Alquiler de espacios y MICE.

A continuación se listan aquellos castillos y palacios en los que puedes reservar espacios y MICE.

La Fortaleza de la Mota, en la provincia de Jaén sorprende por ser una atalaya natural en un mar de olivos que alberga el emplazamiento de la ciudad de Alcalá la Real hasta el s.XVI. En la actualidad el conjunto urbano medieval mejor conservado de Andalucía.


Su estratégico emplazamiento entre la Alhambra de Granada y la Mezquita de Córdoba alberga el Centro de interpretación Vida en la Frontera, que nos descubre la importancia en la historia de Al-Andalus. 


Qal’at Banu Said o de Benzayde fue su nombre desde el año 713 hasta el 1341, momento en el que Alfonso XI la tomara definitivamente y le concediera el título de Real, convirtiéndose en llave, guarda e defendimiento de los Reinos de Castilla frente al Reino Nazarí de Granada, durante 150 años. 


Testimonio de esta conquista definitiva se conserva la Ciudad Oculta, una red de galerías subterráneas, que tuvieron una importancia capital en la toma de la ciudad fortificada en el siglo XIV.


El Conjunto Monumental de la Fortaleza de la Mota conserva su trama urbana original y numerosos vestigios del sistema de vida de la época medieval. Cruzando sus puertas descubrirás los elementos de una ciudad medieval fortificada, como las murallas, torres y adarves, que junto a la Alcazaba y Barrio Militar de la ciudad formaban parte del sistema defensivo. O sus bodegas, nevero, barrios como el de El Bahondillo y palacios que han quedado aquí testimonios de otro tiempo para que tú puedas contemplarlos y te transporten a una época de fusión de culturas y credos. Un innovador audiovisual en la Iglesia Mayor Abacial te emocionará y narrará su apasionante historia.

 

Se levanta sobre un castro celtibérico, y fue edificado a partir del siglo XI adosado a un ángulo de la muralla. Su construcción se prolongó hasta el siglo XVII, por lo que tiene una mezcla de estilos arquitectónicos muy característica, aunque predominan el gótico y el renacentista.

En su construcción participaron algunos de los arquitectos más famosos de la época: Hanequin de Bruselas, Juan Guas o Juan de Álava, autor del actual patio de armas.

Es de forma irregular y tiene una superficie de 1.025 m2. Destaca su patio de armas, así como la torre del homenaje, de 20 m de alto, que conecta con la crujía oriental que albergó una de las armerías más ricas y valiosas de España. Está rodeado por una barbacana exterior, y conecta a través de un tapial con el antiguo bosque de caza del castillo, ahora parque municipal.

Fue propiedad de validos reales como el Álvaro de Luna o Beltrán de la Cueva, y entre sus huéspedes más ilustres destacan los reyes de Castilla, como Sancho IV, o su mujer doña María de Molina, que celebró las cortes del reino en 1297, o Juan I y su mujer doña Leonor, que murió en el castillo. También destacan el pintor Parcerisa, José de Espronceda, el general Hugo o el duque de Wellington.

En 1997 surgió el Castillo Habitado, la primera visita teatralizada de España. Además de un espacio turístico, es un instituto de Educación Secundaria, y sede de la Fundación de la Casa de Alburquerque, que custodia uno de los archivos nobiliarios más importantes del país.

El Hospital de San Juan Bautista, más conocido como Hospital Tavera, nació en el siglo XVI con una doble función: benéfica, hospital para “los tocados de diferentes enfermedades”, y sepulcral, panteón de su fundador, el Cardenal Juan Pardo Tavera, arzobispo de Toledo, inquisidor General, presidente del Consejo de Castilla y gobernador del reino en ausencia del Emperador.

Su fisonomía palaciega deriva del modelo, la gran casa privada romana de doble patio descrita por Vitruvio, que su primer arquitecto Alonso de Covarrubias, maestro mayor de la Catedral Primada y arquitecto real, eligió para satisfacer un concepto novedoso de hospital.

Su construcción inaugura, en 1540, el programa de renovación arquitectónica y urbanística que el círculo de humanistas que rodearon al Emperador Carlos V proyectó para adecuar la imagen de Toledo a su papel de Capital Imperial, y que el Greco plasmaría años después en su célebre “Vista de Toledo” en la que sitúa en primer plano, flotando sobre una nube e invirtiendo su orientación, este Hospital en cuyo alhajamiento participó.

La fabulosa suma que, según el administrador del Hospital, Pedro Salazar de Mendoza, se había gastado hasta 1599, medio millón de ducados, cuando todavía quedaba gran parte de la Iglesia por construir, la convierte en una de las más esplendidas fábricas de la época, quizás sólo comparable, según el Historiador del Arte, Fernando Marías, con la del Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

 

Se trata del castillo más grande de la provincia de Cádiz. Considerado único en su género, se encuentra en el punto intermedio entre las fortalezas medievales casi inexpugnables y los modernos fuertes artillados: aquellos que comenzaban a ser capaces de resistir la artillería de pólvora. Es además uno de los castillos mejor documentados de España.

El Castillo fue construido a finales del siglo XV por D. Enrique Pérez de Guzmán, II Duque de Medinasidonia,  quien después de aumentar considerablemente la riqueza familiar y situada la Casa de Medinasidonia como una de las principales del Reino de Castilla, emprendió la obra de este singular edificio. Probablemente terminado en 1477, un año más tarde fue visitado por la Reina Isabel la Católica, quien según la tradición, vio el mar por primera vez desde su torre más alta, desde donde se vio partir a Cristóbal Colón en su tercer viaje a las Indias en 1498, a Magallanes en 1519 y la vuelta de  dicha expedición a cargo de Juan Sebastián Elcano en 1522, tras dar la vuelta al mundo por primera vez en la historia.

Tras una exhaustiva restauración llevada a cabo por la empresa OFFICIA S.L,. actual gestora del monumento, el castillo abrió sus puertas por primera vez para visitas en julio de 2006. En la actualidad, y ya convertido en el monumento más visitado de Sanlúcar de Barrameda, es todo un referente en cuanto a turismo cultural y de visita obligada para locales y foráneos

El Palacio del Virrey Laserna permite al visitante un viaje en el tiempo al lujo y esplendor de épocas pasadas. Situado en pleno corazón del centro histórico de Jerez de la Frontera, su propiedad se ha transmitido de padres a hijos desde el repartimiento de Alfonso X el Sabio en la segunda mitad del S. XIII.

