendor del califato de Córdoba, concluyendo su construcción a mediados del siglo XIII por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, mas de 350 años de construcción ininterrumpida y de ahí que en la actualidad se puedan visitar en un solo edificios los vestigios de tres castillos diferentes.

La orden le convirtió en la capital de un extenso priorato. La cesión del castillo y su alfóz a los caballeros se realizó en el año 1.183 por Alfonso VIII, aunque la fortaleza ya había sido reconquistada por Alfonso VI, justamente cien años antes, siendo lugar de enfrentamientos bélicos constantes, esta se perdió pasando de cristianos a musulmanes en repetidas ocasiones hasta pasar definitivamente al reino de Castilla.

Las ampliaciones y reformas del castillo continuaron a lo largo de los siglos para adaptarse paulatinamente a los usos y costumbres de cada época, dotándole de archivo, capilla, sala capitular, aljibes, potentes defensas (era necesario romper 7 puertas para acceder al núcleo central de la fortaleza y el grosor medio de sus muros es de 4.5 metros y la altura de sus torres de 30 metros, lo cual, unido a su posición estratégica, le daba un aspecto inexpugnable).

Su última ampliación se realizó en el siglo XVII con la intención de albergar una nueva ermita. La fortaleza continuó habitada hasta prácticamente principios del siglo XIX. En el año 1.813 el edificio fue volado por las tropas de Napoleón quedando en ruinas.

En 1.837 sufrió el proceso desamortizador de Mendizábal para ser adquirido por el Ayuntamiento en 1.962. Actualmente se halla en fase de rehabilitación habiéndose recuperado el 50% del castillo.

Hoy en día se pueden visitar dos de tres aljibes, la galería, la nave de archivos, la ermita, la sala capitular, la torre albarrana, las terrazas, el jardín, la barbacana y los pasos de ronda, siendo utilizado para representaciones teatrales y eventos culturales.

A poca distancia de Santiago de Compostela, en la margen pontevedresa del valle fluvial del Ulla, se halla el pazo más visitado de Galicia, el palacio de Oca, conocido como el "Generalife del Norte" o el "Versalles Gallego".

a comparación de este monumento de arquitectura pétrea y vegetal con aquellos conjuntos universalmente conocidos pretende subrayar a la vez, la singularidad y la trascendencia del más señorial y mejor conservado de los pazos gallegos. El símil, pese a su naturaleza hiperbólica, evoca acertadamente que, aunque construido muy lejos de la Corte, la referencia en su diseño fue el jardín cortesano del Barroco.

El aspecto más sobresaliente de este conjunto es la unidad indisociable del agua, la piedra y la vegetación que convierte a este monumento en obra maestra de la arquitectura, la ingeniería y la jardinería, según las palabras que el historiador y académico don Javier Sánchez Cantón, usó en 1945 para incluir estos históricos jardines entre los protegidos.

La casa fuerte primitiva fue construida por orden de Álvaro de Oca a mediados del siglo XV, para perderla poco después en favor de la mitra compostelana en las luchas de la nobleza gallega contra el arzobispo de Santiago. En 1564 pasó a poder del rey Felipe II quien la vendió a María de Neyra, transmitiéndose de generación en generación hasta la XVIII duquesa de Medinaceli quien en 1978 lo donó a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli en el acto de su constitución.

El Hospital de San Juan Bautista, más conocido como Hospital Tavera, nació en el siglo XVI con una doble función: benéfica, hospital para “los tocados de diferentes enfermedades”, y sepulcral, panteón de su fundador, el Cardenal Juan Pardo Tavera, arzobispo de Toledo, inquisidor General, presidente del Consejo de Castilla y gobernador del reino en ausencia del Emperador.

Su fisonomía palaciega deriva del modelo, la gran casa privada romana de doble patio descrita por Vitruvio, que su primer arquitecto Alonso de Covarrubias, maestro mayor de la Catedral Primada y arquitecto real, eligió para satisfacer un concepto novedoso de hospital.

Su construcción inaugura, en 1540, el programa de renovación arquitectónica y urbanística que el círculo de humanistas que rodearon al Emperador Carlos V proyectó para adecuar la imagen de Toledo a su papel de Capital Imperial, y que el Greco plasmaría años después en su célebre “Vista de Toledo” en la que sitúa en primer plano, flotando sobre una nube e invirtiendo su orientación, este Hospital en cuyo alhajamiento participó.

La fabulosa suma que, según el administrador del Hospital, Pedro Salazar de Mendoza, se había gastado hasta 1599, medio millón de ducados, cuando todavía quedaba gran parte de la Iglesia por construir, la convierte en una de las más esplendidas fábricas de la época, quizás sólo comparable, según el Historiador del Arte, Fernando Marías, con la del Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

 

De estilo gótico mudéjar, fue mandado construir por Don Juan Pacheco, Marqués de Villena en 1456, hombre de confianza del Rey Enrique IV de Castilla y señor más poderoso del reino en su época.

La planta de este castillo en forma de estrella es única y su interior palaciego decorado con lujosas techumbres mudéjares en sus salones y galerías, así como su “bestiario medieval” esculpido en piedra, no tienen parangón en España y sin duda hacen de este castillo uno de los más emblemáticos de nuestro país.

