Palacios Reales

Entre los muros de piedra que esconden rincones medievales, en parte del majestuoso Palacio-Castillo Primitivo de Olite, declarado Monumento Nacional, se ubica el Parador de la localidad. Las zonas comunes y parte de las habitaciones del hotel están integradas en el palacio, en cuyo interior te sorprenderán vidrieras, arcadas y otros elementos propios del Medievo. El palacio constituye el ejemplo más importante del gótico civil de Navarra, y uno de los más notables de Europa. En él te sentirás inmerso en un oasis de paz y tranquilidad entre centenarios muros de piedra.

Un recorrido por las estrechas callejuelas de Olite te permitirá pasear al abrigo de nobles casonas de piedra con escudos de armas, galerías medievales y espléndidas iglesias. La visita al Palacio Real, residencia predilecta de Carlos III el Noble, ubicado junto al Parador, y monumento más visitado de Navarra, es imprescindible.

El clima Mediterráneo convierte a la localidad en un paraíso idóneo para la vid y el buen vino, por lo que aquí podrás visitar bodegas y degustar exquisitos caldos.  Además, cada mes de agosto se celebran en la villa las Fiestas Medievales, en las que reyes y princesas, magos y juglares, halconeros y arqueros hacen regresar a la ciudad a la Edad Media.

Conoce el entorno

Un recorrido por las estrechas callejuelas de Olite te permitirá pasear al abrigo de nobles casonas de piedra con escudos de armas, galerías medievales y espléndidas iglesias. La visita al Palacio Real, residencia predilecta de Carlos III el Noble, ubicado junto al Parador, y monumento más visitado de Navarra, es imprescindible.

El clima Mediterráneo convierte a la localidad en un paraíso idóneo para la vid y el buen vino, por lo que aquí podrás visitar bodegas y degustar exquisitos caldos.  Además, cada mes de agosto se celebran en la villa las Fiestas Medievales, en las que reyes y princesas, magos y juglares, halconeros y arqueros hacen regresar a la ciudad a la Edad Media.

Vive la Historia

Uno de los conjuntos gótico-civiles más bellos de Europa se encuentra en Olite. Allí estuvo el Palacio
de los Reyes de Navarra, cuya parte más antigua se ha habilitado como parador. Su caprichoso
y anárquico perfil  lleno de recovecos, torres, almenas, galerías y jardines es una pura evocación
de la Edad Media.

El parador corresponde a la parte más antigua de todo el conjunto palaciego, el llamado Palacio Viejo o de los Teobaldos. Estamos ante un espacio habitado desde los romanos, cuyos restos arqueológicos asoman en algunas de las torres. El “praesidium” romano fue el núcleo del palacio hasta que, en la Edad Media, Carlos III de Navarra lo amplió y lo convirtió en uno de los palacios más bellos de Europa, adosándole a él el llamado Palacio Nuevo. El viejo palacio medieval estaba estructurado en torno a un patio interior rodeado por dependencias auxiliares, reservándose la primera planta para las estancias reales. Cuando el reino de Navarra fue incorporado a la unión peninsular en 1512 los palacios, tanto el viejo como el nuevo, perdieron su condición de reales y empezó su decadencia. Durante la guerra de la independencia fue prácticamente incendiado y, a principios del siglo XX sólo se conservaban las dos torres orientales y los muros exteriores. En 1966 comenzó su reforma para adaptarlo a parador de  turismo. Se reconstruyó el patio partiendo sólo de cimentaciones y, gracias a la documentación, se pudieron reconstruir los ventanales góticos de la fachada. El resultado final fue un pequeño parador de 800 metros de planta con apenas 14 habitaciones y zonas comunes. Debido a su insuficiente tamaño se creó un anexo diferenciado para las habitaciones unido por una logia en un estilo similar al conjunto palaciego.