Durante la visita guiada conocerán la historia de los distintos condes. La apasionante vida del general D. José de Laserna, I Conde de los Andes, héroe de la guerra de independencia, último Virrey del Perú y de España en América, que moró en el Palacio a finales del S. XVIII. Pero también la de D. Francisco Moreno y Zuleta, VI Conde de los Andes, Ministro de Economía y Hacienda con Alfonso XIII, Jefe de la Casa Real en el exilio y albacea testamentario de S.M.  Así como el VII Conde de los Andes, D. Francisco Moreno y Herrera, político, ensayista, premio nacional de literatura y miembro del Consejo privado de D. Juan III.

La riqueza arquitectónica del palacio, de estilo neoclásico pero con reminiscencias de épocas anteriores, sus amplios salones, su decoración exquisita, su inigualable colección de mobiliario clásico y obras pictóricas de primer orden representan el paradigma del espléndido boato del antiguo estilo de vida de la aristocracia andaluza.

Merece la pena destacar los restos que aún quedan del antiguo palacio árabe sobre el que se edificó; la galería de caza, el jardín de estilo regionalista andaluz y su azulejería, los cuadros de Zurbarán, Rubens o Snyders, el magnífico comedor en el que han almorzado reyes, políticos y aristócratas, las vidrieras de Maumejean, la colección de bargueños, la impresionante escultura de los gallos de pelea de Gueret, los tapices flamencos y alguna que otra curiosidad, como una cama para perro del S. XVIII.

El elemento más distintivo de la localidad es el formidable "Castillo de Alconchel”, también llamado en la actualidad como Castillo de Miraflores por estar ubicado en el cerro del mismo nombre. Y enclavado sobre la cima del cerro de este mismo nombre, domina con su imponente presencia todos los territorios del entorno. De origen árabe, y reconstruido en el siglo XII por el monarca lusitano Alfonso Enríquez, fue consolidado luego por los templarios, convirtiéndose en uno de los bastiones más importantes de esta Orden. Originariamente se componía de triple recinto, reforzado el intermedio con cubos apuntados hacia el sur. Lo preside una poderosa torre de Homenaje, completando el conjunto un buen patio de armas, aljibes, mazmorras, capilla y otras dependencias de las que se conservan distintos restos. Hoy se encuentra en su interior el Centro de Interpretación de las Fortificaciones del Gran Lago de Alqueva, alberga ya un espacio único para convenciones, congresos y exposiciones y se prepara para el hospedaje. 

El Castillo de Loarre es una de las fortalezas románicas más antiguas y la mejor conservada de Europa. Situado en la frontera natural entre el valle del Ebro y la cordillera de los Pirineos, el castillo domina la llanura de la Hoya de Huesca desde un risco pétreo a 1070 m. de altitud. Construido a lo largo del s. XI en diferentes fases que fueron respondiendo a necesidades distintas.

La primera fase se inicia hacia el año 1020 por el gran rey pamplonés Sancho el Mayor, que en su afán de proteger de los ataques musulmanes sus condados pirenaicos, aprovecha las montañas del prepirineo oscense para instalar una serie de fortalezas que crearán una auténtica frontera fortificada, de la cual Loarre será uno de sus últimos eslabones. De ésta primera fase destacan las dos torres principales y la capilla románica de Santa María. La segunda fase la inicia su nieto, el segundo rey de Aragón Sancho Ramírez, hacia el año 1071, que con el respaldo de la Santa Sede decide rodear la antigua fortaleza de su abuelo, que seguía siendo frontera, con un gran monasterio que albergará una orden de canónigos agustinos, uniendo en Loarre la espada y la cruz, la función militar y la monástica. De ésta fase destaca la impresionante Iglesia de San Pedro, una joya única de la arquitectura románica coronada por una espectacular cúpula.

La última fase de construcción se demorará hasta finales del s. XIII, y es la muralla jalonada de torreones semicirculares que recorre los más de 170 m de perímetro, y que rodeaba no sólo la fortaleza, sino también  un pequeño poblado surgido al amparo del castillo, y que es el origen del Loarre actual. Será ya en los albores del Renacimiento cuando tan magna fortaleza se abandona definitivamente quedando su presencia impertérrita en lo alto de la sierra de Loarre.

El castillo fue construido en el siglo XV por el I Duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza. Prosiguió las obras su hijo Íñigo López de Mendoza, quien incorporó al proyecto al arquitecto Juan Guas, uno de los máximos representantes del gótico tardío en Castilla y arquitecto de los Reyes Católicos.

Ambos eran hijo y nieto del Marqués de Santillana, autor de las conocidas Serranillas. Este edificio es plasmación arquitectónica de una sociedad a caballo entre dos épocas, la caballeresca medieval (elementos defensivos como el antemuro o la entrada acodada) y la renacentista humanista, con sus grandes salones, las fachadas decoradas y miradores más propios de un palacio. A pesar de que en la Villa había ya un castillo, Diego Hurtado de Mendoza decidió construir uno nuevo aprovechando los materiales del antiguo para crear un edificio acorde con la relevante posición que iba adquiriendo la Casa Ducal. Todo el edificio se realza con el robusto antemuro defensivo y el paseo de ronda.

El castillo ha experimentado sucesivas rehabilitaciones, como la que culminó en 2007 con diferentes obras que supusieron la creación de un centro de interpretación y el acondicionamiento de las salas interiores, con una decoración que intentaba acompañar la época histórica de la colección de tapices que adornan el monumento.

Recientemente, además, se ha rehabilitado el entorno paisajístico del castillo y se ha creado un espacio que recoge diferentes aspectos de la vida desarrollada a finales del siglo XV. 

Castillo Palacio de los Fernández de Heredia, Siglo XIV (Gótico Levantino)

El mayor castillo que puedas imaginar.

El Castillo de Mora de Rubielos es un monumento representativo del gótico mediterráneo situado en la parte más alta de la villa sobre un promotorio rocoso.

El Castillo es una maciza construcción de sillería de planta cuadrangular irregular con cuatro torres, patio de armas porticado y galería claustral. Ocupa un área de 4.300 m2 (67 x 65 m.). La rampa de acceso de intra-muros está dispuesta en zig-zag y presenta aspilleras en su recorrido, delatando su función defensiva. Flanqueada la puerta, una ligera pendiente con escalones nos conduce al:

Patio de armas porticado; claustro cuando fue convento. Tiene una superficie total enplanta de 1.400 m2 (38 x 37 m.). De planta casi cuadrado irregular y cuyos arcos apuntados presentan dimensiones distintas. En algunos capiteles aparece decoración de animales o monstruos, pero están muy deteriorados.

Caballerizas. Establos. Sótano al que se accede por un arco sesgado, junto al ángulo que forman los muros. La bajada se efectúa por una suave pendiente escalonada, que en un tiempo fue de tierra. Se llega así a un amplio espacio que en su día soportó a derecha e izquierdas los pesebres del ganado.