El castillo se encuentra en perfecto estado de conservación gracias al esfuerzo de sus propietarios a lo largo de los siglos, y que se ha visto culminado con la última restauración, apoyando en esta ocasión las instituciones públicas el esfuerzo de la Casa Ducal de Peñaranda y Montijo, descendiente del Marqués de Villena y propietaria del Castillo.

El Castillo de Belmonte reabrió sus puertas al público en julio de 2010 y ofrece al visitante un recorrido cultural a lo largo de la historia de tan emblemático monumento, desde el siglo XV hasta la actualidad. La visita cultural dispone de audio-guía en 4 idiomas (español, inglés, francés e italiano), sala de audiovisual en gran formato con proyección de 12 minutos como introducción al recorrido turístico, y tecnologías de luz y sonido que trasladan al visitante a otra época.

Además,  desde el mes de Agosto de 2018, a los pies de la fortaleza se encuentra el mayor parque histórico-temático de máquinas de Asedio a escala real del mundo, Trebuchet Park. 

A lo largo de la visita se podrán ver 40 máquinas de asedio en cuatro ámbitos temáticos diferenciados: mundo cristiano, mundo musulmán, mundo oriental y renacimiento. En cuanto a la cronología, las piezas de los tres primeros espacios se sitúan entre los siglos V y XIV y en el siglo XV las del mundo Renacentista.

Todas las máquinas han sido probadas y funcionan tal y como lo hicieron en su época, y han sido reconstruidas con el mismo material empleado en cada período y con el máximo rigor histórico de acuerdo con la documentación existente (miniaturas, grabados, textos de la época, representaciones iconográficas o restos arqueológicos).

 

 

 

 

El Castillo de Lorca, catalogado como Bien de Interés Cultural, constituyó un bastión defensivo que marcó durante siglos la frontera entre el cristiano reino de Murcia y el reino nazarí de Granada. Tras varios años de trabajo para su consolidación y rehabilitación, abrió sus puertas en el 2003 y se puede visitar todos los días del año, encontrando distintas propuestas, exposiciones, talleres para niños, visitas guiadas, actividades extraordinarias en distintas épocas del año, en definitiva, un espacio para aprender la historia y la cultura de Lorca.

El Castillo es un símbolo para todos los habitantes de Lorca. Desde su privilegiada ubicación, en el Valle del Guadalentín, ha estado habitado desde la Edad del Bronce, lo que lo ha convertido en un yacimiento arqueológico excepcional para conocer el pasado, desde la Prehistoria hasta la actualidad.

El aspecto actual del Castillo de Lorca es el resultado de las continuas reformas que las distintas civilizaciones han ido llevando a cabo en sus 52.000 m² de extensión. Gracias a la arqueología se conocen los enterramientos argáricos de hace 3.500 años y los vestigios romanos que oculta su subsuelo. No obstante, la configuración definitiva del Castillo tuvo lugar en la Edad Media, época a la que corresponden la mayor parte de los restos conservados, siendo el descubrimiento más reciente una sinagoga y un barrio judío del s. XV visitable todos los días del año.

En función de la temporada se pueden realizar distintas actividades que complementan la visita cultural con música, gastronomía... También hay propuestas diferentes para distintos tipos de visitantes: familias con niños, escolares, grupos, extranjeros y público en general. Las mascotas son bienvenidas. Un espacio donde aprender y divertirse a la vez.

El castillo-palacio de Valderrobres es una obra gótica construida entre los siglos XIV y XV por iniciativa del arzobispo de Zaragoza, señor feudal del territorio, que lo utilizaba como residencia temporal. Forma pareja con la iglesia parroquial, edificada al mismo tiempo y durante las mismas fases y unida a él a través de un pasadizo que permitía acceder a la tribuna construida sobre la capilla lateral del templo y de ésta, con el interior de la iglesia.

El conjunto castillo-iglesia preside la localidad. Al recinto del castillo se accede a través de dos puertas, una situada frente a los pies de la iglesia y otra ubicada bajo el pasadizo de unión con el templo. Atravesando estas puertas se llega al patio de armas, que estaba amurallado en todo su perímetro.

El castillo es un edificio de planta poligonal irregular y tiene la particularidad de que está edificado en el lugar que ocupaba la cúspide de una colina rocosa, de modo que sus constructores utilizaron la montaña como cantera y, a la vez que vaciaban lo que sería el espacio interior, pudieron construir los muros perimetrales, ganando superficie en cada una de sus tres plantas, hasta la última en cuyo centro emerge la colina rocosa.

En su planta baja destacan la sala de caballerizas y de mozos de cuadra, la sala capitular, la bodega, la mazmorra y el pasadizo que le unía a la iglesia. En la planta noble están la cocina, las despensas, una necesaria, el gran salón de las chimeneas, la biblioteca y las salas privadas del arzobispo. En las plantas superiores se encuentran los almacenes del aceite, las galerías y graneros y por último el paso de ronda flanqueado por almenas, merlones y torreones.