Carlos de Viana, un principe infortunado

Aunque el príncipe Carlos nació en Peñafiel en 1421, se crió en el Palacio Real de Olite donde su abuelo, el rey Carlos III de Navarra, le consideró su sucesor creando para él el título de príncipe de Viana y educándole como a un futuro rey. Su destino, sin embargo, fue muy distinto. Aunque era el legítimo heredero del trono navarro como hijo de la reina Blanca, sus permanentes disputas con su padre, que nunca le quiso reconocer como rey, decidieron su futuro. Además, su padre tras enviudar de la reina Blanca se volvió a casar con una castellana que siempre intentó que los derechos de su hijo, el futuro rey Fernando el Católico, prevaleciesen sobre los de su hijastro Carlos. El carácter indeciso y excesivamente prudente de éste y las tensiones políticas de la época precipitaron su final. Su muerte prematura y su triste destino le convirtieron en un personaje romántico que el siglo XIX engrandeció en el arte y la literatura.

Las Torres del Viejo Palacio

Olite es famosa por su perfil caprichoso e irregular. Sólo en el palacio que hoy es parador hay tres torres distintas. En la esquina nororiental, la torre de la prisión, almenada y antigua sala de armas de la guardia; en la esquina suroriental, la torre de San Jorge, también almenada y donde Sancho el Fuerte construyó una pequeña capilla. En la fachada principal se levanta la más alta torre, la de las cigüeñas, antigua atalaya, de planta cuadrada y rematada por una pequeña torre circular.

 

El Real Sitio de La Granja es un bello y pequeño pueblo jardín a tan solo 11 kilómetros de Segovia, al pie de las montañas del Sistema Central. Allí se ubica un impresionante Parador compuesto por la Casa de los Infantes, construida en el siglo XVIII por Carlos III para que habitaran en él los infantes Gabriel y Antonio, y el Cuartel General de la Guardia de Corps, que acoge un moderno Centro de Congresos y Convenciones, situado a 55 minutos de Madrid.

Este exclusivo escenario dispone de 16 salas de reuniones con capacidad para más de 600 personas. La decoración es moderna, las estancias luminosas y confortables, y el entorno monumental y natural en el que se encuentra, en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama, al lado del Palacio Real de la Granja, de sus preciosos jardines y fuentes y de la Real Fábrica de Cristales, convertida en Museo del Vidrio, convierte al hotel en un lugar perfecto para relajarse y descansar y disfrutar de la elegante belleza del lugar.

La Granja es un sitio encantador y el Parador permite disfrutarlo al máximo. Sus modernas instalaciones, incluyendo spa, habitaciones amplias y muy equipadas, hacen que sea ideal para el turismo de congresos, o para una romántica estancia en pareja, de la que difícilmente olvidarás los paseos por los jardines del Palacio Real, y el increíble espectáculo que dibuja el agua en las fuentes. 

Conoce el entorno

La Granja se encuentra en pleno corazón de la Sierra de Guadarrama. Los amantes del arte y de la historia se recrearán en los Palacios de La Granja y Riofrío y en la Real Fábrica de Cristales. Para los amantes de la naturaleza, el Pinar de Valsaín ofrece un sinfín de sendas y rutas de senderismo.

En la austera Castilla hay un lugar que evoca el esplendor refinado de las cortes barrocas europeas. La Granja de San Ildefonso es el más afrancesado y hedonista de los Sitios Reales de España construido en torno al palacio barroco y uno de los jardines más bellos del país. 

Vive la historia

Junto al palacio de La Granja, se encuentra el edificio que, desde 2007, es parador de turismo. El enorme edifi cio, de cuatro plantas y unos doscientos metros de largo es la antigua Casa de Infantes, construida en 1770 para alojar a la servidumbre de dos de los hijos de Carlos III, don Gabriel y don Antonio. Se trata de una construcción rectangular muy alargada, organizada en torno a tres patios que disponen sus recorridos mediante corredores estrechos que dan acceso a las diferentes dependencias. Lo que más llama la atención es la sobriedad de sus fachadas en las que sólo los frontones que coronan los huecos y una puerta de entrada rompen con la sencillez más absoluta. En su interior, totalmente rehabilitado tras un incendio en 1984, los tres patios interiores confi gurados por grandes arquerías. Tras él, el Cuartel de Guardia de Corps convertido en el centro de convenciones del parador. En este caso nos encontramos con un edifi cio diseñado para uso militar donde debían centralizarse tropa y servicios, de ahí su planta en T, sus torreones y su patio trasero. Como en el actual parador, sólo se conservaban las fachadas que, tras su rehabilitación, han recuperado sus trampantojos de columnas clásicas y su originalísimo color verde. 