Marcas de canteros. Pueden verse todavía grabadas en algunas dovelas que construyen los arcos fajones más próximos a la entrada (y en otras salas del castillo) y son la firma de las cuadrillas de canteros que trabajaron en su talla.

Gran salón comedor o de usos diversos, según el castillo pasase por días de paz o días de contienda, que eran los habituales en el medievo.

Antesala, que podía ser con un poco de imaginación, armería, scriptorium y vestuario.
Hoy alberga parte del Museo Etnográfico, son piezas obtenidas exclusivamente en la misma villa.

Alcoba.Dormitorio principal del castillo de los Fernández de Heredia. Esta estancia está alojada en el hueco de la torre de posición. Este, ofreciendo muy gruesos muros, según puede verse por la profundidad del ventanal y también un acorazado techo con el doble de vigas que precisaría normalmente.

La mazmorra. Prisión de gran seguridad La Gran Escalera, Torre-Puerta Extramuros, Escalera Helicoidal, Sacristía en la Etapa Conventual, Gran Sala de 284 m2, Sótanos Primera y Segunda planta. Cripta de Enterramiento, Cripta.y la Capilla.

Declarado en 1931 Monumento Nacional (la villa será declarada Conjunto Histórico- artístico en 1978), su restauración se inició en 1972 con el desescombro, limpieza y consolidación de arquerías y forjados.

 

Nos encontramos en el municipio de Alcaudete, situado en la Comarca de la Sierra Sur de Jaén. Alcaudete es tierra rica en olivares, frutos y agua. Fue zona de paso estratégica durante la Edad Media y el dominio árabe, al encontrarse en el camino que iba de Córdoba a Granada y lugar fronterizo durante más de cien años, una vez conquistado por los cristianos.


           Esto nos pone en la tesitura de pensar, ¿por qué hay un Castillo en Alcaudete? Corría el año 711 cuando los musulmanes entraron en la Península e iniciaron la conquista de lo que se denominó Al-Andalus, llegando hasta los valles del Duero y el Ebro.

           Sin embargo, hacia el año 1030, su poder se debilitó tanto que los reyes cristianos iniciaron una ofensiva para recuperar las tierras conquistadas y proteger el territorio y a sus habitantes. Así se creó un sistema defensivo potente para impedir la recuperación de las tierras por los musulmanes, basado en un amplio abanico de grandes castillos, atalayas y fortalezas, como es el caso del Castillo de Alcaudete. Alcaudete era conocido en el siglo IX con el nombre de al-Qabdaq o al-Qibdaq, siendo un lugar de refugio para las poblaciones campesinas de la zona.

           Con este fin, en lo alto del cerro se edificó una fortaleza, aprovechando para su defensa las fuertes pendientes, conjuntos rocosos y tajos naturales. Así, durante el dominio almohade, se construyó una gran muralla alrededor del núcleo urbano, además de un alcázar en la cumbre. Todo ello para proteger en caso de ataque a los habitantes y soldados de Alcaudete.

          Dentro del alcázar había un aljibe que recogía agua de lluvia para subsistir, y jaimas a modo de hogares, para hacer vida y dormir. Posteriormente, el Castillo de Alcaudete formó parte del cinturón de defensa que el Rey Fernando III El Santo encomendó para la protección de la frontera occidental del reino de Jaén frente al reino nazarí de Granada.

          Fue construido entre los siglos XIII y XIV. Este Castillo ha tenido varias etapas a lo largo de su vida, que han impregnado sus paredes de leyendas e historias, de recuerdos y aventuras, que han dejado huella en su estructura y que hacen que el conjunto monumental posea una belleza singular que no deja indiferente a sus visitantes.

          Fernando III y su hijo Alfonso X concedieron señoríos en el Reino de Jaén como pago a su ayuda en la conquista del Valle del Alto Guadalquivir, y con el claro objetivo de servir de cinturón protector frente al Reino Nazarí de Granada. Por ello, Alcaudete fue entregado a la Orden de Calatrava en 1245. De ahí que el castillo se pase a denominar Castillo Calatravo de Alcaudete.

          El Castillo de Alcaudete ha tenido varias etapas a lo largo de su historia. Cuando la Orden Calatrava deja esta tierra y la villa se convierte en una zona de realengo, el Castillo se transforma en un Palacio privado, donde los señores de Alcaudete que lo habitaron, colocaron sobre la puerta los escudos de la familia Córdoba y Montemayor. Actualmente estos escudos están tan deteriorados que apenas se distinguen.

El Castillo de Lorca, catalogado como Bien de Interés Cultural, constituyó un bastión defensivo que marcó durante siglos la frontera entre el cristiano reino de Murcia y el reino nazarí de Granada. Tras varios años de trabajo para su consolidación y rehabilitación, abrió sus puertas en el 2003 y se puede visitar todos los días del año, encontrando distintas propuestas, exposiciones, talleres para niños, visitas guiadas, actividades extraordinarias en distintas épocas del año, en definitiva, un espacio para aprender la historia y la cultura de Lorca.

El Castillo es un símbolo para todos los habitantes de Lorca. Desde su privilegiada ubicación, en el Valle del Guadalentín, ha estado habitado desde la Edad del Bronce, lo que lo ha convertido en un yacimiento arqueológico excepcional para conocer el pasado, desde la Prehistoria hasta la actualidad.

El aspecto actual del Castillo de Lorca es el resultado de las continuas reformas que las distintas civilizaciones han ido llevando a cabo en sus 52.000 m² de extensión. Gracias a la arqueología se conocen los enterramientos argáricos de hace 3.500 años y los vestigios romanos que oculta su subsuelo. No obstante, la configuración definitiva del Castillo tuvo lugar en la Edad Media, época a la que corresponden la mayor parte de los restos conservados, siendo el descubrimiento más reciente una sinagoga y un barrio judío del s. XV visitable todos los días del año.

En función de la temporada se pueden realizar distintas actividades que complementan la visita cultural con música, gastronomía... También hay propuestas diferentes para distintos tipos de visitantes: familias con niños, escolares, grupos, extranjeros y público en general. Las mascotas son bienvenidas. Un espacio donde aprender y divertirse a la vez.

Aunque dejarse maravillar por el Castillo de los Templarios resulta muy fácil, llegar a conocerlo no es tan sencillo. Con sus 8.000 m2 de superficie, está considerado como uno de los castillos más importantes del noroeste peninsular y es el emblema principal de la ciudad de Ponferrada.

Su arquitectura militar atiende a siglos de historia, donde diferentes pobladores han dejado su huella a través de sucesivas construcciones, reformas, abandonos y rehabilitaciones. Declarado Monumento Nacional en 1924 y Bien de Interés Cultural (BIC), no será hasta finales del siglo XX cuando se haga un gran esfuerzo de recuperación de las murallas y dependencias del Castillo.