 

Fortaleza militar del sXI reconvertida en palacio en el sXV, conserva partes de estas dos épocas. De estilo medieval, no hay nada de nueva construcción y la conversión a alojamiento se ha hecho respectando la autenticidad del edificio. Bien de Interés Cultural desde 1931.

Cuatro torres de planta de las que sobresale la más importante, la del homenaje, y un claustro gótico renacentista en el centro del castillo.

Tiene 3 plantas y 2 entreplantas. Dispone de 40 habitaciones situadas por todo el castillo. La planta baja está compuesta por varios salones visitables. El restaurante está situado en la planta sótano, en las antiguas caballerizas del castillo y está abierto al público.

El castillo de Almodóvar fue construido en época árabe en el año 740. Recibió el nombre de Almudawwar, que significa el redondo, en honor a la forma del terreno donde está asentado el mismo.

Perteneció al Califato de Córdoba durante los años de Abderramán III. Cuando Al-Ándalus estaba dividido en diferentes reinos independientes entre sí, conocidos como los reinos de Taifas, el castillo perteneció primero a la de Sevilla, luego a la de Carmona y por último, a la de Toledo.

En 1240, cuatro años después de la reconquista de Córdoba, el castillo fue adquirido por Fernando III "El Santo", quién lo reconstruyó y amplió parte del mismo. 

Durante el reinado de Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", el bastión alcanzó una de sus épocas más esplendorosas, sirviendo éste de vivienda, prisión y de cámara de tesoros, asentándose así su función militar. 

Entre otras personalidades, las mazmorras del castillo de Almodóvar fueron ocupadas por D. Fadrique y Dña. Juana de Lara.

Es en 1900, cuando su propietario, D. Rafael Desmaissières y Farina, XII Conde de Torralva, dedica - durante 36 años- su fortuna y parte de su vida a reconstruir la fortaleza.

El Castillo de Cullera es una construcción del siglo X, de la época califal, levantado sobre restos de otra edificación Ibero-Romana. Fue en el momento de la reconquista cuando el Rey Jaime I decidió reformarlo y ampliar la fortaleza.

El conjunto está formado por un conjunto de 5 torres,  la fortaleza y dos recintos fortificados, así como el Alt del Fort, un fortín construido en el siglo XIX durante la Guerra Carlista. También en el siglo XIX se adosó al Castillo de Cullera el  Santuario de la Virgen del Castillo, una bella construcción de origen neorromántico.

El paseo entre sus murallas es una vuelta al pasado. Caminar entre sus pasillos y salas más emblemáticas dejando volar la imaginación, ponernos en la piel de todos aquellos que vivieron y lucharon entre los muros de esta robusta fortaleza hace más de diez siglos, es una experiencia que no hay que perderse. Durante la visita podremos disfrutar de un museo, de la capilla de la virgen y por supuesto de la sala de armas.

Este palacio, más conocido como Casa de Pilatos, es una armoniosa síntesis de la tradición gótico-mudéjar tardomedieval y de las innovaciones del Renacimiento italiano, cuya introducción en Sevilla se debe a sus propietarios, los Enríquez de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, principales representantes de la corona en la Baja Andalucía.

Situado en el centro histórico de Sevilla, su núcleo comenzó a construirse a fines del siglo XV, agregándosele salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida y sociabilidad de las élites de una ciudad enriquecida como metrópolis del mayor imperio ultramarino hasta entonces conocido.

A lo largo del Siglo de Oro, este palacio actuó de tamiz de los nuevos gustos artísticos procedentes de Italia que los sevillanos conocieron primero por las piezas marmóreas traídas de Génova, hace quinientos años, por el I marqués de Tarifa, con ocasión de su célebre peregrinación a Jerusalén que acabaría dando su nombre actual al palacio, y después, por las extraordinarias colecciones escultórica y pictórica reunidas, como Virreyes de Nápoles, por dos de sus descendientes, el I y III duque de Alcalá, obras muchas de ellas presentes aún en el palacio.

Por su organización espacial, su calidad arquitectónica y la riqueza de su decoración, devino el modelo canónico de la arquitectura civil andaluza y el patrón de los palacios sevillanos.

Referencias acerca de su relevancia como monumento o Bien de Interés Cultural

El Castillo de Canena, erigido por los árabes sobre un asentamiento romano, se convierte en fortaleza de la Orden de Calatrava en la Reconquista hasta que en 1538 lo adquiere Don Francisco de los Cobos, secretario de Carlos V, que lo transforma en Castillo Palacio, albergando bajo su techo al propio Emperador.

El Castillo de Canena es uno de los más importantes de Andalucía y es el edificio más emblemático del municipio, tanto que configura la trama urbana de la población. Aunque en el siglo XVI la arquitectura militar de la comarca ya había perdido su sentido, esta fortaleza, anterior al siglo XIII, fue restaurada y transformada en palacio por Francisco de los Cobos, gran mecenas del Renacimiento en Úbeda y su comarca.

Las obras fueron dirigidas por Andrés de Vandelvira (1509-1575).
El Castillo de Canena, situado en el rico entorno del Valle del Guadalquivir y próximo a Úbeda y Baeza (ciudades Patrimonio de la Humanidad), fue declarado Monumento Nacional en 1931. Actualmente en manos privadas, da nombre a la empresa familiar dueña de éste (Aceite de Oliva Castillo de Canena).