Los dos Infantes de Borbón

Los infantes don Gabriel y don Antonio de Borbón y Sajonia, hijos de Carlos III, no podían ser más distintos. Si Gabriel fue el “infante ilustrado”, su hermano, con fama de bonachón, era muy afi cionado a la encuadernación y la carpintería. El destino tampoco les trató igual, Gabriel murió joven mientras que Antonio llegó a ver reinar a su sobrino Fernando VII, tras la Guerra de la Independencia. Ambos habían nacido en Italia donde su padre, el futuro Carlos III de España era rey de Nápoles y Sicilia, pero siendo unos niños se trasladaron a Madrid donde vivirían el resto de su vida. Gabriel pronto dio muestras de su interés por la cultura. Traducía del latín, llegó a componer piezas para órgano y a reunir una importante colección de arte. Su vida se truncó muy pronto, cuando murió de viruela pocos días después que su mujer y su hijo recién nacido. Tal tragedia familiar afectó mucho al rey Carlos III de quien se decía sentía una especial predilección por este hijo. Mientras, su hermano Antonio tuvo una vida larga y polémica. El propio Pérez Galdós confesó haberse equivocado con él. Si en “Los episodios Nacionales” lo califi có “el más benévolo de los hombres” pronto demostró ser un fi rme partidario de su sobrino Fernando VII y del implacable retorno al absolutismo monárquico, llegando a ocupar importantes cargos en la España fernandina

Un complejo sistema de patios.

El interior del parador se articula a través de tres patios interiores en cuatro alturas visibles a través de galerías de arcos de medio punto. Destaca, sobre todo, el de la arqueta. Se trataba de un gran patio de evacuación de aguas sucias situado en mitad del edifi cio, que disponía de bocas de vertido en cada planta separadas por muros de ladrillo solapados y que fi nalizaba en la planta semisótano en un pozo de clarifi cación. Era un sistema modernísimo para la época. 

 

 

El Palacio Real de Olite es uno de los conjuntos histórico-artísticos más importantes de Navarra. Actualmente, está dividido en tres partes: Palacio Viejo (actual Parador), ruinas de la Capilla de San Jorge, y Palacio Nuevo, que es la parte visitable del monumento.

El  edificio que hoy se visita fue construido entre los años 1402 y 1424, y comprende un complejo conjunto de estancias, jardines y fosos rodeados de altas murallas y rematados por numerosas torres que le dan una espectacular silueta. El promotor de esta obra fue Carlos III “el Noble” (Rey de Navarra entre 1387 y 1425).

Como su sobrenombre indica, a este buen rey de dinastía francesa (Evreux) se le conoce más por su amor por la cultura y la lujosa vida de palacio, que por sus campañas militares, y para dar fe de ello nos dejó este impresionante legado en forma de Palacio, que en su día fue uno de los más lujosos de Europa.

La decoración  ya ha desaparecido pero nos quedan las palabras de un viajero alemán que visitó el palacio en el siglo XV: …”seguro estoy que no hay Rey que tenga palacio ni castillo más hermoso, de tantas habitaciones doradas… Vilo yo entonces bien; no se podría decir ni aún se podría siquiera imaginar cuán magnífico y suntuosos es dicho palacio”.

Carlos III “el Noble” se casó con Leonor de Trastámara en 1375, y juntos tuvieron ocho hijos, entre ellos Doña Blanca (Reina de Navarra entre 1425 y 1441), madre del Príncipe de Viana. Esta familia disfrutó de la vida relajada de la corte olitense hasta entrado el s. XVI.

En 1512, con la conquista de Navarra por parte de la Corona de Castilla, comenzó el deterioro de nuestro Palacio, ya que sólo se utilizó como residencia esporádica de virreyes, gobernadores e hidalgos.

En 1813, durante la Guerra de la Independencia, el Palacio fue incendiado por el General Navarro Espoz y Mina para evitar que las tropas francesas se hicieran fuertes en él. Toda la decoración interior y parte de la estructura ardieron, quedando el Palacio semi-derruido y vacío.

En 1923, la Diputación Foral de Navarra convocó un concurso para elaborar un proyecto de restauración. Las obras comenzaron en 1937 y duraron aproximadamente 30 años.

El Palacio está formado por un conjunto de patios, estancias, fosos y jardines, rematados por numerosas y pintorescas torres a las que también se puede acceder.

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