El resultado es un monumento multifuncional, donde se desarrollan diversas actividades expositivas, musicales, lúdicas, didácticas y religiosas.

Su emplazamiento siempre ha sido privilegiado en todos sus sentidos. Geográficamente, ha sido lugar de paso obligado entre la Meseta y Galicia, y recorrido obligado para los peregrinos hacia Santiago. Tácticamente, su ubicación sobre un promontorio a orillas del río Sil, ha permitido la protección y defensa de su territorio y del Camino. Localmente, es un hito referente en el casco antiguo de la ciudad, en torno al cual encontramos importantes edificios monumentales: iglesia de San Andrés, las Cuadras (Oficina de Turismo), Casa de los Escudos (Museo de la Radio), Basílica de la Encina, convento de la Purísima Concepción, antigua Cárcel (Museo del Bierzo), calle y Torre del Reloj, Ayuntamiento y antigua plaza de las Eras.

El Castillo de los Templarios, el Camino de Santiago y la ciudad de Ponferrada tienen un pasado y futuro muy unido, donde sus historias se entrelazan y no es posible llegar a conocer uno sin explicar su relación con el resto.

El Castillo de Cullera es una construcción del siglo X, de la época califal, levantado sobre restos de otra edificación Ibero-Romana. Fue en el momento de la reconquista cuando el Rey Jaime I decidió reformarlo y ampliar la fortaleza.

El conjunto está formado por un conjunto de 5 torres,  la fortaleza y dos recintos fortificados, así como el Alt del Fort, un fortín construido en el siglo XIX durante la Guerra Carlista. También en el siglo XIX se adosó al Castillo de Cullera el  Santuario de la Virgen del Castillo, una bella construcción de origen neorromántico.

El paseo entre sus murallas es una vuelta al pasado. Caminar entre sus pasillos y salas más emblemáticas dejando volar la imaginación, ponernos en la piel de todos aquellos que vivieron y lucharon entre los muros de esta robusta fortaleza hace más de diez siglos, es una experiencia que no hay que perderse. Durante la visita podremos disfrutar de un museo, de la capilla de la virgen y por supuesto de la sala de armas.

El castillo es una montaña en medio de un valle.

Controla la comarca de Els Ports, un amplio territorio de más de 1000 km2 que se fijó en la época islámica y que, aproximadamente, es el paisaje que se ve desde la plaza de armas. Es en la época islámica (7-14-1231) cuando el castillo toma el relevo a Lesera, la ciudad iberromana en el actual término del Forcall, como centro de la Comarca. En esta época (1804) es cuando llega a estas tierras El Cid que estaba al servicio del rey  musulmán de Zaragoza.

La importancia del castillo durante la época cristiana viene dada por su situación en el centro geográfico de la Corona de Aragón. Además era el único castillo en manos de la Corona de Aragón en muchos kilómetros a la redonda, ya que en todo el territorio próximo estaba en manos de las órdenes militares. Jaime I el Conquistador ya manifestó que valía tanto como un condado y que sólo podía estar en manos del rey.

Ha pasado por mil vicisitudes e infinidad de guerras. La guerras de la Unión, (s.XV), Las Germanías (XVI), la larguísima y cruel guerra de Sucesión  a la Corona de España(XVIII), la guerra del Francés (XIX) y las tres guerras carlistas siendo la primera (1833-1840) la más significativa. Aquí nos encontramos con la figura del general Cabrera que tuvo al castillo y Morella como un pequeño estado al final de dicha guerra. Después de las tres guerras carlistas el castillo y el Convento de San Francisco están en manos del regimiento de infantería Otumba con 300 soldados hasta 1911 en que abandonan la plaza.

Su historia, por tanto, abarca desde la época neolítica, donde ya había asentamientos, hasta bien entrado el siglo XX. Toda una historia ligada a la historia de España.

Es monumento histórico nacional des del 4 de junio de 1931.

A poca distancia de Santiago de Compostela, en la margen pontevedresa del valle fluvial del Ulla, se halla el pazo más visitado de Galicia, el palacio de Oca, conocido como el "Generalife del Norte" o el "Versalles Gallego".

a comparación de este monumento de arquitectura pétrea y vegetal con aquellos conjuntos universalmente conocidos pretende subrayar a la vez, la singularidad y la trascendencia del más señorial y mejor conservado de los pazos gallegos. El símil, pese a su naturaleza hiperbólica, evoca acertadamente que, aunque construido muy lejos de la Corte, la referencia en su diseño fue el jardín cortesano del Barroco.

El aspecto más sobresaliente de este conjunto es la unidad indisociable del agua, la piedra y la vegetación que convierte a este monumento en obra maestra de la arquitectura, la ingeniería y la jardinería, según las palabras que el historiador y académico don Javier Sánchez Cantón, usó en 1945 para incluir estos históricos jardines entre los protegidos.

La casa fuerte primitiva fue construida por orden de Álvaro de Oca a mediados del siglo XV, para perderla poco después en favor de la mitra compostelana en las luchas de la nobleza gallega contra el arzobispo de Santiago. En 1564 pasó a poder del rey Felipe II quien la vendió a María de Neyra, transmitiéndose de generación en generación hasta la XVIII duquesa de Medinaceli quien en 1978 lo donó a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli en el acto de su constitución.

El Palacio Del Infante Don Juan Manuel fue la primera fortaleza de Belmonte ordenada construir por Don Juan Manuel en el año 1323 sobre una anterior edificación visigoda. Fue el lugar de nacimiento en
1419 de Don Juan Pacheco, primer Marques de Villena, quien ordenaría la construcción del actual Castillo De Belmonte.


El II Marqués de Villena, Don Diego López Pacheco, lo convirtió en monasterio para lo que, en 1499, trasladó desde la Villa de la Alberca a la de Belmonte, a las Religiosas de Santa Catalina de Sena,
permaneciendo en el palacio hasta 1960.


Entre los muros de este edificio cargado de historia se encuentra ahora nuestro hotel, restaurante y spa, con las más actuales instalaciones para sus escapadas. 


La historia, tradición y cultura del lugar se funden con la modernidad, la calidad y la comodidad de nuestro hotel, un remanso de tranquilidad donde disfrutará de una estancia inolvidable.
Descubra las instalaciones del Palacio Del Infante Don Juan Manuel Hotel Spa y viaje atrás en el tiempo desde sus instalaciones, completamente rehabilitadas pero conservando la esencia y la inspiración de la arquitectura e historia originarias.