Breve reseña sobre el Patrimonio histórico artístico que alberga. 

El Castillo Palacio de Canena (Provincia de Jaén, España), es un edificio de estilo renacentista construido en el siglo XVI obra del arquitecto renacentista español Andrés de Vandelvira (1509 - 1575). Perteneció a Francisco de los Cobos y fue citado por el Marqués de Santillana en una de sus serranillas.

El edificio que fue tal como puede contemplarse hoy, es del siglo XVI. Tiene un soberbio patio interior cuyo segundo piso se presenta con una balaustrada con columnas y capiteles jónicos sobre los que descansan unas bellas zapatas. Desde mediados del siglo XX este edificio es propiedad privada de la familia Vaño.

En el año 1538 Francisco de los Cobos, secretario del emperador Carlos V y gran mecenas del renacimiento en Úbeda y su comarca, compra la villa de Canena. La localidad entra a formar parte de un extenso Señorío, que, tras su muerte, fue regentado por su esposa, Dª María de Mendoza y descendientes, los marqueses de Camarasa. En Canena, éste gran mecenas, legó una de sus mayores empresas constructivas, la transformación del castillo en un suntuoso palacio, cuya traza y dirección de obras recayeron en Andrés de Vandelvira.

El castillo de Canena, de excelente fábrica, es de planta cuadrangular, posee dos grandes torres circulares que protegen los ángulos de la fachada principal y otras dos, de menor envergadura, en la parte opuesta, y la torre del homenaje, en el interior del inmueble. Antaño se encontraba rodeado por un foso, hoy cegado, provisto de un puente levadizo.


La portada abre con arco de medio punto, flanqueado por pilastras corintias sobre plintos, con entablamento de friso decorado con grotescos y cornisa sobre el que apoya un arco de medio punto que acoge, en su tímpano, los escudos de los fundadores, y a sus lados fantásticas figuras de tenantes. Se remata con tres flameros y se conservan las ranuras para levantar el antiguo puente levadizo.

El patio interior, de buen gusto renacentista, cuenta con doble galería y escalera claustral. La inferior es de arco de medio punto moldurado con la clave resaltada, e intradós con rosetones, presentando tondos con cabezas salientes en las enjutas. La galería superior presenta la peculiaridad de grandes zapatas sobre las columnas que apoyan en plintos decorados con motivos militares y la bordea una barandilla de balaustres.

El magnífico castillo es una demostración de importancia del poder que la familia Zuñiga tuvo durante el reinado Enrique II, último tercio del S. XIV. Las posesiones de los Condes de Miranda abarcaban desde Gormaz a lo largo de toda la línea defensiva del Duero, a la vez camino natural de comunicaciones entre los reinos de Navarra y Aragón y de los de León y Portugal.

El castillo que ahora podemos contemplar se construye a mediados del S.XV por el primer Conde, Diego López de Zuñiga y Guzman (Condestable de Castilla) respondiendo a las tácticas militares de la época. En posición central y dominante con acceso elevado desde el patio de armas y con dos niveles de disparos y proyectiles.

Es un castillo de extraordinarias proporciones que impresiona por su silueta, que adopta la forma de un buque de guerra varado en tierra en el que predomina la seguridad sobre la habilidad  y que se asemeja al no muy alejado castillo de Peñafiel. Fue fortaleza eminentemente militar y guerrera que sin duda estuvo dotada de muchos elementos defensivos como demuestra la variedad de aspilleras, troneras abocinadas, saeteras, matacanes…

La puerta de entrada está situada al norte y la gran torre del homenaje , cada esquina es un punto cardinal. Los restos que permanecen son piezas suficientes para enteder la extensión y distribución de esta gran fortaleza.

La Fortaleza de la Mota, en la provincia de Jaén sorprende por ser una atalaya natural en un mar de olivos que alberga el emplazamiento de la ciudad de Alcalá la Real hasta el s.XVI. En la actualidad el conjunto urbano medieval mejor conservado de Andalucía.


Su estratégico emplazamiento entre la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba alberga el Centro de interpretación Vida en la Frontera, que nos descubre la importancia en la historia de Al-Andalus. 


Qal’at Banu Said o de Benzayde fue su nombre desde el año 713 hasta el 1341, momento en el que Alfonso XI la tomara definitivamente y le concediera el título de Real, convirtiéndose en llave, guarda e defendimiento de los Reinos de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada, durante 150 años. 


Testimonio de esta conquista definitiva se conserva la Ciudad Oculta, una red de galerías subterráneas, que tuvieron una importancia capital en la toma de la ciudad fortificada en el siglo XIV.


El Conjunto Monumental de la Fortaleza de la Mota conserva su trama urbana original y numerosos vestigios del sistema de vida de la época medieval. Cruzando sus puertas descubrirás los elementos de una ciudad medieval fortificada, como las murallas, torres y adarves, que junto a la Alcazaba y Barrio Militar de la ciudad formaban parte del sistema defensivo. O sus bodegas, nevero, barrios como el de El Bahondillo y palacios que han quedado aquí testimonios de otro tiempo para que tú puedas contemplarlos y te transporten a una época de fusión de culturas y credos. Un innovador audiovisual en la Iglesia Mayor Abacial te emocionará y narrará su apasionante historia.

 

El castillo fue construido en el siglo XV por el I Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza. Prosiguió las obras su hijo Íñigo López de Mendoza, quien incorporó al proyecto al arquitecto Juan Guas, uno de los máximos representantes del gótico tardío en Castilla y arquitecto de los Reyes Católicos.

Ambos eran hijo y nieto del Marqués de Santillana, autor de las conocidas Serranillas. Este edificio es plasmación arquitectónica de una sociedad a caballo entre dos épocas, la caballeresca medieval (elementos defensivos como el antemuro o la entrada acodada) y la renacentista humanista, con sus grandes salones, las fachadas decoradas y miradores más propios de un palacio. A pesar de que en la Villa había ya un castillo, Diego Hurtado de Mendoza decidió construir uno nuevo aprovechando los materiales del antiguo para crear un edificio acorde con la relevante posición que iba adquiriendo la Casa Ducal. Todo el edificio se realza con el robusto antemuro defensivo y el paseo de ronda.

El castillo ha experimentado sucesivas rehabilitaciones, como la que culminó en 2007 con diferentes obras que supusieron la creación de un centro de interpretación y el acondicionamiento de las salas interiores, con una decoración que intentaba acompañar la época histórica de la colección de tapices que adornan el monumento.

Recientemente, además, se ha rehabilitado el entorno paisajístico del castillo y se ha creado un espacio que recoge diferentes aspectos de la vida desarrollada a finales del siglo XV. 

El castillo de La Monclova, que tiene su origen en el S.XIV, se emplaza sobre la ciudad de Obulcula S.II a.c. Constituye el último avatar de un secular núcleo de población de las épocas prehistórica, turdetana y romana, y la perduración de la ciudad en forma de alquería a través de la dominación musulmana, como así lo afirman los historiadores y geógrafos de la antigüedad, en sus reiteradas menciones. Su nombre de origen indígena, es el diminutivo de la otra gran ciudad ibérica denominada Obulco, en Porcuna (Jaén).

En el año 1342, el rey Alfonso XI le concedió el castillo de la Monclova a su Almirante de la Mar Micer Egidio Bocanegra como premio a los servicios prestados. Llegado el siglo XVI, estas tierras pertenecían a la familia de la Vega, hasta la muerte en combate del famoso poeta Garcilaso, emparentado con la  Casa de Mendoza por matrimonio de Leonor de la Vega, con Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. El 20 de septiembre de 1617 se concede al señor de la Monclova, Don Antonio Portocarrero y Enriquez de la Vega, el Título de Conde de La Monclova y el 5 de mayo de 1706 la grandeza de España. Ya en el siglo XVIII estas tierras recaen en el Marqués de Ariza y posteriormente se une a la casa del  Duque del Infantado.

En el año 1910, Joaquín de Arteaga y Echagüe, XVII Duque del Infantado reconstruyó el castillo.

En la actualidad ha diversificado su actividad para dar la bienvenida a  visitantes e invitados que desean explorar la encantadora residencia, conocer su historia centenaria y disfrutar  de este  emblemático lugar.

El castillo de La Monclova era de planta rectangular, y disponía de torreones rectangulares, de los que se conservan vestigios en los ángulos norte y este. Aunque fueron muy remodelados con las obras posteriores, los restos más antiguos que se conservan de este castillo datan al siglo XIV, siendo éstos la Torre del Homenaje y tres lienzos del recinto amurallado. La Torre del Homenaje es de planta rectangular, posee dos cámaras superpuestas y una azotea con parapeto y almenas encapuchadas. Esta torre debió ser originalmente maciza, aunque hoy día alberga en su interior la escalera principal del palacio. La entrada al castillo se realiza a través de un pórtico con arco de medio punto sobre columnas y escudos familiares en las enjutas.

En un friso puede leerse "Se acabó año 1668". Desde la entrada se accede a un gran patio porticado en tres de sus lados con arcos semicirculares sobre columnas y escudos de la Orden de la Merced en las enjutas. La capilla luce hoy día un retablo de tendencia castellana de los siglos XVI, procedente del Castillo de Viñuelas, de Madrid, que era propiedad del Duque del Infantado. Las puertas de madera son muestra de la talla del siglo XVII.

Con la erección de esta capilla, comenzó en 1536 la transformación urbanística de la ciudad de Úbeda que, en un lapso muy corto de tiempo, apenas cincuenta años, produjo uno de los conjuntos renacentistas más singulares y prodigiosos de España, creado bajo el mecenazgo del todopoderoso secretario universal y principal consejero en asuntos de la hacienda imperial del Emperador Carlos V, Francisco de los Cobos, y de sus parientes, con el propósito de crear un marco urbano donde escenificar la vertiginosa ascensión social de su linaje.