El actual castillo de Puebla de Sanabria se levanta sobre el mismo emplazamiento en el que estuvo el castillo del siglo XIII. De este anterior recinto son pocos los datos que se tienen, ya que sus escasos restos no han permitido más que influir su planta. Algunos historiadores han querido ver como única fortificación anterior a la actual una torre fuerte, conocida como “de los Losada”, sin embargo mayoritariamente se tiende a pensar que la construcción plenomedieval fue un castillo en el mismo emplazamiento y de similar tamaño del actual.

Pertenece al grupo de castillos obtenidos por favor real en beneficio de familias nobles que en determinadas circunstancias apoyaron a los monarcas en sus empresas. Llegado a manos del III Conde de Benavente, Alonso Pimentel, cabe suponer que emprendió las obras de levantamiento del nuevo castillo hacia mediados del siglo XV, según se deduce de su testamento, fechado en 1455.

Las obras serían reanudadas por el IV Conde, Rodrigo Alonso de Pimentel junto a su mujer María Pacheco, quienes entre los años 1477 y 1482 construirán la mayor parte de la obra. Aunque a estos corresponde la mayor parte de las obras de levantamiento de la fortificación, debieron ser sus sucesores, Alonso de Pimentel y Ana de Velasco los que terminarían las obras definitivamente

Actualmente el castillo, es uno de los monumentos más visitados de toda la Provincia de Zamora, registrando hasta 50.000 visitantes en el 2017.

Con la erección de esta capilla, comenzó en 1536 la transformación urbanística de la ciudad de Úbeda que, en un lapso muy corto de tiempo, apenas cincuenta años, produjo uno de los conjuntos renacentistas más singulares y prodigiosos de España, creado bajo el mecenazgo del todopoderoso secretario universal y principal consejero en asuntos de la hacienda imperial del Emperador Carlos V, Francisco de los Cobos, y de sus parientes, con el propósito de crear un marco urbano donde escenificar la vertiginosa ascensión social de su linaje.

Este espacio monumental, la hoy llamada Plaza Vázquez de Molina, está presidido por una Iglesia exenta, la Sacra Capilla del Salvador, pieza central de la declaración de Úbeda, junto con el vecino conjunto monumental de Baeza, como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y obra maestra de Diego de Siloé, en cuya planta sublima todo el simbolismo funerario que encierra el concepto de rotonda como evocación del Santo Sepulcro, capilla proyectada como templo funerario del mencionado Francisco de los Cobos y de su linaje. El proyecto de Siloé lo ejecutó Andrés de Vandelvira a quien posiblemente se deba enteramente la Sacristía.

El resultado es una Iglesia que está a la altura de la mejor arquitectura italiana del Renacimiento que participa de la ambición humanista de fundir la herencia clásica con la del mundo cristiano, ambición que también está presente en su rico programa iconográfico.

El Castillo de Riudabella, o Granja de Riudabella, es una antigua granja-fortín cisterciense convertida en mansión fortificada de estilo historicista. Está situada en el núcleo de Riudabella, al pie del bosque de Poblet, en el término municipal de Vimbodí y Poblet (Conca de Barberà). Está declarado como bien cultural de interés nacional .

Los orígenes de Riudabella se remontan a la época prehistórica tal y como  demuestra la existencia de diferentes yacimientos en la zona. El inicio de la edificación se ubica en la época ibera, ya que en este emplazamiento se halló  un torreón ibero de defensa. Posteriormente  en este mismo edificio se  tienen diferentes referencias  del asentamiento de una considerable villa romana.

Hacia el siglo XII, tras la ocupación sarracena,  Ramón Berenguer IV reconquista estos territorios y cede las tierras a los monjes del Cister que fundan el Monasterio de Santa María de Poblet,  y se encargan de desarrollar diferentes granjas dedicadas a la explotación agrícola y el cuidado de sus inmediaciones. 

Así Riudabella entre los siglos XIII y XVI se convierte en una importante   "granja fortín pobletana" donde se construyen sobre los elementos ya existentes, una masía fortificada con  diferentes dependencias dedicadas al alojamiento, a la oración y a las labores agrícolas realizadas por los monjes tales  como  el cultivo de la viña y la elaboración del vino, la miel y el azafrán. Eso explica la existencia en las dependencias de un importante "Celler" o bodega  de la época.

En el siglo XV el abad Delgado hace varias construcciones y una capilla. A lo largo de los siglos XVI-XVIII los monjes hicieron mejoras. 

Durante el periodo de la desamortización de Mendizábal, Pedro Gil i Babot, padre del tatarabuelo del actual propietario compró la masía como finca de caza. La restauración se hizo durante 1860 y fue cuando se rehicieron los edificios con un estilo neo medieval, convirtiendo Riudabella en una mansión fortificada.

 El edificio principal está formado por un cuerpo rectangular de tres pisos y desván y cubierto a dos vertientes; a ambos lados hay una torre, una cubierta a cuatro vertientes y el otro tiene la cubierta plana y está decorado con arcos de medio punto en la parte superior. En un lado hay una terraza con almenas acabadas en punta y pequeñas torres circulares en las esquinas. Todas las aberturas son con dinteles excepto en una de las torres que hay una galería hecha con ventanas de estilo gótico con arcos, finas columnas, relieves y calados. Todo el recinto está rodeado por una muralla con almenas acabadas en punta.
 
Se empezó como finca agrícola y residencia de verano de la familia, a uso privado, pero el paso de los años , las nuevas inquietudes de la sociedad así como los cambios económicos en general, han hecho que la familia nos replanteáramos abrir nuestra casa al público, para poderlo preservar y afrontar el costoso mantenimiento que implican este tipo de edificios.

En ese sentido, nos pareció más adecuado abrir un tema de “turismo rural” dado el singular entorno en el que se encuentra emplazado el Castell de Riudabella. Empezamos en 1992 con un apartamento para 6 personas en un ala del castillo y poco a poco fuimos adecuando las instalaciones anexas para dar servicio de piscina y jardín.

Después abrimos otro núcleo para 2 personas, con una filosofía diferente a la del turismo rural entendido y legislado por la Generalitat, y más acorde con la idea de ofrecer unos alojamientos con encanto y derivar más a un turismo histórico-cultural, rama que por cierto aún no existe en España.

En ese sentido estamos trabajando en estos momentos. Nuestra idea e ilusión, sería convertir el Castell de Riudabella en un referente del turismo histórico, con plaza para máximo 20 personas alojadas en apartamentos para 2/4 pax. Ubicadas en diferentes emplazamientos fuera del edificio principal (cocheras, establos, bordas...) y mantener éste para dar comidas especiales, celebrar eventos y reuniones.

Asimismo ofrecemos a nuestros huéspedes no sólo la oportunidad de pernoctar, sino también poder disfrutar de diferentes packs de ocio, véase, visitas guiadas por la ruta del Cister, Tarragona, el Reus modernista, cata de vinos, packs de spa (masajes, sauna, jacuzzi...) salidas en globo desde el propio castillo, deportes al aire libre (Paintball, senderismo, quads...) y claro está, la visita guiada privada por el castillo con explicación de su historia y la de nuestra familia.

También hemos adecuado unas salas en el antiguo granero, para poderlas ofrecer para celebrar bodas, eventos, reuniones de empresa... y así ampliar la oferta.

Nuestro último gran hito, será poder recuperar el antiguo jardín romántico e incluirlo en nuestra oferta turística y así disfrutar de un entorno privilegiado.

El castillo de La Monclova, que tiene su origen en el S.XIV, se emplaza sobre la ciudad de Obulcula S.II a.c. Constituye el último avatar de un secular núcleo de población de las épocas prehistórica, turdetana y romana, y la perduración de la ciudad en forma de alquería a través de la dominación musulmana, como así lo afirman los historiadores y geógrafos de la antigüedad, en sus reiteradas menciones. Su nombre de origen indígena, es el diminutivo de la otra gran ciudad ibérica denominada Obulco, en Porcuna (Jaén).

En el año 1342, el rey Alfonso XI le concedió el castillo de la Monclova a su Almirante de la Mar Micer Egidio Bocanegra como premio a los servicios prestados. Llegado el siglo XVI, estas tierras pertenecían a la familia de la Vega, hasta la muerte en combate del famoso poeta Garcilaso, emparentado con la  Casa de Mendoza por matrimonio de Leonor de la Vega, con Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana. El 20 de septiembre de 1617 se concede al señor de la Monclova, Don Antonio Portocarrero y Enriquez de la Vega, el Título de Conde de La Monclova y el 5 de mayo de 1706 la grandeza de España. Ya en el siglo XVIII estas tierras recaen en el Marqués de Ariza y posteriormente se une a la casa del  Duque del Infantado.

En el año 1910, Joaquín de Arteaga y Echagüe, XVII Duque del Infantado reconstruyó el castillo.

En la actualidad ha diversificado su actividad para dar la bienvenida a  visitantes e invitados que desean explorar la encantadora residencia, conocer su historia centenaria y disfrutar  de este  emblemático lugar.

El castillo de La Monclova era de planta rectangular, y disponía de torreones rectangulares, de los que se conservan vestigios en los ángulos norte y este. Aunque fueron muy remodelados con las obras posteriores, los restos más antiguos que se conservan de este castillo datan al siglo XIV, siendo éstos la Torre del Homenaje y tres lienzos del recinto amurallado. La Torre del Homenaje es de planta rectangular, posee dos cámaras superpuestas y una azotea con parapeto y almenas encapuchadas. Esta torre debió ser originalmente maciza, aunque hoy día alberga en su interior la escalera principal del palacio. La entrada al castillo se realiza a través de un pórtico con arco de medio punto sobre columnas y escudos familiares en las enjutas.

En un friso puede leerse "Se acabó año 1668". Desde la entrada se accede a un gran patio porticado en tres de sus lados con arcos semicirculares sobre columnas y escudos de la Orden de la Merced en las enjutas. La capilla luce hoy día un retablo de tendencia castellana de los siglos XVI, procedente del Castillo de Viñuelas, de Madrid, que era propiedad del Duque del Infantado. Las puertas de madera son muestra de la talla del siglo XVII.

El magnífico castillo es una demostración de importancia del poder que la familia Zuñiga tuvo durante el reinado Enrique II, último tercio del S. XIV. Las posesiones de los Condes de Miranda abarcaban desde Gormaz a lo largo de toda la línea defensiva del Duero, a la vez camino natural de comunicaciones entre los reinos de Navarra y Aragón y de los de León y Portugal.

El castillo que ahora podemos contemplar se construye a mediados del S.XV por el primer Conde, Diego López de Zuñiga y Guzman (Condestable de Castilla) respondiendo a las tácticas militares de la época. En posición central y dominante con acceso elevado desde el patio de armas y con dos niveles de disparos y proyectiles.

Es un castillo de extraordinarias proporciones que impresiona por su silueta, que adopta la forma de un buque de guerra varado en tierra en el que predomina la seguridad sobre la habilidad  y que se asemeja al no muy alejado castillo de Peñafiel. Fue fortaleza eminentemente militar y guerrera que sin duda estuvo dotada de muchos elementos defensivos como demuestra la variedad de aspilleras, troneras abocinadas, saeteras, matacanes…

La puerta de entrada está situada al norte y la gran torre del homenaje , cada esquina es un punto cardinal. Los restos que permanecen son piezas suficientes para enteder la extensión y distribución de esta gran fortaleza.

Castillo de Garcimuñoz, que es Conjunto Histórico desde 2002,  tiene la peculiaridad de poseer dos castillos, uno encima del otro. Son el castillo que habitó don Juan Manuel desde 1312 y el que mandó construir el marqués de Villena don Juan Pacheco en 1458.

Las primeras referencias al castillo de origen árabe datan del año 1172 en que el emir Abu Yacub Yusuf, de paso hacia Huete, lo destruye y esclaviza a sus mujeres y niños. Restaurado por Garcí-Muñoz, fue habitado por don Juan Manuel quien desde él controlaba el señorío de Villena, tal como siguieron haciendo los sucesivos marqueses hasta que don Juan Pacheco trasladó el centro de control a Belmonte. 

En la visita a este castillo se puede apreciar la muralla norte-sur que lo protegía, y diversas dependencias del mismo organizadas con respecto a un patio interno que actuaba como distribuidor. 

El castillo de don Juan Pacheco comenzó a construirse en 1458 sobre los restos del anterior que fue demolido. El maestro que lo construyó fue Martín Sánchez Bonifacio, uno de los integrantes de la escuela de Toledo. 
Es un castillo de transición al fuerte abaluartado.

Es de estilo gótico isabelino como lo testimonian sus troneras de cruz y orbe y el bocel decorativo que rodea todo el castillo por debajo de las ventanas del segundo piso, las puntas de diamante y bolas abulenses de su portada, etc. 

Su destrucción y el rebaje de sus lienzos y torres ocurren a partir del año 1663 en que una crujía del castillo se convierte en la actual iglesia de san Juan Bautista, inaugurada en 1708. Los muros del castillo sirvieron de cantera para las obras de la iglesia. 

El castillo ha sido restaurado recientemente (2010-2016) por Izaskun Chinchilla en estilo postmoderno. Una restauración polémica, donde la escultura se mezcla con la arquitectura, pero digna de ser visitada para valorar los distintos estilos de restauración de castillos.