Este espacio monumental, la hoy llamada Plaza Vázquez de Molina, está presidido por una Iglesia exenta, la Sacra Capilla del Salvador, pieza central de la declaración de Úbeda, junto con el vecino conjunto monumental de Baeza, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y obra maestra de Diego de Siloé, en cuya planta sublima todo el simbolismo funerario que encierra el concepto de rotonda como evocación del Santo Sepulcro, capilla proyectada como templo funerario del mencionado Francisco de los Cobos y de su linaje. El proyecto de Siloé lo ejecutó Andrés de Vandelvira a quien posiblemente se deba enteramente la Sacristía.

El resultado es una Iglesia que está a la altura de la mejor arquitectura italiana del Renacimiento que participa de la ambición humanista de fundir la herencia clásica con la del mundo cristiano, ambición que también está presente en su rico programa iconográfico.

El Castillo de Riudabella, o Granja de Riudabella, es una antigua granja-fortín cisterciense convertida en mansión fortificada de estilo historicista. Está situada en el núcleo de Riudabella, al pie del bosque de Poblet, en el término municipal de Vimbodí y Poblet (Conca de Barberà). Está declarado como bien cultural de interés nacional .

Los orígenes de Riudabella se remontan a la época prehistórica tal y como  demuestra la existencia de diferentes yacimientos en la zona. El inicio de la edificación se ubica en la época ibera, ya que en este emplazamiento se halló  un torreón ibero de defensa. Posteriormente  en este mismo edificio se  tienen diferentes referencias  del asentamiento de una considerable villa romana.

Hacia el siglo XII, tras la ocupación sarracena,  Ramón Berenguer IV reconquista estos territorios y cede las tierras a los monjes del Cister que fundan el Monasterio de Santa María de Poblet,  y se encargan de desarrollar diferentes granjas dedicadas a la explotación agrícola y el cuidado de sus inmediaciones. 

Así Riudabella entre los siglos XIII y XVI se convierte en una importante   "granja fortín pobletana" donde se construyen sobre los elementos ya existentes, una masía fortificada con  diferentes dependencias dedicadas al alojamiento, a la oración y a las labores agrícolas realizadas por los monjes tales  como  el cultivo de la viña y la elaboración del vino, la miel y el azafrán. Eso explica la existencia en las dependencias de un importante "Celler" o bodega  de la época.

En el siglo XV el abad Delgado hace varias construcciones y una capilla. A lo largo de los siglos XVI-XVIII los monjes hicieron mejoras. 

Durante el periodo de la desamortización de Mendizábal, Pedro Gil i Babot, padre del tatarabuelo del actual propietario compró la masía como finca de caza. La restauración se hizo durante 1860 y fue cuando se rehicieron los edificios con un estilo neo medieval, convirtiendo Riudabella en una mansión fortificada.

 El edificio principal está formado por un cuerpo rectangular de tres pisos y desván y cubierto a dos vertientes; a ambos lados hay una torre, una cubierta a cuatro vertientes y el otro tiene la cubierta plana y está decorado con arcos de medio punto en la parte superior. En un lado hay una terraza con almenas acabadas en punta y pequeñas torres circulares en las esquinas. Todas las aberturas son con dinteles excepto en una de las torres que hay una galería hecha con ventanas de estilo gótico con arcos, finas columnas, relieves y calados. Todo el recinto está rodeado por una muralla con almenas acabadas en punta.
 
Se empezó como finca agrícola y residencia de verano de la familia, a uso privado, pero el paso de los años , las nuevas inquietudes de la sociedad así como los cambios económicos en general, han hecho que la familia nos replanteáramos abrir nuestra casa al público, para poderlo preservar y afrontar el costoso mantenimiento que implican este tipo de edificios.

En ese sentido, nos pareció más adecuado abrir un tema de “turismo rural” dado el singular entorno en el que se encuentra emplazado el Castell de Riudabella. Empezamos en 1992 con un apartamento para 6 personas en un ala del castillo y poco a poco fuimos adecuando las instalaciones anexas para dar servicio de piscina y jardín.

Después abrimos otro núcleo para 2 personas, con una filosofía diferente a la del turismo rural entendido y legislado por la Generalitat, y más acorde con la idea de ofrecer unos alojamientos con encanto y derivar más a un turismo histórico-cultural, rama que por cierto aún no existe en España.

En ese sentido estamos trabajando en estos momentos. Nuestra idea e ilusión, sería convertir el Castell de Riudabella en un referente del turismo histórico, con plaza para máximo 20 personas alojadas en apartamentos para 2/4 pax. Ubicadas en diferentes emplazamientos fuera del edificio principal (cocheras, establos, bordas...) y mantener éste para dar comidas especiales, celebrar eventos y reuniones.

Asimismo ofrecemos a nuestros huéspedes no sólo la oportunidad de pernoctar, sino también poder disfrutar de diferentes packs de ocio, véase, visitas guiadas por la ruta del Cister, Tarragona, el Reus modernista, cata de vinos, packs de spa (masajes, sauna, jacuzzi...) salidas en globo desde el propio castillo, deportes al aire libre (Paintball, senderismo, quads...) y claro está, la visita guiada privada por el castillo con explicación de su historia y la de nuestra familia.

También hemos adecuado unas salas en el antiguo granero, para poderlas ofrecer para celebrar bodas, eventos, reuniones de empresa... y así ampliar la oferta.