La rehabilitación realizada permite visitar:

  • La torre del homenaje con 16,5 metros de diámetro en la que se ha recuperado el aljibe original.
  • Las cuatro ventanas góticas del segundo piso y las singulares ventanas del primero.
  • El interior de la torre suroeste que finaliza la visita a este castillo y conduce a la plataforma que da acceso al castillo de don Juan Manuel, en ella hallamos 40 chimeneas solares hoy solamente decorativas.

La fortaleza se comenzó a construir a mediados del siglo IX durante la época de esplendor del califato de Córdoba, concluyendo su construcción a mediados del siglo XIII por los caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén, mas de 350 años de construcción ininterrumpida y de ahí que en la actualidad se puedan visitar en un solo edificios los vestigios de tres castillos diferentes.

La orden le convirtió en la capital de un extenso priorato. La cesión del castillo y su alfóz a los caballeros se realizó en el año 1.183 por Alfonso VIII, aunque la fortaleza ya había sido reconquistada por Alfonso VI, justamente cien años antes, siendo lugar de enfrentamientos bélicos constantes, esta se perdió pasando de cristianos a musulmanes en repetidas ocasiones hasta pasar definitivamente al reino de Castilla.

Las ampliaciones y reformas del castillo continuaron a lo largo de los siglos para adaptarse paulatinamente a los usos y costumbres de cada época, dotándole de archivo, capilla, sala capitular, aljibes, potentes defensas (era necesario romper 7 puertas para acceder al núcleo central de la fortaleza y el grosor medio de sus muros es de 4.5 metros y la altura de sus torres de 30 metros, lo cual, unido a su posición estratégica, le daba un aspecto inexpugnable).

Su última ampliación se realizó en el siglo XVII con la intención de albergar una nueva ermita. La fortaleza continuó habitada hasta prácticamente principios del siglo XIX. En el año 1.813 el edificio fue volado por las tropas de Napoleón quedando en ruinas.

En 1.837 sufrió el proceso desamortizador de Mendizábal para ser adquirido por el Ayuntamiento en 1.962. Actualmente se halla en fase de rehabilitación habiéndose recuperado el 50% del castillo.

Hoy en día se pueden visitar dos de tres aljibes, la galería, la nave de archivos, la ermita, la sala capitular, la torre albarrana, las terrazas, el jardín, la barbacana y los pasos de ronda, siendo utilizado para representaciones teatrales y eventos culturales.

De estilo gótico mudéjar, fue mandado construir por Don Juan Pacheco, Marqués de Villena en 1456, hombre de confianza del Rey Enrique IV de Castilla y señor más poderoso del reino en su época.

La planta de este castillo en forma de estrella es única y su interior palaciego decorado con lujosas techumbres mudéjares en sus salones y galerías, así como su “bestiario medieval” esculpido en piedra, no tienen parangón en España y sin duda hacen de este castillo uno de los más emblemáticos de nuestro país.

El castillo se encuentra en perfecto estado de conservación gracias al esfuerzo de sus propietarios a lo largo de los siglos, y que se ha visto culminado con la última restauración, apoyando en esta ocasión las instituciones públicas el esfuerzo de la Casa Ducal de Peñaranda y Montijo, descendiente del Marqués de Villena y propietaria del Castillo.

El Castillo de Belmonte reabrió sus puertas al público en julio de 2010 y ofrece al visitante un recorrido cultural a lo largo de la historia de tan emblemático monumento, desde el siglo XV hasta la actualidad. La visita cultural dispone de audio-guía en 4 idiomas (español, inglés, francés e italiano), sala de audiovisual en gran formato con proyección de 12 minutos como introducción al recorrido turístico, y tecnologías de luz y sonido que trasladan al visitante a otra época.

Además,  desde el mes de Agosto de 2018, a los pies de la fortaleza se encuentra el mayor parque histórico-temático de máquinas de Asedio a escala real del mundo, Trebuchet Park. 

A lo largo de la visita se podrán ver 40 máquinas de asedio en cuatro ámbitos temáticos diferenciados: mundo cristiano, mundo musulmán, mundo oriental y renacimiento. En cuanto a la cronología, las piezas de los tres primeros espacios se sitúan entre los siglos V y XIV y en el siglo XV las del mundo Renacentista.

Todas las máquinas han sido probadas y funcionan tal y como lo hicieron en su época, y han sido reconstruidas con el mismo material empleado en cada período y con el máximo rigor histórico de acuerdo con la documentación existente (miniaturas, grabados, textos de la época, representaciones iconográficas o restos arqueológicos).

 

 

 

 

Fortaleza militar del sXI reconvertida en palacio en el sXV, conserva partes de estas dos épocas. De estilo medieval, no hay nada de nueva construcción y la conversión a alojamiento se ha hecho respectando la autenticidad del edificio. Bien de Interés Cultural desde 1931.

Cuatro torres de planta de las que sobresale la más importante, la del homenaje, y un claustro gótico renacentista en el centro del castillo.

Tiene 3 plantas y 2 entreplantas. Dispone de 40 habitaciones situadas por todo el castillo. La planta baja está compuesta por varios salones visitables. El restaurante está situado en la planta sótano, en las antiguas caballerizas del castillo y está abierto al público.

El castillo de Almodóvar fue construido en época árabe en el año 740. Recibió el nombre de Almudawwar, que significa el redondo, en honor a la forma del terreno donde está asentado el mismo.

Perteneció al Califato de Córdoba durante los años de Abderramán III. Cuando Al-Ándalus estaba dividido en diferentes reinos independientes entre sí, conocidos como los reinos de Taifas, el castillo perteneció primero a la de Sevilla, luego a la de Carmona y por último, a la de Toledo.

En 1240, cuatro años después de la reconquista de Córdoba, el castillo fue adquirido por Fernando III "El Santo", quién lo reconstruyó y amplió parte del mismo. 

Durante el reinado de Pedro I "El Cruel" o "El Justiciero", el bastión alcanzó una de sus épocas más esplendorosas, sirviendo éste de vivienda, prisión y de cámara de tesoros, asentándose así su función militar. 

Entre otras personalidades, las mazmorras del castillo de Almodóvar fueron ocupadas por D. Fadrique y Dña. Juana de Lara.

Es en 1900, cuando su propietario, D. Rafael Desmaissières y Farina, XII Conde de Torralva, dedica - durante 36 años- su fortuna y parte de su vida a reconstruir la fortaleza.

El castillo de Buñol, asentado sobre dos macizos rocosos, domina la ciudad y toda la Hoya de Buñol.  Su importancia estratégica se basaba en estar cerca de la antigua frontera entre Castilla y Valencia.