Nuestro último gran hito, será poder recuperar el antiguo jardín romántico e incluirlo en nuestra oferta turística y así disfrutar de un entorno privilegiado.

Se trata del castillo más grande de la provincia de Cádiz. Considerado único en su género, se encuentra en el punto intermedio entre las fortalezas medievales casi inexpugnables y los modernos fuertes artillados: aquellos que comenzaban a ser capaces de resistir la artillería de pólvora. Es además uno de los castillos mejor documentados de España.

El Castillo fue construido a finales del siglo XV por D. Enrique Pérez de Guzmán, II Duque de Medinasidonia,  quien después de aumentar considerablemente la riqueza familiar y situada la Casa de Medinasidonia como una de las principales del Reino de Castilla, emprendió la obra de este singular edificio. Probablemente terminado en 1477, un año más tarde fue visitado por la Reina Isabel la Católica, quien según la tradición, vio el mar por primera vez desde su torre más alta, desde donde se vio partir a Cristóbal Colón en su tercer viaje a las Indias en 1498, a Magallanes en 1519 y la vuelta de  dicha expedición a cargo de Juan Sebastián Elcano en 1522, tras dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia.

Tras una exhaustiva restauración llevada a cabo por la empresa OFFICIA S.L,. actual gestora del monumento, el castillo abrió sus puertas por primera vez para visitas en julio de 2006. En la actualidad, y ya convertido en el monumento más visitado de Sanlúcar de Barrameda, es todo un referente en cuanto a turismo cultural y de visita obligada para locales y foráneos

Aunque dejarse maravillar por el Castillo de los Templarios resulta muy fácil, llegar a conocerlo no es tan sencillo. Con sus 8.000 m2 de superficie, está considerado como uno de los castillos más importantes del noroeste peninsular y es el emblema principal de la ciudad de Ponferrada.

Su arquitectura militar atiende a siglos de historia, donde diferentes pobladores han dejado su huella a través de sucesivas construcciones, reformas, abandonos y rehabilitaciones. Declarado Monumento Nacional en 1924 y Bien de Interés Cultural (BIC), no será hasta finales del siglo XX cuando se haga un gran esfuerzo de recuperación de las murallas y dependencias del Castillo.

El resultado es un monumento multifuncional, donde se desarrollan diversas actividades expositivas, musicales, lúdicas, didácticas y religiosas.

Su emplazamiento siempre ha sido privilegiado en todos sus sentidos. Geográficamente, ha sido lugar de paso obligado entre la Meseta y Galicia, y recorrido obligado para los peregrinos hacia Santiago. Tácticamente, su ubicación sobre un promontorio a orillas del río Sil, ha permitido la protección y defensa de su territorio y del Camino. Localmente, es un hito referente en el casco antiguo de la ciudad, en torno al cual encontramos importantes edificios monumentales: iglesia de San Andrés, las Cuadras (Oficina de Turismo), Casa de los Escudos (Museo de la Radio), Basílica de la Encina, convento de la Purísima Concepción, antigua Cárcel (Museo del Bierzo), calle y Torre del Reloj, Ayuntamiento y antigua plaza de las Eras.

El Castillo de los Templarios, el Camino de Santiago y la ciudad de Ponferrada tienen un pasado y futuro muy unido, donde sus historias se entrelazan y no es posible llegar a conocer uno sin explicar su relación con el resto.

El Castillo,  cuyos orígenes se remontan al S. XI, sería ampliado y modificado en época cristiana. La estructura del conjunto arquitectónico actual es de cronología cristiana, realizado en fases entre los siglos XIV, XVI, XVIII y XIX . En la segunda mitad del S. XX, se inicia la restauración de la fortaleza, vigente actualmente.

En 1238, Jaime I lo donó al caballero Rodrigo de Linaza, quien lo ocupó en 1245 cediéndolo a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén junto a los castillos de Macastre y Monroy. Pero pronto volverían a estar en poder de Jaime I, entregándoselos a Berenguela Fernández y al hijo de ambos, Pedro Fernández. En 1304, Jaime II lo compró para su hijo Alfonso.

Tras estar varios años en conflicto por su posesión, en 1424 lo adquiere Alfonso V y lo vende a Berenguer Mercader el 20 de mayo de 1425, más tarde Felipe III lo convierte en condado el 3 de mayo de 1603, otorgando el primer título de conde a Gaspar Mercader i Carrós.

Tras la expulsión de los moriscos en 1609, el condado queda casi vacío, lo que obligó al conde a repoblar la zona  otorgando una  nueva Carta Puebla  a gentes venidas mayormente del mismo Reino de Valencia, aunque también castellanos, mallorquines, navarros… con la obligación de residir en la villa.

En 1787, los habitantes del condado solicitan la incorporación a la Corona, lo cual se  consigue en 1836 tras un pleito de cerca de cuarenta años entre los condes de Buñol y  los pobladores de la Hoya de Buñol

Fue a partir de entonces cuando la población comenzó a edificar casas dentro del recinto aprovechando  todos los edificios existentes y posteriormente construyendo sus casas en los espacios vacíos de la fortaleza, transformándose en un barrio más de la población.

Anteriormente, durante la guerra de Sucesión la guerra de la Independencia y las guerras carlistas  el castillo se utilizó como cuartel y cárcel.

Durante la guerra de la Independencia, el ejército francés saqueo el castillo y su iglesia.

En 1957 se creó la Asociación Pro-Castillo de Buñol, cuyo objetivo era la recuperación y restauración del mismo, tras su disolución ha sido el Ayuntamiento de Buñol el que ha continuado con la recuperación.

 El castillo de Buñol se encuentra asentado en el centro de la ciudad (ya que ésta se desarrolló en torno a él), aprovechando  un espolón rocoso, rodeado por un barranco y el rio Buñol que le permiten dominar a ésta y a toda la Hoya de Buñol. Su localización es estratégica al encontrarse junto al antiguo camino Real de Valencia a Madrid.

De origen musulmán, sus funciones han sido variadas en sus más de mil años de historia, castillo, residencia señorial, cuartel, cárcel, centro administrativo, barrio popular y ahora atractivo turístico.

El Palacio del Virrey Laserna permite al visitante un viaje en el tiempo al lujo y esplendor de épocas pasadas. Situado en pleno corazón del centro histórico de Jerez de la Frontera, su propiedad se ha transmitido de padres a hijos desde el repartimiento de Alfonso X el Sabio en la segunda mitad del S. XIII.

Durante la visita guiada conocerán la historia de los distintos condes. La apasionante vida del general D. José de Laserna, I Conde de los Andes, héroe de la guerra de independencia, último Virrey del Perú y de España en América, que moró en el Palacio a finales del S. XVIII. Pero también la de D. Francisco Moreno y Zuleta, VI Conde de los Andes, Ministro de Economía y Hacienda con Alfonso XIII, Jefe de la Casa Real en el exilio y albacea testamentario de S.M.  Así como el VII Conde de los Andes, D. Francisco Moreno y Herrera, político, ensayista, premio nacional de literatura y miembro del Consejo privado de D. Juan III.

La riqueza arquitectónica del palacio, de estilo neoclásico pero con reminiscencias de épocas anteriores, sus amplios salones, su decoración exquisita, su inigualable colección de mobiliario clásico y obras pictóricas de primer orden representan el paradigma del espléndido boato del antiguo estilo de vida de la aristocracia andaluza.

Merece la pena destacar los restos que aún quedan del antiguo palacio árabe sobre el que se edificó; la galería de caza, el jardín de estilo regionalista andaluz y su azulejería, los cuadros de Zurbarán, Rubens o Snyders, el magnífico comedor en el que han almorzado reyes, políticos y aristócratas, las vidrieras de Maumejean, la colección de bargueños, la impresionante escultura de los gallos de pelea de Gueret, los tapices flamencos y alguna que otra curiosidad, como una cama para perro del S. XVIII.

Castillo de Garcimuñoz, que es Conjunto Histórico desde 2002,  tiene la peculiaridad de poseer dos castillos, uno encima del otro. Son el castillo que habitó don Juan Manuel desde 1312 y el que mandó construir el marqués de Villena don Juan Pacheco en 1458.

Las primeras referencias al castillo de origen árabe datan del año 1172 en que el emir Abu Yacub Yusuf, de paso hacia Huete, lo destruye y esclaviza a sus mujeres y niños. Restaurado por Garcí-Muñoz, fue habitado por don Juan Manuel quien desde él controlaba el señorío de Villena, tal como siguieron haciendo los sucesivos marqueses hasta que don Juan Pacheco trasladó el centro de control a Belmonte. 

En la visita a este castillo se puede apreciar la muralla norte-sur que lo protegía, y diversas dependencias del mismo organizadas con respecto a un patio interno que actuaba como distribuidor. 

El castillo de don Juan Pacheco comenzó a construirse en 1458 sobre los restos del anterior que fue demolido. El maestro que lo construyó fue Martín Sánchez Bonifacio, uno de los integrantes de la escuela de Toledo. 
Es un castillo de transición al fuerte abaluartado.

Es de estilo gótico isabelino como lo testimonian sus troneras de cruz y orbe y el bocel decorativo que rodea todo el castillo por debajo de las ventanas del segundo piso, las puntas de diamante y bolas abulenses de su portada, etc. 

Su destrucción y el rebaje de sus lienzos y torres ocurren a partir del año 1663 en que una crujía del castillo se convierte en la actual iglesia de san Juan Bautista, inaugurada en 1708. Los muros del castillo sirvieron de cantera para las obras de la iglesia. 

El castillo ha sido restaurado recientemente (2010-2016) por Izaskun Chinchilla en estilo postmoderno. Una restauración polémica, donde la escultura se mezcla con la arquitectura, pero digna de ser visitada para valorar los distintos estilos de restauración de castillos.

La rehabilitación realizada permite visitar:

  • La torre del homenaje con 16,5 metros de diámetro en la que se ha recuperado el aljibe original.
  • Las cuatro ventanas góticas del segundo piso y las singulares ventanas del primero.
  • El interior de la torre suroeste que finaliza la visita a este castillo y conduce a la plataforma que da acceso al castillo de don Juan Manuel, en ella hallamos 40 chimeneas solares hoy solamente decorativas.

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