El Castillo,  cuyos orígenes se remontan al S. XI, sería ampliado y modificado en época cristiana. La estructura del conjunto arquitectónico actual fue realizada en distintas fases entre los siglos XIV y XIX. En la segunda mitad del S. XX, se inicia la restauración de la fortaleza, vigente actualmente.

En 1238 Jaime I conquistó el Castillo de Buñol entregando el señorío de Buñol a Rodrigo de Lizana. La fortaleza pasó por distintas manos hasta que finalmente, en 1425, fue adquirido por la familia Berenguer Mercader, convirtiéndolo en condado.

Tras la expulsión de los moriscos en 1609, el condado queda casi vacío, lo que obligó al conde a repoblar la zona por gentes venidas mayormente del propio Reino de Valencia, y también castellanos, mallorquines, navarros con la obligación de residir en la villa.

La emancipación del dominio condal había supuesto que el castillo perdiera el carácter residencial y tras los conflictos carlistas y un frustrado proyecto de reconvertir algunas estancias en hospital, a finales del S. XIX comenzó a ser ocupado por gentes que construyeron sus viviendas dentro del recinto.

De origen musulmán, sus funciones han sido: castillo, residencia señorial, cuartel, cárcel, centro administrativo, barrio popular y ahora atractivo turístico.

Situado en el centro del pueblo, entre la fosa del río de Buñol y el barranco de Borrunes, y separado por dos fosos artificiales que se salvan con puentes defendidos por torres que hacen también la función de puertas. Está dividido en dos zonas diferenciadas, unidas a través de un puente que salva el desnivel entre los dos montículos.

El primer recinto es un polígono formado por un lienzo recto, flanqueado por dos torres en los ángulos y una torre central de acceso que defiende la puerta. Aquí encontramos la llamada Plaza de Armas, cuyo recinto fortificado se hallaba dotado de un cuerpo de ronda perforado por saeteras. Actualmente este espacio todavía contiene viviendas adosadas a las murallas.  

En el centro del castillo, se alza la torre Mayor, conocida como “del Homenaje” que sirve de punto de acceso al segundo recinto del castillo (recinto sur).

El recinto sur, alberga las estructuras residenciales de la fortaleza. Se conserva parte del palacio gótico, la sala del Oscurico, - hoy nave única restaurada, utilizada para exposiciones y actos culturales, conservando los originales arcos de sillerías ojivales de su interior.
 
El antiguo palacio de los condes, La Casa Señorial, es la estructura de la fachada sur. Actualmente encontramos la Oficina de Turismo y la Colección Arqueológica junto con los restos de un pozo noria y un silo de cereales, restos de la dominación musulmana de la fortificación.

La iglesia de El Salvador, hoy alberga una muestra etnológica. Debió ser construida entre la segunda mitad del S. XIII y la primera mitad del S. XIV. Es una nave con bóveda de medio punto, lunetos y dos arcos fajones que la dividen en tres tramos.

En este recinto quedan también algunas casas todavía habitadas. La calle del Castillo termina en una empinada cuesta que da acceso al barrio antiguo del pueblo - Calle de Mallorquines- después de atravesar la puerta fortificada denominada 'La Torreta”. Este acceso está compuesto por una escalinata en eje acodado y una torre situada en la cota más baja del castillo.

En 1957 se creó la Asociación Pro-Castillo de Buñol y se planteó la necesidad de recuperar y restaurar el monumento como vestigio de la importancia histórica y estratégica.

En 1964 se promovió su declaración como Monumento Histórico-Artístico Nacional. Hoy es el centro del núcleo urbano que ha ido creciendo a su alrededor

Este palacio, más conocido como Casa de Pilatos, es una armoniosa síntesis de la tradición gótico-mudéjar tardomedieval y de las innovaciones del Renacimiento italiano, cuya introducción en Sevilla se debe a sus propietarios, los Enríquez de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía, principales representantes de la corona en la Baja Andalucía.

Situado en el centro histórico de Sevilla, su núcleo comenzó a construirse a fines del siglo XV, agregándosele salones, patios y jardines hasta convertirlo en el conjunto residencial privado mayor de la ciudad y en el marco ideal en el que desarrollar los nuevos modos de vida y sociabilidad de las élites de una ciudad enriquecida como metrópolis del mayor imperio ultramarino hasta entonces conocido.

A lo largo del Siglo de Oro, este palacio actuó de tamiz de los nuevos gustos artísticos procedentes de Italia que los sevillanos conocieron primero por las piezas marmóreas traídas de Génova, hace quinientos años, por el I marqués de Tarifa, con ocasión de su célebre peregrinación a Jerusalén que acabaría dando su nombre actual al palacio, y después, por las extraordinarias colecciones escultórica y pictórica reunidas, como Virreyes de Nápoles, por dos de sus descendientes, el I y III duque de Alcalá, obras muchas de ellas presentes aún en el palacio.

Por su organización espacial, su calidad arquitectónica y la riqueza de su decoración, devino el modelo canónico de la arquitectura civil andaluza y el patrón de los palacios sevillanos.

El castillo-palacio de Valderrobres es una obra gótica construida entre los siglos XIV y XV por iniciativa del arzobispo de Zaragoza, señor feudal del territorio, que lo utilizaba como residencia temporal. Forma pareja con la iglesia parroquial, edificada al mismo tiempo y durante las mismas fases y unida a él a través de un pasadizo que permitía acceder a la tribuna construida sobre la capilla lateral del templo y de ésta, con el interior de la iglesia.

El conjunto castillo-iglesia preside la localidad. Al recinto del castillo se accede a través de dos puertas, una situada frente a los pies de la iglesia y otra ubicada bajo el pasadizo de unión con el templo. Atravesando estas puertas se llega al patio de armas, que estaba amurallado en todo su perímetro.

El castillo es un edificio de planta poligonal irregular y tiene la particularidad de que está edificado en el lugar que ocupaba la cúspide de una colina rocosa, de modo que sus constructores utilizaron la montaña como cantera y, a la vez que vaciaban lo que sería el espacio interior, pudieron construir los muros perimetrales, ganando superficie en cada una de sus tres plantas, hasta la última en cuyo centro emerge la colina rocosa.

En su planta baja destacan la sala de caballerizas y de mozos de cuadra, la sala capitular, la bodega, la mazmorra y el pasadizo que le unía a la iglesia. En la planta noble están la cocina, las despensas, una necesaria, el gran salón de las chimeneas, la biblioteca y las salas privadas del arzobispo. En las plantas superiores se encuentran los almacenes del aceite, las galerías y graneros y por último el paso de ronda flanqueado por almenas, merlones y torreones.

 

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